Las violentas protestas que sacudieron Francia han generado reacciones en el mundo entero. En América Latina, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, aseguró:
“He oído decir que Francia está acabada, que es demasiado tarde para salvarla. Pero Francia sigue siendo igual de hermosa, incluso envidiable. Su grandeza no ha desaparecido; solo aguarda un renacimiento”.
J’ai entendu dire que la France était finie, qu’il était trop tard pour la sauver.
— Nayib Bukele (@nayibbukele) October 18, 2026
Mais la France est toujours aussi belle, enviable même. Sa grandeur n’a pas disparu, elle ne demande qu’à renaître.
Nous avons surmonté en un an un problème cent fois plus grave, sans avoir les…
El presidente Bukele, conocido por haber limpiado a su país del hampa, escribió: “Nosotros superamos, en un solo año, un problema cien veces más grave, sin contar con los recursos que Francia tiene a su disposición. Francia podría lograrlo en una semana”.

Donald Trump también reaccionó a las protestas. “¡Francia se está quemando! La inmigración de personas procedentes de un mundo completamente diferente, personas con odio en el corazón, ha destrozado ese país que alguna vez fue grande. ¡Cierren sus fronteras y tomen el control, antes de que sea demasiado tarde!“, escribió en su red social Truth.
“Como una guerra”
La agencia francesa de prensa recorrió este domingo París y mostró los estragos de la violenta jornada. Una parisina se queda de piedra frente al amasijo de bicicletas calcinadas que se amontonan este domingo en pleno centro de la capital, que ofrece un panorama desolador tras los violentos disturbios ocurridos la víspera al margen de las manifestaciones. “Es lamentable, aterrador, manadas de jóvenes vinieron aquí ayer, saqueando, rompiendo todo, con total impunidad”, lamenta Cécile Rogue, de 57 años. Son las 08H00 de la mañana y el aire aún huele a quemado.

Al otro lado del bulevar, un grupo de hombres levanta un enorme cristal roto. “Era la vitrina de Roche Bobois”, una tienda de muebles, dice uno de ellos. Más allá, se adivina un sillón verde que asoma por un boquete abierto en otro escaparate. Delante, una marquesina de autobús también está completamente destrozada.

Vestida con pantalón corto, camiseta naranja y el pelo atado en una coleta, Anita Gras decidió salir a correr a primera hora de la mañana, aunque para ello tuviera que ir esquivando la basura y los escombros. No puede evitar soltar algún improperio al referirse a los vándalos.
“Nunca habíamos visto una violencia así”, señala, afirmando que algunos estudiantes de secundaria participaron en los disturbios y en los saqueos. En París, como en varias ciudades de Francia, la violencia y los saqueos eclipsaron la movilización del sábado contra “la carestía de la vida”, pese a que en algunos barrios la manifestación se desarrollara sin incidentes.

“Entraron en la tienda Asics, un par de zapatillas cuesta 200 euros (...) Se quedaron en el barrio hasta la 01H00 de la mañana. Tuvimos miedo a que nos lanzaran algo”, cuenta Anita Gras.
El sábado, en medio del caos, tuvo que ir a buscar a su hijo, que trabaja en una tienda del barrio que resultó gravemente vandalizada. “Es como si hubiéramos tenido una guerra”, apunta entristecido Mehmet Ozden, un costurero jubilado de 78 años, de origen turco, que vive en el centro de la capital desde que llegó a Francia en los años 1970, “cuando [Charles] de Gaulle estaba todavía vivo”.
El hombre ha sacado a pasear al perro, que, según dice, “tuvo mucho miedo” el sábado por la noche. “Nos tuvimos que volver a casa”.

“Seremos nosotros quienes pagaremos todo esto. Es inaceptable. Francia ya no es lo que era”, dice, entre suspiros.
Temor por el turismo
Ante tales escenas de caos, Cécile Rogue, que se presenta como una “organizadora de viajes”, anticipa consecuencias negativas para su actividad. “No es una superimagen para el turismo. El papa estaba aquí hace quince días y el ambiente era muy distinto”, considera.
Otra mujer, muy maquillada y con abrigo rojo, se mete rápidamente en una boca de metro. “Fue horrible, estaba tan asustada”, dice la turista, en inglés, prefiriendo no decir su nombre. En la estación de metro de la plaza de République, una de las más concurridas de la ciudad, aún huele a gases lacrimógenos.

En las calles aledañas a esa plaza, donde también se registraron incidentes violentos, las labores de limpieza avanzan a buen ritmo. Dos agentes de seguridad y un perro están apostados delante del escaparate destrozado de una tienda de electrodomésticos.

Aquí y allá hay desechos y casquillos de los gases lacrimógenos, esparcidos por las aceras. Se han amontonado las bicicletas calcinadas, para no entorpecer la circulación. En una tienda de cosméticos de una avenida cercana se aprecian los restos del saqueo de la víspera: un escaparate quebrado y envases rotos tirados por el suelo, junto con bolsas y varios adornos.
La alarma sigue sonando, pero nadie ha venido. Cerca de la plaza de République, de los proyectiles lanzados por los policías para dispersar a la multitud no queda ni rastro, pero aún hay montones de basura. Y coches calcinados, testigos de los disturbios del sábado.
*Con información de AFP
