Especial México

¿Sabía que un colombiano peleó por la independencia de México? Esta es la historia del General Melo

José María Melo no solo fue el primer presidente indígena de Colombia. También se convirtió en el primer extranjero en ostentar el rango de general durante la revolución mexicana de mediados de 1800. Hoy su historia vive en Chiapas, donde es recordado como un héroe.

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25 de septiembre de 2026 a las 5:00 p. m.
De José María Melo, Benito Juárez valoró que era experimentado en la ofensiva, táctico en la retirada y con mucho que demostrar en suelo extranjero.
De José María Melo, Benito Juárez valoró que era experimentado en la ofensiva, táctico en la retirada y con mucho que demostrar en suelo extranjero. Foto: Semana

Existe una figura que enlaza a Simón Bolívar con Benito Juárez: José María Melo, el único presidente indígena que ha tenido Colombia, considerado por algunos como un dictador y por otros como un símbolo del internacionalismo liberal latinoamericano. Y aunque ha pasado de agache en la historia nacional, en un lugar lejos de aquí, el estado mexicano de Chiapas, es recordado como todo un héroe.

Allá terminó sus días, fusilado, el hombre nacido el 9 de octubre de 1800 en lo que ahora se conoce como Chaparral, Tolima, pero que por ese entonces era territorio de la Provincia de Mariquita del Virreinato de Nueva Granada. Luchó juntó a Simón Bolívar en las batallas de independencia a lo largo de Sudamérica a inicios del siglo XIX, y protagonizó en 1854 un episodio sin precedentes en la vida republicana del país: siendo general del Ejército, tomó el poder por la fuerza y gobernó durante ocho meses, con respaldo de sectores populares de Bogotá, defendiendo ideas como la educación pública y los derechos de los artesanos. Hasta que lo tumbaron.

Melo sí tiene quien le escriba

“Después de su derrota y destierro, José María Melo fue borrado de la historia de Colombia”, advirtió Óscar Barrera Aguilera, doctor en historia del Colegio de México y profesor e investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en Ciudad de México. Barrera Aguilera ha estudiado la figura de Melo y escribió un ensayo que hace un barrido sobre las contradicciones en el relato de su vida. Porque lejos de acabar al ser exiliado, la historia del general de origen pijao tiende a ramificarse y desgajarse en múltiples versiones, dependiendo de a quién se le pregunte.

“Melo fue el único presidente de origen indígena que ha tenido Colombia y el último oficial sobreviviente del Ejército lLbertador de Simón Bolívar en asumir la Presidencia. Su gobierno terminó en el derrocamiento, juicio y destierro. Sin embargo, hoy se le recuerda como un símbolo temprano de las luchas populares de los movimientos sociales del pensamiento social en América Latina, cuya vida terminó trágicamente en México, luchando y muriendo por la causa liberal de Benito Juárez”, explicó Fernanda Espinosa Moreno, doctora en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, historiadora y magíster de la Universidad Nacional.

En el laberinto de Melo aparece que deambuló por varios países de las Antillas y Centroamérica, despojado de su título de general. En su ensayo, Barrera Aguilera precisa que “se embarcó en Santa Marta en el vapor Clyde –al parecer primero con dirección a Jamaica–. Posteriormente arribó a Costa Rica, y de allí siguió hacia El Salvador, donde en 1859 el presidente Gerardo Barrios lo nombró inspector del Ejército”.

Habría conformado uno de los mejores ejércitos en Centroamérica para luchar contra el filibustero estadounidense William Walker, según el libro General José María Melo, el Rayo de América, del novelista e investigador Heladio Moreno Moreno, miembro de la Academia de Historia de Boyacá. En sus páginas, lo describe como un “héroe de las jornadas del Perú y Ecuador, que no descansó para combatir a Páez en Venezuela”, cuya fama y animadversión crecía por “haber participado en todas las conspiraciones para derrotar a los conservadores.

El puente con Juárez

Un hecho indiscutido es que su camino lo llevó al sur de México en 1859, a la frontera con Guatemala, donde fue recibido en Chiapas por el gobierno liberal de Ángel Albino Corzo. Melo venía huyendo del dictador guatemalteco Rafael Carrera, pero la nueva tierra que lo acogió también se encontraba por entonces librando sus propias batallas.

Se produce entonces la conexión con otra figura de trascendencia histórica. “El gobernador Corzo le pide a Benito Juárez que incorpore a Melo al ejército fronterizo, y en marzo de 1860 Juárez responde con una carta que lo acepta, incluso con el rango de general. Ese fue un gesto excepcional, pues no era común que Juárez aceptara tropas o mandos extranjeros durante la guerra civil de la Reforma. Es posible que Melo haya sido el único extranjero que participó con rango de general en la revolución liberal, encabezada por Juárez”, precisó la historiadora Espinosa Moreno.

Melo organiza un destacamento de caballería con 100 jinetes y se dedica a proteger la frontera con Guatemala, zona de incursiones del general conservador Juan Ortega. Melo cargaba el signo de la guerra a donde fuera. Por ello desempeñó un papel fundamental para la nación por la que luchó en sus últimos días. Así lo expuso Óscar Balmen, periodista mexicano con más de 15 años de experiencia estudiando y buscándole explicaciones a la violencia de su país: “El expresidente Benito Juárez se formó en la Guerra de Reforma en el bando liberal y su influencia ha permanecido a lo largo de la historia. Creció gracias a que, sin tener grado castrense, libró la Guerra de Reforma y frustró la Segunda Invasión Francesa. Eso no lo hubiera podido hacer solo, por eso necesitaba de militares experimentados que, además, tuvieran intacto el espíritu de combate. José María Melo fue extraordinario para la causa: experimentado en la ofensiva, táctico en la retirada y alguien que había sido derrocado y expulsado de su país con mucho que demostrar en suelo extranjero”.

Balmen planteó que, sin la asesoría de Melo, “el hermano de armas de Simón Bolívar”, y otros, “es probable que la defensa de las fronteras mexicanas no hubiera sido exitosa”. Y resaltó que llegó a México “a apoyar las causas liberales para consolidar a un país recién independizado de España” y respaldar la gesta de un líder similar a él.

En esa valoración coincidió Espinosa: “Ambos tenían un origen popular humilde, indígena. Juárez fue zapoteco nacido en Oaxaca, de origen indígena. Melo nació en el seno de una familia de origen indígena, de pijaos. Ambos fueron figuras centrales del liberalismo decimonónico en América Latina, enfrentados a las oligarquías tradicionales de sus países. Y ambos vivieron procesos de exilio”.

La última derrota

Sobre la muerte de Melo circularon distintas versiones. Incluso una visión poética de José María Vargas Vila, según la cual murió sobre un tambor, “como los valientes”. En realidad, cayó patrullando la frontera, emboscado junto a su tropa, a manos de las gavillas comandadas por Ortega. Tras varios cañonazos, lo capturaron y lo fusilaron. El paradero exacto de su tumba y su cadáver sigue siendo un enigma.

Lo que no deja ninguna duda es el fervor y cariño que mantienen y profesan por la figura del general los habitantes del lugar donde murió, campesinos del ejido, descendientes de los indígenas mayas tojolabales del actual municipio de La Trinitaria. “Al reconocerse su prolífico prontuario militar en Suramérica, y haber encontrado la muerte defendiendo la causa liberal y la frontera en Chiapas, se ha convertido en héroe para algunos y orgullo identitario para otros”, puntualizó el historiador Barrera Aguilera.

Frente a una pequeña capilla de la antigua hacienda de Juncaná, en Chiapas, una cruz de madera castigada por el tiempo señala el lugar donde alguna vez fueron enterrados los restos de un general colombiano. Cerca hay un busto y, en el salón múltiple de la comunidad, un mural recuerda su rostro. Flores silvestres completan una escena de extraña solemnidad y soledad, porque allí, en un rincón de México casi en la frontera con Guatemala, la memoria de José María Melo sobrevive a todas sus muertes.