Elecciones 2026

Del papel al QR: así se modernizó la vigilancia de los votos para las elecciones de 2026

A diferencia de los jurados, que asumen un rol obligatorio, los testigos electorales son postulados por los diferentes grupos políticos para que vigilen las jornadas y estén atentos al conteo de votos. Su rol evolucionó gracias a una plataforma que dejó en el pasado la postulación y control en papel para darle paso al seguimiento digital.

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27 de febrero de 2026, 12:04 p. m.
En Colombia, cada jornada electoral es una coreografía milimétrica que se despliega en más de 126.000 mesas de votación y más de 3.500 comisiones escrutadoras.
En Colombia, cada jornada electoral es una coreografía milimétrica que se despliega en más de 126.000 mesas de votación y más de 3.500 comisiones escrutadoras. Foto: Semana

En Colombia, cada jornada electoral es una coreografía milimétrica que se despliega en más de 126.000 mesas de votación y más de 3.500 comisiones escrutadoras. Allí confluyen jurados, delegados de la Registraduría, fuerza pública, observadores y, en un papel silencioso pero decisivo, los testigos electorales: los ojos de los partidos en cada mesa y comisión escrutadora, los garantes ciudadanos de que el voto se respete.

Los testigos no se inscriben de manera individual. Son postulados exclusivamente por las agrupaciones políticas que han inscrito candidatos a las elecciones que se surtirán en 2026 —al Congreso, a consultas presidenciales o a la Presidencia— y su acreditación es competencia del Consejo Nacional Electoral. A diferencia de los jurados de votación, cuya designación es aleatoria y un cargo de forzosa aceptación, el testigo es una figura voluntaria, seleccionada y respaldada por su partido o movimiento, con la misión de ejercer vigilancia durante toda la jornada.

Su rol comienza antes de que el primer votante deposite el voto en la urna. Desde la instalación de la mesa, el testigo puede verificar que el material electoral esté completo, que los jurados estén presentes y que el procedimiento se ajuste a la ley. Durante el día observa el desarrollo de la votación y, al cierre, permanece en uno de los momentos más sensibles del proceso: el escrutinio de mesa.

A las 4:00 p.m., cuando se cierran las urnas y los jurados cuentan los votos, el testigo presencia el diligenciamiento del formulario E-14, el documento donde se consignan los resultados de cada mesa. La ley establece que ese formulario debe ser exhibido a los testigos. Su función no es interferir, sino vigilar y, si es necesario, formular reclamaciones dentro de los canales previstos.

Para Diego Alejandro Rubiano, coordinador del Observatorio Político Electoral de la Democracia de la Misión de Observación Electoral (MOE), la diferencia entre un testigo y un observador electoral es clave para entender el alcance de esa función. “Los testigos son delegados de los partidos y tienen la potestad de elevar reclamaciones frente a los resultados; nosotros, como observadores, verificamos la calidad del proceso y el cumplimiento de la norma, pero no estamos allí para cuidar los votos de ninguna organización”, explica. Esa capacidad de presentar reclamaciones ante las comisiones escrutadoras convierte al testigo en un actor determinante, porque si una mesa no cuenta con uno, una irregularidad podría pasar inadvertida en el escrutinio tanto de mesa como de comisión.

“El último es el testigo electoral; son los ojos de las agrupaciones políticas en los puestos de votación”, explica Mauricio Llanos Ayala, gerente de proyecto de la Plataforma Única de Postulación y Acreditación de Actores Electorales y aliado tecnológico de la Unión Temporal Actores Electorales 2026. El cambio más importante de este ciclo electoral, advierte, es precisamente la relevancia que ahora se le reconoce a esa figura.

Hasta hace pocos años, el proceso de acreditación de testigos era delegado a la Registraduría Nacional del Estado Civil. Sin embargo, tras la independencia presupuestal del CNE, la autoridad electoral asumió directamente esa función constitucional. Con ello llegó también una apuesta por la modernización.

Ese cambio no fue menor. Como explica Gabriel Becerra Yáñez, representante y vocero del Pacto Histórico, durante años las organizaciones políticas postulaban directamente ante la Registraduría los listados de testigos de mesa, testigos de comisión escrutadora y auditores de sistemas, siguiendo cronogramas previamente concertados. El cierre de postulaciones solía darse dos días antes del certamen electoral y las credenciales —E15 para testigos de mesa y E16 para escrutinio— eran expedidas bajo ese esquema operativo. “La plataforma sea de la Registraduría o del CNE es una herramienta útil y necesaria”, reconoce.

Control digital mesa por mesa

Hoy, las agrupaciones políticas cuentan con una plataforma que les permite postular y hacer seguimiento detallado a sus testigos. En las elecciones legislativas del 8 de marzo, por ejemplo, se habilitaron 125.259 mesas. Eso significa que un partido con listas al Senado puede postular hasta un testigo por cada mesa instalada en el país. Sin una herramienta tecnológica, controlar ese despliegue sería una tarea casi imposible.

“La plataforma les permite entrar al detalle por departamento, municipio, puesto y mesa”, explica Llanos. “Pueden saber si ya tienen el cubrimiento completo o si aún les falta en alguna zona”. Esos tableros de control no solo ordenan la información, también fortalecen la planeación territorial y la trazabilidad de cada acreditación.

Para Juan David Uribe, secretario general del Movimiento Salvación Nacional, la Plataforma Única representa un salto cualitativo en la gestión de testigos electorales al centralizar en un sistema digital la postulación, validación y acreditación. “Permite estructurar bases de datos unificadas, estandarizar los procesos de inscripción y minimizar errores administrativos y duplicidades”, explica. Desde su colectividad esperan que el proceso sea exitoso y que la acreditación garantice plena validez jurídica y operativa para sus testigos en todo el territorio nacional.

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Carlos Ariel Sánchez, director de la Especialización en Democracia y Régimen Electoral de la Universidad Sergio Arboleda y exregistrador nacional, considera que el cambio es estructural. Durante décadas —afirma— la acreditación digital no contaba con una herramienta robusta, lo que obligaba al CNE a instruir la expedición de escarapelas en papel sin controles suficientes, generando inconformidades y vulnerabilidades operativas.

Para Sánchez, la nueva plataforma no es solo un cambio de formato. Introduce un sistema estructurado de registro, validación, trazabilidad y capacitación en tiempo real. “No es solo una mejora administrativa; modifica la arquitectura de control y vigilancia en la acreditación de los testigos electorales”, sostiene. Centraliza información estratégica, estandariza procedimientos y reduce discrecionalidades locales.

El sistema incorpora validaciones automáticas para garantizar la legalidad de las postulaciones. Cruza datos para verificar que un testigo no esté designado simultáneamente como jurado de votación —cargo de forzosa aceptación— y consulta el Archivo Nacional de Identificación para confirmar que no tenga pérdida de derechos políticos. Solo después de superar esos filtros, el CNE expide un acto administrativo electrónico y genera la credencial digital.

La transformación también se refleja en un elemento aparentemente simple: la credencial. Ahora incorpora un código QR que puede ser escaneado por la fuerza pública al ingreso de los puestos de votación. “Antes esas credenciales se podían modificar fácilmente en una papelería. Hoy, al leer el código, se valida en línea la resolución de acreditación”, explica Llanos. El control deja de ser visual y se convierte en una verificación inmediata, trazable y respaldada por el sistema.

Desde los partidos, el impacto del cambio se siente en la operación diaria. Flor Morales, coordinadora de Testigos Electorales del partido Dignidad y Compromiso, reconoce que la transición implicó ajustes internos. “Como todo lo nuevo, nos cogió fuera de base; nos tocó modificar formatos y adaptarnos a que todos los datos están codificados. Pero es una herramienta maravillosa”, afirma.

La eliminación del papel, sostiene, reduce errores humanos y minimiza el riesgo de que un testigo llegue el día de la elección y encuentre inconsistencias en su nombre o número de cédula. Además, la validación mediante QR agiliza el ingreso y permite reportar incidencias en tiempo real, lo que da a las sedes mayor capacidad de seguimiento. “Eso nos ayuda a actuar con pertinencia y cuidar nuestros votos de comienzo a fin de la jornada”, agrega.

La modernización no termina allí. El día de la elección, el testigo acreditado puede usar una aplicación móvil para reportar novedades en tiempo real a su partido: instalación de la mesa, inicio de la jornada, incidencias. Y, al finalizar el escrutinio, puede capturar la imagen del E-14 y enviarla de forma inmediata a su agrupación política. Ese flujo digital no reemplaza el voto físico —que en Colombia sigue siendo en papel—, pero sí fortalece la custodia y el seguimiento de los resultados.

De acuerdo con cifras de la Unión Temporal Actores Electorales 2026, ya se han postulado más de 95.000 testigos electorales, además de 6.487 auditores de sistemas y 7.268 observadores nacionales e internacionales.

Para soportar ese volumen de actores y registros, la nueva plataforma fue sometida a pruebas de carga con más de seis millones de datos y opera con monitoreo permanente 24/7 a través de un Centro de Operaciones de Seguridad (SOC). El CNE, además, habilitó 32 puntos de atención en capitales departamentales y ocho municipios adicionales, junto con una mesa de ayuda activa que acompaña directamente a las agrupaciones políticas durante el proceso de acreditación.

Participar y vigilar

Más allá de la arquitectura tecnológica, el rostro humano de los testigos revela la dimensión ciudadana del proceso. Felipe Botero, director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes, advierte que las elecciones no solo se definen en las grandes ciudades. “En municipios pequeños, donde los márgenes son estrechos y el peso relativo de cada voto es mayor, una irregularidad puede definir una curul”, explica. En zonas rurales con desigualdad institucional, conflicto armado o economías ilegales, la presencia organizada de testigos introduce un costo político y reputacional a la manipulación.

En Cogua, Cundinamarca, Karol Juliana Rojas, de 22 años, decidió postularse como testigo del partido Alianza Verde tras su experiencia en los consejos de juventud. “No sabía que existía ese rol dentro de la jornada electoral”, confiesa. Después de las capacitaciones, su percepción cambió. “Siento que fue súper enriquecedor y que esto sí me hace creer más en que los procesos democráticos en el país son buenos, que podemos participar y vigilar”.

Botero coincide en que la presencia de líderes comunitarios tiene un impacto simbólico además de técnico. Cuando la comunidad reconoce al testigo —el vecino, el profesor, el funcionario del hospital— se fortalece la percepción de legitimidad democrática.

De acuerdo con cifras de la Unión Temporal Actores Electorales 2026, ya se han postulado más de 95.000 testigos electorales,
De acuerdo con cifras de la Unión Temporal Actores Electorales 2026, ya se han postulado más de 95.000 testigos electorales. Foto: Semana

Por ejemplo, en Samacá, Boyacá, Catalina Castiblanco, de 24 años, y testigo electoral, destaca que la nueva plataforma “quita un poco la centralización” y facilita el acceso a los territorios. En elecciones anteriores, explica, los oficios y acreditaciones se tramitaban de forma más manual. Hoy, el proceso digital permite mayor orden y conexión entre el nivel nacional y los municipios.

Desde el nivel central, Esteban Márquez, asesor electoral de la Alianza Verde, señala que su partido ya ha avanzado significativamente en la carga de testigos en la plataforma. La herramienta, asegura, ha permitido organizar de manera más estructurada el despliegue territorial.

La apuesta del CNE no es solo tecnológica. Incluye una plataforma de capacitación para actores electorales, una mesa de ayuda multicanal y un sistema integral de seguridad informática que protege la confidencialidad y la integridad de los datos. Cada agrupación política sólo puede visualizar la información de sus propios actores, y el sistema conserva registros de auditoría (logs) que garantizan la trazabilidad de cada acción.

“El Sistema Electoral Colombiano es uno de los más eficaces del mundo y un ejemplo en materia de digitalización y transmisión de datos”, sostiene el Consejo Nacional Electoral. Aunque el voto sigue siendo físico, la digitalización de documentos y formularios aporta celeridad y seguridad.

Si la plataforma cumple las expectativas en 2026, su legado podría ir más allá de una sola elección. Para Llanos, el principal cambio ya está en marcha: “Se le está dando toda la relevancia al testigo. Ya no es una persona a la que dejan en un ladito; ahora tiene herramientas estructuradas para hacer su tarea”.

En un país donde cada voto cuenta y cada mesa es un universo propio, los testigos electorales continúan siendo garantes silenciosos. Con nuevas herramientas digitales, su labor adquiere mayor visibilidad, trazabilidad y capacidad de respuesta. Entre avances tecnológicos, tensiones institucionales y desafíos territoriales, la discusión ya no es sólo cómo se acreditan, sino qué tipo de democracia se construye cuando la vigilancia ciudadana se organiza, se profesionaliza y se conecta en tiempo real.