Desde que comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero, el estrecho de Ormuz no ha estado completamente cerrado para todos los buques.
Aunque el tráfico se redujo drásticamente y el precio del petróleo superó los 126 dólares por barril en su pico más alto, algunos barcos han seguido cruzando.
La razón es que en realidad existen dos sistemas de restricción simultáneos y superpuestos, uno iraní y uno estadounidense, cada uno con su propia lógica y sus propias excepciones.
Desde el inicio del conflicto, Irán estableció de facto un sistema de paso selectivo, según el cual solo permiten cruzar el estrecho a buques de países que no participen ni respalden la agresión contra la República Islámica.
A mediados de marzo, Teherán formalizó esa política en una nota diplomática enviada al Consejo de Seguridad de la ONU y distribuida a los 176 estados miembros de la Organización Marítima Internacional.

El texto establece que los buques que no tengan vínculos con Estados Unidos, Israel o lo que Irán denomina “otros participantes en la agresión” podrán circular previa coordinación con las autoridades iraníes.
En la práctica, eso significó que desde mediados de marzo India, Pakistán, Turquía y Tailandia lograron paso autorizado tras coordinación bilateral. El canciller iraní Abbas Araghchi indicó además que países como Japón, que depende del Golfo Pérsico para el 90 % de sus importaciones de crudo, podían obtener garantías de tránsito mediante negociación directa.

A principios de abril, 21 buques cruzaron el estrecho en un solo fin de semana: barcos asociados a Irak, India, China, Japón, Francia, Pakistán, Turquía, Grecia y Tailandia.
Irak obtuvo una exención especial y un petrolero con crudo iraquí atravesó el estrecho. India logró que ocho de sus buques de gas licuado de petróleo realizaran el cruce.
Sin embargo, el sistema es más complicado, ya que las tarifas, las exenciones y las rutas dependen de evaluaciones políticas iraníes cambiantes, e Irán avanza en la aprobación de una ley para regular oficialmente el cobro de peajes, exigiendo que los ingresos cubran sus daños de guerra antes de abrir más el paso.

Por otro lado, el 12 de abril, tras el fracaso de las negociaciones de paz en Islamabad, Trump anunció en Truth Social que la Armada estadounidense bloquearía “cualquier y todo barco que intente entrar o salir del estrecho de Ormuz”.
Sin embargo, el Comando Central de Estados Unidos matizó de inmediato el alcance real de la medida. “Las fuerzas del Centcom no obstaculizarán la libertad de navegación de los buques que transiten por el estrecho de Ormuz hacia y desde puertos no iraníes.”
En otras palabras, el bloqueo estadounidense no aplica al estrecho en su totalidad, sino específicamente a los buques con origen o destino en puertos iraníes.
Eso significa que un barco que cruce Ormuz hacia Catar, los Emiratos, Kuwait u Omán puede hacerlo sin ser detenido por la Marina estadounidense.
Lo que Trump ordenó es el bloqueo de la economía marítima de Irán, no el cierre total de la vía. Trump añadió además que había ordenado a su Armada buscar e interceptar en aguas internacionales a todo buque que haya pagado un peaje a Irán.

