El caos que está viviendo Francia y que ha contagiado en algún grado a Bélgica, parece ser que está conduciendo al país hacia un corredor sin salida y ha puesto en alerta a otros países europeos.

Hay muchas razones y se han hecho diversos diagnósticos, sin embargo, es evidente que el marco general es que el gobierno se quedó sin plata y está endeudado hasta un extremo increíble.

Algo parecido sucede en otros países europeos. Están dedicados a pagar los intereses de una deuda asfixiante con una sociedad que se acostumbró a recibir todo del Estado generando una cultura de derecho adquirido. Así parece estar sucediendo con la educación, la salud, la vivienda. En fin, con todo. La estrategia que se siguió fue la de conceder privilegios para evitar bloqueos y protestas.
Además, aunque todo comenzó con la acción de unos grupos vandálicos protestando por el estado de los establecimientos educativos, ni Macron, ni el primer ministro, ni el ministro de educación apreciaron la magnitud del problema y no actuaron rápidamente.

Al mismo tiempo, el problema de la migración, especialmente de origen islámico, ha complicado seriamente la situación. No solo es en Francia, sino que se ha extendido por otros países europeos. La reciente crisis en Ceuta, que tiene al Gobierno español tambaleando, es solo la punta del iceberg.
Entre tanto, paralelamente el Estado fue creciendo en proporciones desaforadas. El problema es que la crisis no se puede solucionar con dinero, porque no lo hay.

Es un espeluznante ejemplo para nosotros, ya que todo indica que la administración Petro dejó al país en una condición económica dramática, que a pesar de haber sido denunciada por la nueva administración todavía no ha sido asimilada claramente por toda la opinión pública. Parecería que el gobierno anterior le soltó por debajo de la puerta a la actual administración una granada de mano sin seguro.
Como si fuera poco, con una corrupción galopante que, aunque venía de tiempo atrás, llegó en los últimos cuatro años a unos niveles increíbles. El Estado se constituyó en una especie de ‘gallina de los huevos de oro’, de la que muchos podían beneficiarse
A eso nos acostumbramos, mientras que el país ha estado en una burbuja de falsa prosperidad, generada por el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando. Habría que preguntarse cuál sería la situación si por arte de magia, de un momento para otro, se acabara todo ello de un tajo.
El futuro de Francia es incierto. De todas maneras, aunque las elecciones están todavía muy distantes, hasta ahora todo parece indicar que la derechista Le Pen, pasará a la segunda vuelta.
*Julio Londoño es excanciller, exembajador en Cuba, Venezuela, ante la OEA y las Naciones Unidas.
