Cultura

El caballo de paso fino colombiano, la gran pasión de Yeison Jiménez

Lejos de los escenarios cultivó un amor profundo por estos animales que contribuyó a fortalecer la identidad colombiana alrededor de los caballos. “Yeison no solo cantaba lo que vivía; también vivía lo que amaba”.

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15 de enero de 2026, 11:35 p. m.
El interés de Yeison por los caballos hablaba de un hombre que entendía el valor simbólico del animal y lo asumía desde el respeto, el amor y la admiración por lo que representa un ejemplar de clase.
El interés de Yeison por los caballos hablaba de un hombre que entendía el valor simbólico del animal y lo asumía desde el respeto, el amor y la admiración por lo que representa un ejemplar de clase. Foto: Colprensa

Quienes compartieron con Yeison Jiménez lejos de los escenarios coinciden en que su amor por los caballos nació mucho antes de la fama. Diego Vélez, del criadero Gorras y amigo cercano del artista, señala que esa conexión no fue una afición tardía ni un gesto asociado al éxito, sino una pasión que Yeison fue construyendo con el tiempo, profundamente ligada al campo, a la memoria rural y a una manera muy personal de entender el triunfo sin desprenderse de sus raíces.Esa sensibilidad, en el mundo equino, no pasa desapercibida. Para Pedro Bustos, del Criadero San Pietro, Yeison tenía algo que no se aprende con dinero ni reconocimiento. “Él no buscaba tener por tener; conectaba con lo auténtico”, explica. En su experiencia, el interés de Yeison por los caballos hablaba de un hombre que entendía el valor simbólico del animal y lo asumía desde el respeto, el amor y la admiración por lo que representa un ejemplar de clase.Con el paso del tiempo, esa afinidad se convirtió en compromiso. Yeison decidió involucrarse de lleno en el universo del caballo de paso fino colombiano, no como espectador ocasional, sino como parte activa del gremio. Ingresó con seriedad, apostó por buena genética y se interesó por los procesos largos de crianza, entendiendo que el verdadero valor del paso fino no está en la inmediatez, sino en la tradición, la paciencia y el conocimiento transmitido de generación en generación.

Desde ASDEPASO, la Asociación Nacional de Criadores de Caballos de Paso Colombiano, esa actitud fue evidente. Camilo Millán, vicepresidente de la entidad, explica que el caballo de paso colombiano es “mucho más que un ejemplar equino; es un símbolo vivo de la historia, la tradición y la identidad cultural del país”. En ese contexto, la cercanía de Yeison con el gremio no fue casual. “Él transmitía orgullo por lo colombiano y por tener un caballo autóctono, sin perder su esencia tradicional”, señala Millán, destacando que su figura ayudó a tender puentes entre el mundo equino y públicos que antes no se acercaban a esta tradición.Para Yeison, el caballo representaba raíz. En la música popular —un género que narra historias de origen, esfuerzo y memoria campesina— el caballo es identidad, disciplina y familia. “No es solo lujo, es mensaje”, resume Bustos. Tener caballos de paso fino era, para Yeison, una forma de decir que el éxito no lo había desconectado de lo que fue ni de lo que seguía considerando propio.Esa coherencia se reflejó también en decisiones que tomó en vida y que hoy hablan con claridad de su vínculo con los animales. Uno de los casos más recordados es el de Seductor de Milagros, uno de los caballos de paso fino más valiosos del país. Yeison contó públicamente que recibió ofertas de cifras millonarias por este ejemplar, pero decidió no venderlo. Más allá del valor económico, ese caballo representaba años de trabajo, aprendizaje y una conexión emocional que, para él, no tenía precio.

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El refugio de Yeison

Desde la mirada gremial, situaciones como esta tienen un impacto profundo. Para ASDEPASO, que un artista de la talla de Yeison Jiménez se comprometiera de esa manera con el caballo de paso colombiano ayudó a visibilizar un trabajo que durante décadas fue silencioso. “Cuando el interés mediático se da desde el respeto y el conocimiento, el público empieza a entender la importancia de la selección genética responsable, el bienestar animal y la preservación de linajes históricos”, explica Millán.

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La verdadera pasión de Yeison Jiménez siempre fue el caballo criollo colombiano, el caballo de paso. Foto: Asdesilla, Hiban

Diego Vélez coincide en que esa pasión no era impostada. Quienes lo vieron en espacios alejados de las tarimas recuerdan a un Yeison tranquilo, concentrado, atento a los detalles, que encontraba en los caballos un refugio y una forma de conexión con su origen. En ese entorno, dicen quienes lo conocieron, no había personaje: solo un hombre que disfrutaba del silencio del campo y del vínculo con los animales.

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“Hay personas que compran caballos para la foto, pero Yeison lo vivía de verdad”, concluye Pedro Bustos. En esa relación aparecían valores que también atravesaban su música: libertad, identidad, orgullo por el origen y una conexión honesta con la tierra.Hoy, al recordar su historia lejos de los escenarios, el caballo de paso fino colombiano aparece como una de las pasiones más sinceras de Yeison Jiménez. No fue un adorno de fama ni un símbolo vacío, sino una extensión de su manera de entender la vida. Como lo resume Bustos en una frase que condensa ese legado: “Yeison no solo cantaba lo que vivía; también vivía lo que amaba”.


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