Sociedad

Ana Lucía Pineda revela cómo enfrenta el reto de ser primera dama: su fe, sus hobbies y su familia

Recibió a Jet-set en la sede presidencial de Barranquilla para hablar de las causas que liderará como primera dama de los colombianos.

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7 de noviembre de 2026 a las 12:17 p. m.
Ana Lucía Pineda nació el 8 de octubre de 1987 en Montería, Córdoba.
Ana Lucía Pineda nació el 8 de octubre de 1987 en Montería, Córdoba. Foto: Nicolle Sierra

A las 7:20 de la mañana del 10 de agosto, mientras hacía ejercicio en Barranquilla, Ana Lucía Pineda Aruachán recibió una llamada que lo cambió todo. Era su esposo, el presidente Abelardo de la Espriella, en su primer día laboral al frente del país. La voz al otro lado del teléfono fue urgente: “Te necesito porque todo mi Gobierno, mi gabinete, se va a desplazar a los territorios”, recuerda que le dijo.

Un terremoto de magnitud 7,4 acababa de sacudir a gran parte de Colombia y había comunidades que necesitaban ayuda. Ana Lucía apenas tuvo tiempo de procesar la noticia. “Estoy lista, cuenta conmigo. ¿Para dónde me voy?”, respondió. En cuestión de minutos viajó a Pereira.

Ana Lucía Pineda
Alejandro Eder, alcalde de Cali, habla del trabajo de la primera dama, Ana Lucía Pineda, tras el terremoto en Colombia

En su oficina, en la sede presidencial de Barranquilla, habla de esa experiencia con naturalidad. Es una mujer que procura mantener sus rutinas mientras responde a una responsabilidad pública. Analu, como le dicen sus cercanos, tiene una sonrisa amplia y un trato cálido. Conversa sin formalismos y conserva una espontaneidad que atribuye a sus raíces monterianas. Lleva un collar de oro con la palabra Dios en letra cursiva, al que a veces se suma otro que llama todavía más la atención: una cabeza de tigre con pequeñas chispitas de luz.

Su equipo, en su mayoría, lo integran mujeres jóvenes. La fe orienta su vida y su manera de entender el servicio. “Yo soy una mujer de muchísimas convicciones, tengo un carácter fuerte, muy definido, pero no dejo perder mi esencia”, dijo. Su mamá, Regina Aruachán, le repite: nunca perder la sencillez, la ternura y la naturalidad, sin importar el lugar al que llegue.

Una nueva etapa

La vida cotidiana de Ana Lucía ahora es diferente. Antes de ser la primera dama de Colombia, su tiempo giraba alrededor de la casa, sus hijos y el trabajo con su esposo. Ahora los compromisos y viajes ocupan buena parte de la semana. “Siempre he sido una madre presente. Para mí lo principal es la maternidad”, contó.

Es mamá de cuatro hijos: Lucía, de 15 años; Salvador, de 13; Filipo, de 10, y Francesca, de 4. Su día empieza a las seis: despierta a los niños, está pendiente de sus cosas y, cuando salen al colegio, comienza a ejercitarse. Después desayuna y se prepara para la agenda.

Algunas jornadas pueden extenderse hasta las once de la noche. Cuando logra llegar más temprano, disfruta de las rutinas del hogar. “Me gusta cocinar en mi casa, me gusta limpiar. Yo siento que cuando uno tiene la casa en orden, puede concentrarse en el resto de cosas”, dijo. Los domingos procura compartir con sus padres, suegros y hermanas.

Con el presidente De la Espriella cruza agendas: si tienen compromisos en un mismo territorio, viajan juntos; durante la jornada buscan almorzar o encontrarse para tomar un café. Para Ana Lucía, conservar espacios privados es uno de los retos de esta nueva etapa. Quiere que su vida familiar mantenga momentos propios, lejos de la exposición pública.

Ana Lucía Pineda nació el 8 de octubre de 1987 en Montería, Córdoba.
Ana Lucía Pineda, primera dama de Colombia, lidera la Fundación Colombia Luz y Sonrisas. Foto: Nicolle Sierra

La vocación de ayudar

El terremoto fue una de las primeras pruebas que asumió como primera dama. Al llegar a Pereira, se reunió con autoridades locales y preguntó cómo podía ayudar. Gestionó carrotanques de agua, plantas eléctricas, mercados y kits con carpas y colchonetas para las familias que habían perdido sus viviendas. Buscó apoyo de empresas privadas para transportar donaciones y llevar alimentos a los equipos de rescate. También la sorprendió la solidaridad de quienes entregaban ropa, juguetes y medicamentos.

Entre las imágenes que conserva está la de una familia que salió a hacer una compra y, al regresar, encontró su casa destruida. También recuerda a Ana María Saavedra Caicedo, una joven trilliza que perdió a sus dos hermanas y a sus padres en Cali. Ana Lucía es melliza y esa historia la tocó especialmente. “Ponerme en el lugar de ella, fue difícil, dolorosísimo”, recordó. Para Ana Lucía, la ausencia de los seres queridos deja una herida que acompaña a las familias.

De esa experiencia surgió la atención a la salud emocional. Con profesionales que se ofrecieron a ayudar, impulsó el sitio web Un Corazón Contigo, que ha atendido más de 4.500 citas de acompañamiento psicológico. Con distintas fundaciones participa en la reconstrucción de escuelas y centros hospitalarios en Cali, la entrega de viviendas en Quibdó y la creación de espacios de apoyo para comunidades vulnerables. “Yo quisiera que me recordaran como una primera dama cercana, que estuvo ahí, que dio la mano y que tuvo la oportunidad de transformar vidas”, afirmó.

Le preocupan los adultos mayores, las mujeres cabeza de hogar, la niñez y las personas con discapacidad. Recibe casos a diario y busca gestionar soluciones para que las personas encuentren en ella una mano amiga.

La fe acompaña esa vocación. Analu habla de Dios como una presencia que orienta sus decisiones y entiende esta etapa como una oportunidad para poner al servicio de otros lo que ha construido junto a su esposo. “Yo creo que Dios nos pone en el camino para servir a la gente y desaprovecharlo me parece que es perder el tiempo”, aseguró.

Una melliza, el ejercicio y la moda colombiana

Su hermana melliza, Lilian María, es fundamental en su historia. Son muy cercanas, se parecen y han trabajado juntas. Entre ellas existe una conexión especial: pueden reconocer lo que le pasa a la otra con una mirada. Tener una melliza es, para ella, un privilegio.

El ejercicio también forma parte de su identidad. Entrena a diario para tener fuerza y energía. Cuida su alimentación y su piel, consume frutas y verduras y evita las gaseosas. Ahora trabaja en una aplicación para compartir sus ejercicios y hábitos de alimentación con mujeres de todo el país.

La aplicación ofrecerá rutinas para entrenar en casa y recomendaciones de alimentación saludable. Piensa en las mujeres que trabajan, son madres y tienen poco tiempo para ellas. Quiere que la aplicación sea accesible para todos los estratos. “Reconozco el sacrificio que hacen todas las mujeres colombianas que son madres, que también trabajan, madres a veces solteras, que sostienen su hogar”, explicó. Quiere que puedan empezar el día con energía y una actitud positiva.

“Quiero que me recuerden como una primera dama cercana, que estuvo ahí, que dio la mano y que tuvo la oportunidad de transformar vidas”, Ana Lucía Pineda.
“Quiero que me recuerden como una primera dama cercana, que estuvo ahí, que dio la mano y que tuvo la oportunidad de transformar vidas”, Ana Lucía Pineda. Foto: Nicolle Sierra

Otro de sus intereses es la moda. Escoge personalmente sus atuendos y procura vestir prendas diseñadas y producidas en Colombia. Elige los colores, texturas y piezas que la identifican. En sus apariciones públicas busca dar visibilidad a diseñadoras, emprendedoras y artesanas. En su oficina recibe prendas de mujeres que comienzan sus proyectos y disfruta llevarlas.

“Detrás de cada pieza sé que hay muchas mujeres colombianas que sostienen sus hogares”, afirmó. Por eso le interesa mostrar el trabajo de quienes cosen, fabrican y diseñan. En la reciente Semana de la Moda de París llevó propuestas que conectaban la artesanía colombiana con la moda y mostró parte de la riqueza cultural del país. Quiere seguir dando visibilidad a ese talento colombiano.

Al final de la conversación, cuando se le preguntó cómo se definiría en una o dos palabras, respondió: “Alegría y empatía”. Sabe que estos años traerán responsabilidades y experiencias. También tiene claro qué quiere conservar: su cercanía, espontaneidad, fe y las causas que decidió acompañar.

“En mí van a encontrar la misma Analu, la misma Ana Lucía de siempre”. Una mujer que mantiene los pies en casa, la mirada en las comunidades y la convicción de que servir deja huella.