En los años sesenta, el anime llegó a México y comenzó a echar raíces en la imaginación latinoamericana con la primera emisión en 1964 del ya clásico Astro Boy. Décadas después, una floreciente industria del doblaje le dio algunas de sus voces más memorables: Mario Castañeda insufló vida a Goku en Dragon Ball Z; Isabel Martiñón, a Naruto, y Gabriel Ramos acompañó, como Ash Ketchum, las primeras 12 temporadas de Pokémon. Así, aquellas fantasías japonesas aprendieron a hablarnos en nuestro idioma, en un castellano con acento mexicano. Su importancia no es menor, pues cada uno de estos actores de doblaje es una estrella de la televisión, aunque de la mayoría desconocemos su rostro.
A pesar de que el anime llegó a Occidente poco antes del Verano del amor, su popularidad creció en las décadas de 1980 y 1990 gracias a series como Robotech, Sailor Moon y, principalmente, Dragon Ball Z. En América Latina, la escasa producción local y el bajo costo de los derechos japoneses favorecieron la incorporación del anime a la programación televisiva.
La emisión cotidiana de títulos nipones consolidó una audiencia regional y un éxito superior al alcanzado en Estados Unidos y otros mercados no japoneses. No sería hasta la llegada de Toonami en 1997 que el anime se popularizaría en Estados Unidos, pero para ese entonces América Latina gozaba desde hacía décadas de los doblajes mexicanos no solo en el anime, sino también en series y películas de Estados Unidos.
Por cercanía geográfica con ese país y su robusta infraestructura industrial, México se convirtió en la principal industria de doblaje de América Latina. Ya en 1944 la MGM había enviado representantes para reclutar actores de doblaje mexicanos. Y todo Hollywood aprendió a hacerlo. Cuando llegamos a los ochenta y noventa, México ya tenía una capacidad instalada mucho mayor. Por eso empresas como Producciones Salgado, Sonomex o Intertrack pudieron doblar simultáneamente cine, televisión, caricaturas estadounidenses y anime. Estas fueron las voces de la infancia colombiana. La de Goku y Vegeta, y la de los tiernos personajes de Cuentos de los hermanos Grimm.
Con la popularidad creciente del anime en América Latina, México se fue configurando como el principal centro latinoamericano de doblaje audiovisual. Si en los sesenta y setenta el doblaje de las caricaturas japonesas se dividía heterogéneamente entre México, Argentina y Estados Unidos, para comienzos del siglo XXI el coro animado tenía denominación de origen en el país azteca.
El anime hace parte intrínseca del consumo de ocio y espectáculo en Colombia. Por eso tiene participación importante en espacios como el SOFA, la Comic Con o la FILBO. Parte del encanto es la cercanía lingüística de sus doblajes, pues se extienden referencias compartidas entre Colombia y México. Algo similar ocurre en los demás países del continente. Quizás, a fuerza de crecer con él, hoy los colombianos hablamos también con algo de acento mexicano.
