Transformación social

El Club Mariposas de Amor busca aliados para seguir transformando vidas en Buenaventura

Liderada por la lideresa María Isabel Hurtado, esta corporación ha acompañado con cultura, cuidado y paz a más de 350 niños, niñas y jóvenes en uno de los territorios más desafiantes del país. Ahora enfrenta una crisis financiera que amenaza su continuidad.

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Yenny Rodríguez Barajas
5 de marzo de 2026 a las 6:45 p. m.
Entre estantes coloridos, tambores que evocan la memoria afroancestral de su territorio y cuadernos llenos de sueños, los niños, niñas y jóvenes descubren en la Corporación Club de Lectura Mariposas de Amor que su historia puede escribirse con otras palabras: sin miedo, con identidad y con propósito.
Entre estantes coloridos, tambores que evocan la memoria afroancestral de su territorio y cuadernos llenos de sueños, los niños, niñas y jóvenes descubren en la Corporación Club de Lectura Mariposas de Amor que su historia puede escribirse con otras palabras: sin miedo, con identidad y con propósito. Foto: A.P.I.

Cada tarde, cuando el sol empieza a caer sobre Buenaventura y el eco de la violencia aún pesa en muchos barrios, un grupo de niños, niñas y jóvenes camina hacia un lugar que desafía esa realidad. Llegan al espacio de la Corporación Club de Lectura Mariposas de Amor no solo para leer, sino para respirar con tranquilidad y atreverse a imaginar un futuro con más oportunidades.

Allí, entre estantes coloridos, tambores que evocan la memoria afroancestral de su territorio y cuadernos llenos de sueños, descubren que su historia puede escribirse con otras palabras: sin miedo, con identidad y con propósito.

En una ciudad donde miles de menores crecen en medio de carencias educativas y profundas brechas sociales, ese trayecto cotidiano no es rutina; es resistencia. Cruzar esa puerta significa entrar a un territorio seguro, un refugio construido desde la convicción de que la cultura, la lectura y el cuidado colectivo pueden cambiar destinos.

Ese espacio nació hace cerca de ocho años en la sala de la casa de María Isabel Hurtado, en el barrio Juan XXIII, uno de los más afectados por la violencia en Buenaventura. Comenzó con dos estantes, diez libros donados y una decisión firme: no permanecer indiferente ante una realidad adversa.

“Me dolía ver a tantos niños sin opciones, expuestos a la violencia y sin acompañamiento. Entendí que no podía esperar a que alguien más actuara. Abrí las puertas de mi casa para ofrecer un entorno protector. Empezamos con pocos, pero el sueño creció”, recuerda Hurtado, fundadora y directora de la Corporación.

Hoy, más de 350 niños y niñas han pasado por un proceso comunitario en el que no solo se fortalecen la lectura y la escritura, sino también la danza, el arte, la memoria ancestral y la equidad de género. “Aquí encuentran un lugar seguro, un espacio donde pueden ser escuchados, desarrollar habilidades para la vida y creer en su propio talento”, afirma la directora, quien en 2024 fue seleccionada como uno de los 100 Nuevos Líderes de Colombia, por Caracol Radio y El País América.

El contexto explica la urgencia de este trabajo. El Pacífico colombiano, una región de inmensa riqueza cultural, ambiental y ancestral, ha registrado durante años una de las tasas más altas de analfabetismo del país. En Buenaventura, principal puerto marítimo de Colombia, cerca del 30 por ciento de niños y jóvenes no asiste a la escuela. A ello se suman dinámicas históricas de violencia, pobreza y exclusión que impactan de manera directa a la niñez. En ese escenario, leer se convierte en un acto de resistencia y permanecer en el sistema educativo, en una forma concreta de protección y esperanza.

Con el tiempo, el club dejó de ser solo un espacio de lectura. Se consolidó como un entorno protector liderado por mujeres afrocolombianas que integra talleres artísticos, acompañamiento psicosocial, escuelas para madres y padres, y formación en emprendimiento femenino.
Lo que comenzó hace ocho años con dos estantes y diez libros en la sala de la casa de María Isabel Hurtado, fundadora y directora de la Corporación, hoy se ha convertido en un espacio de protección y aprendizaje para cientos de niños y niñas. Foto: A.P.I.

Un entorno protector

Con el tiempo, el club dejó de ser solo un espacio de lectura. Se consolidó como un entorno protector liderado por mujeres afrocolombianas que integra talleres artísticos, acompañamiento psicosocial, escuelas para madres y padres, y formación en emprendimiento femenino. La apuesta es integral: cultura, identidad y cuidado colectivo como herramientas reales de transformación social.

Uno de sus procesos más emblemáticos es Bogando, cultura que protege la vida, iniciativa avalada por CoCrea que fortalece la identidad cultural, la convivencia y el sentido de pertenencia al territorio. A través de la lectura, la danza y el diálogo intergeneracional, niños, adolescentes y madres construyen alternativas distintas a las que históricamente han marcado la ciudad.

Asimismo, desarrollaron la cartilla pedagógica Entrá que yo te leo, diseñada desde el territorio para fortalecer la lectoescritura y el hábito lector. “Este proyecto también es el resultado del compromiso de madres y padres que creen en la educación de sus hijos. Contamos con escuelas de padres y procesos que desarrollan habilidades para la vida”, explica Hurtado.

Para cientos de niños, niñas y mujeres, este lugar representa una oportunidad para aprender, sanar y construir un proyecto de vida distinto. Hoy, sostenerlo depende del apoyo de nuevos aliados.
El espacio comunitario de Mariposas de Amor brinda acompañamiento educativo, artístico y psicosocial a niños, niñas y familias. La reducción de recursos amenaza la continuidad de este proyecto en Buenaventura. Foto: A.P.I.

Sin embargo, sostener la esperanza implica asumir costos concretos. La crisis de la cooperación internacional y la situación humanitaria que atraviesa la ciudad han afectado la estabilidad financiera de la organización y ponen en riesgo su continuidad.

“No hemos podido abrir nuestras puertas como quisiéramos. Muchos niños no han podido inscribirse en las actividades porque no contamos con recursos para el arriendo, los servicios públicos ni el pago del equipo de apoyo. Por eso abrimos una Vaki que nos permita continuar”, cuenta la directora.

Los recursos recaudados permitirán mantener la conectividad comunitaria, garantizar el trabajo de profesionales educativos, artísticos y psicosociales y sostener el espacio físico. Además, financiarán 150 becas en arte, danza, lectura, escritura, teatro y habilidades Steam; 30 cupos de atención psicosocial familiar; 40 becas para mujeres en escuelas de padres y 10 en procesos de emprendimiento.

Para muchas familias, este es el único espacio de escucha, aprendizaje y protección. Cerrarlo significaría dejar sin acompañamiento a niños, niñas y mujeres que hoy encuentran allí una oportunidad real para sanar y construir un proyecto de vida distinto.

“A través de la Vaki podremos sostener un proyecto que cree en las palabras como herramienta de transformación, en la cultura como camino de paz y en el cuidado como un acto profundamente amoroso. No pedimos lástima, sino corresponsabilidad. Pedimos que quienes creen en la educación y en la vida nos ayuden a sostener este sueño colectivo”, insiste Hurtado, resaltando que las personas y empresas interesadas en vincularse pueden realizar donaciones directas –que incluyen certificado y reconocimiento institucional– o apoyar sus programas y la adquisición solidaria de cartillas pedagógicas.

Sostener un club de lectura en Buenaventura no es solo financiar libros. Es invertir en futuro, identidad y paz territorial. Y hoy, más que nunca, esa puerta necesita permanecer abierta.

https://mariposasdeamor.org/