Cultura ciudadana

Educar es la vía: la estrategia en las principales ciudades de Colombia para reducir la siniestralidad

Con 8.697 muertes en 2025 y un sistema en el que solo tres de cada diez comparendos se hacen efectivos, las ciudades están apostando por la educación vial para cambiar los comportamientos en la ciudadanía.

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14 de abril de 2026 a las 11:59 a. m.
Desde las ciudades se avanza en estrategias de concientización y pedagogía.
Desde las ciudades se avanza en estrategias de concientización y pedagogía. Foto: Secretaría de Movilidad de Bogotá - API

En Colombia las multas siguen siendo una herramienta clave para sancionar y disuadir infracciones. Aun así, no han sido suficientes para reducir por sí solas la siniestralidad vial. Por eso mientras el país se mantiene en niveles críticos, en las principales ciudades comienza a tomar fuerza un nuevo enfoque: educar para prevenir. Hoy, en calles y avenidas son cada vez más visibles los mensajes en tiempo real, las intervenciones urbanas y las campañas que apelan a la conciencia del conductor.

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Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, en 2025 se registraron de manera preliminar 8.697 fallecidos por siniestros viales, un aumento del 5,2 por ciento frente al año anterior. Aunque el aumento de accidentes fatales en las vías se ha desacelerado luego de la pospandemia, el país continúa en niveles críticos. La mayoría de las víctimas son motociclistas, que corresponden al 75 por ciento de los siniestros fatales, en un entorno en el que el exceso de velocidad, el consumo de alcohol y las imprudencias al volante siguen siendo determinantes.

Las cifras, además, son preocupantes: solo entre dos y tres de cada diez comparendos terminan en sanciones efectivas. Un escenario que, en la práctica, evidencia que el cambio de comportamiento no puede depender únicamente de la multa. Bogotá es uno de los ejemplos más claros de este giro. Desde la Secretaría Distrital de Movilidad han fortalecido las estrategias de cultura ciudadana con intervenciones en vía, campañas masivas y herramientas tecnológicas. Solo en 2025 se realizaron 2.441 acciones pedagógicas que impactaron a más de 190.000 personas.

Uno de los casos más visibles está en los corredores donde se instalaron paneles que muestran en tiempo real la velocidad de los conductores. Más que sancionar, buscan generar autorregulación. En algunos tramos, la velocidad promedio pasó de 63,9 kilómetros por hora a cerca de 34 kilómetros por hora, una reducción cercana al 45 por ciento que incide directamente en la disminución del riesgo.

La medida del pico y placa busca descongestionar la movilidad de la ciudad.
olo entre dos y tres de cada diez comparendos terminan en sanciones efectivas. (Imagen de referencia). Foto: Twitter: @SectorMovilidad

¿Qué pasa en las regiones?

En ciudades intermedias como Bucaramanga, el desafío reúne crecimiento vehicular y comportamiento ciudadano. La Dirección de Tránsito de Bucaramanga enfrenta un alto nivel de motorización y un flujo constante de vehículos del Área Metropolitana. Su estrategia articula tecnología y pedagogía, con programas que llevan mensajes a las calles, colegios y empresas.

Los avances ya son medibles. En 2025 la ciudad redujo en 7 por ciento las muertes por siniestros viales –al menos seis vidas salvadas–, mientras medidas como la restricción nocturna de motocicletas han permitido intervenir los horarios de mayor riesgo.

Cali, por su parte, apuesta por un enfoque cultural. Desde la Secretaría de Movilidad, la campaña ‘Pensala Ve’ combina arte, intervenciones urbanas y estrategias digitales para generar conexión emocional con los ciudadanos. El objetivo es transformar hábitos para proteger la vida.

A la fecha, la ciudad ha logrado una reducción cercana al 15 por ciento en los siniestros fatales, con mejoras en el respeto por las normas y el uso de elementos de protección. Sin embargo, cerca del 60 por ciento de los siniestros graves sigue asociado al exceso de velocidad.

Finalmente, la seguridad vial no depende solo de controles y sanciones, sino de las decisiones diarias. Y mientras las multas corrigen conductas de forma inmediata, la pedagogía transforma la cultura ciudadana a largo plazo. Una apuesta que puede marcar la diferencia entre seguir contando víctimas o empezar a evitarlas.