En Colombia, las mujeres han sabido ganarse un lugar importante en el campo de la salud y el bienestar. La formación profesional, la disciplina, el rigor, la creatividad y la sensibilidad han sido sus pilares, en un país en el que el 80 por ciento del talento humano en dicha área está conformado por mujeres, según el Ministerio de Salud.
Y coinciden en una promesa, una prioridad y una misión: la dignidad del ser humano. En consecuencia, buscan ofrecer un manejo integral a los pacientes. Su capacidad para generar vínculos empáticos les ha permitido entender que las enfermedades –sobre todo las crónicas y terminales– requieren de soluciones que no se limitan a fórmulas médicas y procedimientos quirúrgicos. Por eso, se enfocan en la atención psicológica y el acompañamiento emocional dirigido a los pacientes y a sus familias; velan por el cumplimiento de sus derechos en medio de un sistema de salud de difícil acceso en cuanto servicios de calidad y oportunidad, y les hacen un estricto seguimiento hasta su recuperación.
Las mujeres de este grupo han llevado soluciones a sus territorios a través de clínicas, IPS y centros especializados en salud mental, dolor crónico y enfermedades graves —incluyen en muchos casos medicinas alternativas avaladas por la ciencia médica—, fertilidad y hábitos de vida saludables, servicios que en otras épocas solo se ofrecían en las grandes ciudades. Y muchas de ellas han logrado romper techos de cristal y brechas salariales en áreas administrativas y gerenciales, dominadas históricamente por los hombres.
En el área del bienestar también cumplen un papel protagónico. Han forjado instituciones que impulsan el talento humano y la inteligencia emocional dentro de las organizaciones, mediante estrategias que generan fuertes vínculos entre el empleador y los trabajadores.
En un mundo que aún mide el éxito a partir de la eficiencia y los números, las mujeres recuerdan que la salud y el bienestar son, ante todo, un acto de humanidad.










