música

Al ritmo de reggae las comunidades negras en Colombia se empoderan para expresar sus inconformidades y frenar la discriminación

Ayer se celebró el Día Internacional de este género musical que se ha consolidado como un movimiento social, político y artístico en todo el mundo. Algunos de sus exponentes en el Valle del Cauca y Antioquia reflexionan sobre lo que ha significado como medio de resistencia.


El reggae se popularizó en Colombia gracias a San Andrés y Buenaventura, zonas costeras a las que llegaban algunos migrantes con las ideas que sonaban en otras partes del mundo. Este movimiento social, político y artístico, que nació como forma de expresión pacífica ante el descontento que vivían comunidades marginadas en las playas de Centroamérica en la década de los 80, floreció en el territorio nacional a través de agrupaciones y solistas que se apasionaron por el género. Con el tiempo, sus sonidos adquirieron relevancia entre las comunidades negras y hoy es de gran importancia mantener activo el movimiento.

Angélica Penados, bailarina de reggae en Cali, cuenta que este género le ha brindado tranquilidad y le ha permitido mostrar sus desacuerdos con el sistema de forma pacífica. “La situación actual del país demuestra la necesidad de refugiarnos en el arte como medida de resistencia y como medio de comunicación para expresar nuestras inconformidades”.

Para Santiago Cardona, dj y cantante de Unruly Crew, un grupo de danza que realiza propuestas escénicas a través del reggae, el género ha tenido mucha acogida en Colombia porque viene de los barrios jamaiquinos que viven historias muy comunes y cercanas a las que pasan los jóvenes negros en el país. “El reggae viene desde la ideología de que África es la cuna de la humanidad, a partir de ese contexto, estos ritmos generan un empoderamiento para las negritudes, permiten que haya una distinción musical que no sea excluyente, al contrario, brindan una posición importante para esta raza”.

Mauricio Porras, dj y productor de Zalama Crew, una agrupación de reggae del oriente de Cali, se detiene en las mezclas colombianas que le han aportado otros sonidos al género original. “En la capital del Valle convergen ritmos latinos alrededor de la salsa como el guaguancó o el bolero, y son esos sonidos los que enmarcan la explosión del reggae panameño y jamaiquino que entró por Buenaventura y se mezcló con la sabrosura latina de la que dan cuenta las agrupaciones actuales”.

El aspecto musical, que abarca las voces rasgadas, la conexión con otras culturas, el timbre de la voz y la estética de la vestimenta, genera toda una ideología que se convirtió en un medio de expresión para otras comunidades del país, por ejemplo, los pueblos afro de Chigorodó, Antioquia. Camilo Restrepo, cantante y fundador de Providencia, una banda de Medellín, concluye que el reggae es en esencia una música política que ha servido como forma de expresión para los pueblos negros que debían esconder su espiritualidad o temían a las confrontaciones directas, en Colombia y en América Latina. Justamente el 1 de julio se celebró el Día Internacional del Reggae, una fecha para recordar por qué nos inspira y une.

Lea también: Jhonatan y Valeria Rivas, los hermanos vallecaucanos que competirán en los Olímpicos de Tokio

Lea también: Herencia Pacífico, un homenaje a los grandes compositores de la región y al territorio en el que nació Herencia de Timbiquí