Especial México

¿Por qué a los colombianos nos gusta tanto lo mexicano? Así llegaron al país las tortillas, rancheras y las expresiones más populares de México

México habita en Colombia no solo desde ahora con el boom de la gastronomía y del entretenimiento, sino desde antes, con los clásicos del cine de oro y las baladas con las que muchos colombianos crecieron. La historia de México en Colombia se gestó hace ya casi un siglo.

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25 de septiembre de 2026 a las 5:00 p. m.
La historia de México en Colombia se gestó hace ya casi un siglo.
La historia de México en Colombia se gestó hace ya casi un siglo. Foto: Who is Santi - stock.adobe.com

La estrecha relación entre Colombia y México no es de ahora. Desde tradiciones religiosas y una pasión por distintos géneros musicales hasta la gastronomía. México ha sido durante buena parte del último siglo uno de los grandes centros culturales de América Latina. Por tamaño, población y por la fuerza de industrias como el cine, la música y la televisión, su cultura tuvo una capacidad de circulación regional que pocos países del continente pudieron igualar.

Colombia fue uno de los lugares en los que esa presencia encontró terreno fértil: antes de que los tacos se multiplicaran por Bogotá o el Día de Muertos empezara a aparecer en celebraciones locales, varias generaciones de colombianos ya habían crecido viendo producciones mexicanas y escuchando rancheras y baladas.

Para hacernos una idea, en la época dorada del cine mexicano, el país produjo, entre 1936 y 1956, cerca de 1.500 películas. Si sumamos a este número considerable la importancia de figuras como Pedro Infante, María Félix o Agustín Lara, no estamos hablando únicamente de proliferación, sino de impacto cultural. En una era en la que el cine se cantaba, México prestó una partitura sentimental a la memoria afectiva del continente. Y Colombia escuchó.

De igual manera, figuras como Pedro Armendáriz, Arturo de Córdova, Jorge Negrete o el propio Infante definieron en pantalla una especie ideal del macho latinoamericano, hombres valerosos, pero vulnerables, que defendían a sangre y fuego a la mujer amada, pero también caían de rodillas por ella y sus desaires. A 90 años del lanzamiento de Allá en el rancho grande, probablemente la primera gran película de la edad de oro, estos imaginarios siguen siendo reconocibles en la cultura popular latinoamericana.

Paulatinamente, el mariachi se incorporó a las serenatas y celebraciones colombianas, las telenovelas mexicanas ocuparon durante décadas las tardes de la televisión nacional y personajes como los de El Chavo del 8 terminaron formando parte de una memoria popular compartida. William Tappan, músico colombo-mexicano, recordó que en Colombia “siempre ha habido muchos mariachis” y que durante los años setenta y ochenta México exportaba música de manera constante hacia el resto de América Latina.

El músico, que participó en la producción Mujeres a la plancha, es consciente del efecto que tienen Yuri o Daniela Romo en el público colombiano. Para él, buena parte de esa presencia resulta tan conocida que incluso cuesta verla hoy como algo excepcional.

La relación musical

La música permite seguir esa línea hasta el presente. Rancheras, boleros, baladas y música norteña encontraron públicos amplios en Colombia mucho antes del auge reciente de los corridos; mientras el rock en castellano tiene una genealogía significativa en lo que respecta al país azteca mucho antes de la llegada de MTV Latinoamérica.

Sin embargo, si bien es cierto que desde que hay discos se ha escuchado en Colombia música mexicana, también es cierto que su influencia ha tenido una proliferación masiva en lo que va de esta década: según cifras de Spotify, entre 2020 y 2023 la música mexicana, principalmente la regional, experimentó un crecimiento del 195 por ciento en todo el continente, según reportó Forbes en octubre de 2025. En Colombia ese crecimiento fue del 445 por ciento.

Entre 1936 y 1956, México produjo más de 1.500 películas, en una época dorada que irrumpió con fuerza en América Latina.
Entre 1936 y 1956, México produjo más de 1.500 películas, en una época dorada que irrumpió con fuerza en América Latina. Foto: Getty Imagens

La relación musical, además, ha tenido viaje de regreso. La cumbia colombiana encontró en México uno de sus territorios más fértiles hasta desarrollar allí escenas y variantes propias. Esta música, que salió de Colombia, se arraigó en México y terminó formando parte de su propia tradición popular, construyó mecas en centros urbanos como Ciudad de México y Monterrey.

Esa afinidad también aparece en la manera de concebir el espectáculo. En el caso de Esteman, radicado en México desde hace casi una década, la decisión de desarrollar su carrera en este país no estuvo determinada únicamente por los acuerdos con su disquera. Su propuesta encontró afinidad con una tradición mexicana del entretenimiento en la que la puesta en escena, el dramatismo y la construcción de personajes tienen un peso particular. Nicolás Mateus, su mánager, lo resume desde la experiencia del proyecto: “Realmente sentimos que en México había una conexión con el proyecto muy genuina, muy natural”.

Mucho más que picante

Si la música y la televisión llevan décadas haciendo familiar México para los colombianos, la gastronomía permite observar una transformación mucho más reciente. Tappan, familiarmente relacionado con la cultura restaurantera, recuerda que durante los años ochenta y noventa conseguir tortillas en Bogotá implicaba ir a restaurantes específicos y la oferta mexicana se reducía a unos cuantos establecimientos como La Chingada o Enchiladas y algo. Hoy, los restaurantes son prácticamente incontables y abarcan desde cocina tradicional hasta propuestas gourmet y de fusión. Sin embargo, es la popularidad de la comida callejera la que ha convertido a las taquerías en una suerte de lugar gastronómico seguro para el colombiano.

Mario Gómez, fundador de Mercado México, uno de los restaurantes claves de la gastronomía popular mexicana en Bogotá, señaló que la familiaridad y confianza que hermana a ambos países es lo que ha permitido que, de un tiempo para acá, los tacos se hayan convertido en una de las opciones centrales del consumidor en nuestro país.

Para Gómez, quien fundó inicialmente Mercado México para sentirse más cerca de casa, es una cuestión de afecto. Según explicó, todo mexicano tiene un taco favorito y este corresponde a una cartografía afectiva: “Nos gustan los tacos que desde niños nos daban. Los que están cerca de nuestra casa, los que están cerca de donde compartimos con nuestros amigos”. Por ello, su restaurante buscaba “crear un lugar en el que las personas disfrutarán de una comida nada presuntuosa o extraordinaria, sino un sabor muy mexicano porque cocinamos para que te guste”.

Sin embargo, esa familiaridad no implica que la cocina mexicana se haya entendido del todo. Gómez advirtió que todavía persiste entre algunos colombianos la idea de que la comida mexicana equivale, ante todo, al picante, cuando para él su cocina depende más bien de la convivencia entre distintos sabores en un mismo plato: “Como nuestra cultura, la comida es una mezcla de muchas cosas”. Aun así, cree que existe una sensibilidad compartida alrededor de la comida que facilita ese encuentro.

“Así como ustedes tienen la arepa, nosotros la tortilla. Arepa con todo, tortilla con todo”, señaló. Esa relación afectiva con lo que se come abre también otra zona de encuentro entre ambos países: la importancia de la familia, las celebraciones y ciertas formas de religiosidad que siguen organizando buena parte de la vida cotidiana.

Rituales y devociones

La cercanía entre Colombia y México también pasa por una sensibilidad religiosa compartida que antecede incluso su existencia como repúblicas. El culto mariano fue uno de los grandes lenguajes espirituales de la América colonial y la devoción a la Virgen de Guadalupe mexicana comenzó a circular por la Nueva Granada, al menos de manera documentada, desde mediados del siglo xviii. Por ello, el Museo de Arte Colonial recoge pinturas de esta imagen devocional producidas en lo que luego configuraría las fronteras de nuestro territorio.

Tres siglos después, el vínculo sigue siendo reconocible, pues cada 12 de diciembre comunidades católicas colombianas celebran a Nuestra Señora de Guadalupe, una advocación nacida en el Tepeyac que terminó extendiéndose por todo el continente.

Cada 12 de diciembre, comunidades católicas colombianas celebran a Nuestra Señora de Guadalupe.
Cada 12 de diciembre, comunidades católicas colombianas celebran a Nuestra Señora de Guadalupe. Foto: Raul - stock.adobe.com

Más reciente es la familiaridad con el Día de Muertos, aunque algunas de las prácticas que lo hacen comprensible para un colombiano tienen aquí sus propios antecedentes. En el Cementerio Central de Bogotá o en el Cementerio San Javier de Medellín, por ejemplo, el Día de las Ánimas cada 2 de noviembre ha estado acompañado por flores, velas, limpieza y decoración de tumbas, ofrendas y hasta serenatas dedicadas a quienes murieron.

El paralelo con México resulta visible porque allí también la memoria se construye haciendo presente al muerto mediante objetos, alimentos, flores y espacios preparados para recibirlo. No se trata de una tradición importada de un país al otro, sino de dos maneras latinoamericanas de mantener una relación cotidiana y afectiva con quienes ya no están.

Tal vez por eso la cercanía entre ambos países resulta difícil de reducir a un intercambio reciente. Mucho antes de las industrias culturales, las plataformas o los restaurantes, ya existían afectos, símbolos religiosos y formas familiares de relacionarse con la comida, la celebración y la muerte que encontraban ecos a ambos lados. Como lo resumió la embajadora de México en Colombia, Martha Patricia Ruiz Anchondo: “Lo que hermana en realidad son los pueblos. Los pueblos son los que nos acercan como naciones”.