Elecciones2026

Un Congreso que no cambia: la paridad de género aún está lejos en la política colombiana

El nuevo mapa de la Cámara de Representantes para 2026–2030 deja un dato tan contundente como incómodo: solo dos mujeres más frente al periodo anterior. Aunque hay leves avances en algunas colectividades, el sistema político en su conjunto sigue prácticamente congelado en materia de equidad de género.

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10 de abril de 2026 a las 5:57 p. m.
La Cámara de Representantes pasará de tener 52 mujeres en el periodo 2022–2026 a 54 en el ciclo que comienza en 2026.
La Cámara de Representantes pasará de tener 52 mujeres en el periodo 2022–2026 a 54 en el ciclo que comienza en 2026. Foto: GUILLERMO TORRES REINA-SEMANA

A primera vista podría hablarse de avance. La Cámara de Representantes pasará de tener 52 mujeres en el periodo 2022–2026 a 54 en el ciclo que comienza en 2026. Sin embargo, al mirar con lupa, la cifra revela una realidad menos alentadora, porque el incremento es de apenas dos curules en cuatro años, lo que equivale a un crecimiento marginal de un punto porcentual en la participación femenina, que pasa del 27,7 al 28,7 %.

En otras palabras, el cambio existe, pero es mínimo. La nueva Cámara seguirá siendo abrumadoramente masculina, con 134 hombres y 54 mujeres. Y aunque Colombia ha avanzado en comparación a décadas pasadas, la distancia frente a la paridad (entendida como una representación cercana al 50 %) sigue siendo considerable.

El detalle por partidos confirma que no se trata de una transformación estructural, sino de ajustes puntuales. El Pacto Histórico se mantiene como la fuerza política con mayor número de mujeres en la Cámara, pasando de 16 a 17 representantes. Le sigue el Partido Liberal, que también muestra un leve crecimiento, de 10 a 11. Pero más allá de estas dos colectividades, el resto del sistema político no se mueve.

El Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Conservador, la Alianza Verde y el Partido de La U mantienen exactamente el mismo número de mujeres que en el periodo anterior. El mensaje es que la inclusión femenina no está siendo impulsada de manera generalizada, sino que depende de decisiones aisladas dentro de algunos partidos.

Ese estancamiento es, quizás, el dato más revelador de todo, porque no solo se trata de cuántas mujeres llegan, sino de cómo se distribuyen. Y lo que muestran las cifras es que la representación femenina sigue concentrada en pocas fuerzas políticas, y en otras sigue siendo marginal o incluso inexistente.

En ese contexto, la tabla que acompaña este análisis no solo resume números, sino que expone la tendencia de que el sistema político colombiano avanza, pero lo hace sin convicción y a un ritmo que difícilmente permitirá cerrar la brecha de género en el corto plazo.

El contraste es inevitable. Mientras en el discurso público la equidad de género ocupa un lugar central, en la práctica electoral los resultados siguen siendo modestos. Las listas paritarias, las cuotas y los llamados a la inclusión no han logrado traducirse en un cambio significativo en la composición real del poder legislativo.

La pregunta, entonces, vuelve a instalarse con fuerza: ¿qué está fallando? ¿Son insuficientes las reglas actuales o el problema es más profundo y tiene que ver con las dinámicas internas de los partidos, la financiación de campañas o las barreras culturales que aún enfrentan las mujeres en la política?

Por ahora, las cifras muestran que Colombia no está retrocediendo, pero tampoco avanza al ritmo que exige el debate contemporáneo sobre igualdad. La Cámara que viene es, en esencia, un reflejo de esa tensión: pequeños avances que no alcanzan a romper una inercia histórica.

Y es justamente ahí donde está el verdadero dato político. No en las dos curules que se suman, sino en todo lo que, una vez más, no cambió.