opinión

Más que cucarachas

Por: Juan David Palacio Cardona

Subestimamos otras especies y las invisibilizamos, pero si razonáramos como corresponde, entenderíamos que cada especie -por pequeña que parezca-, cumple una función importante en el equilibrio ambiental.


Solo leer su nombre puede generar malestar. Algunos las ven e inmediatamente recuerdan el sonido crujiente que emiten cuando son pisadas para matarlas. Las más conocidas, las que habitan en las ciudades, son pequeñas y de un color café brillante. Generalmente, se encuentran en espacios oscuros y donde hay alimento. Las cucarachas llevan en la tierra cerca de 300 millones años y –aunque no son inmunes- sí son más resistentes que un ser humano a la radiación.

En el mundo hay casi cinco mil especies y en los espacios conurbados solo habita el 1 por ciento. Es común escuchar que se debe evitar el contacto directo con ellas, pues pueden causar infecciones y enfermedades, como el asma o alergias. Sin embargo, es necesario darnos la oportunidad para aprender y tener consciencia ambiental pues, si bien estamos acostumbrados a juzgar a priori, la naturaleza es perfecta.

Estas cumplen un rol muy importante en el equilibrio de los ecosistemas: son carroñeras (es decir, que comen cadáveres de otros animales, sin haber participado en su caza) y ayudan a la eliminación de restos orgánicos en descomposición –como los que generamos las personas-, logrando que otros organismos aprovechen los nutrientes disponibles. También se alimentan de chinches y huevos de plagas que pueden ocasionar dificultades en los cultivos.

Se reproducen fácilmente, pero no debemos exterminarlas, sino controlarlas, porque, además, sirven de fuente alimentaria para otros animales –como artrópodos, carnívoros, aves y ratas, entre otros-, que cumplen un papel fundamental en el medioambiente.

Incluso, investigaciones han señalado que hay especies nativas silvestres, entre las que encontramos polinizadoras y dispersoras de semillas. Adicionalmente, contribuyen a la incorporación de nitrógeno al suelo, favoreciendo la nutrición de la vegetación asociada, lo cual es fundamental para el crecimiento del follaje.

Es habitual escuchar a la gente refiriéndose a otras personas, de manera despectiva, como “rata”, “culebra” o “cucaracha”. No obstante, hoy saldré en defensa de estos seres sintientes sin voz porque –a pesar de que pueden ser desagradables para algunos o que hayan sido satanizadas por creencias religiosas o culturales– cumplen funciones biológicas generosas para la supervivencia de la humanidad

Soberbiamente subestimamos otras especies y las invisibilizamos. Si lográramos hacer realidad el deseo de exterminarlas, solo nos daríamos cuenta de la gravedad del asunto hasta empezar a sentir las consecuencias. Pero, si razonáramos como corresponde, entenderíamos que sus nombres o apariencia no deben utilizarse para descalificar o pisarlas y que, en cambio, su existencia es vital para el equilibrio ambiental.

¡Es hora de reflexionar!

*Director del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

Twitter: @JDPalacioC

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