La historia de dos jóvenes que a mediados de agosto viajaron a Puerto Carreño, Vichada, a tomar unas clases de aviación y desaparecieron, lejos de ser un hecho fortuito o una tragedia familiar, resultó ser un fenómeno fatalmente rutinario en las zonas de frontera. Los pilotos, que hoy son decenas, estarían terminando reclutados y asesinados.

SEMANA habló con autoridades, investigadores y familias que llevan buscando a sus hijos desaparecidos hace meses, incluso años, y revelaron un dato estremecedor: todos tienen un punto en común, fueron reclutados por una red de trata de pilotos.
La historia es así. En distintas ciudades de Colombia hay escuelas de aviación y los estudiantes que están en los últimos niveles o en vísperas de la graduación, son contactados por ‘reclutadores’, delincuentes que se ubican cerca de las academias para captar a las futuras víctimas, previa información entregada por infiltrados en esos institutos.
Con la promesa de millonarias remuneraciones a cambio de viajes cortos entre Colombia y Venezuela, principalmente, la red de trata de pilotos logra convencer a las víctimas de ganarse en un par de semanas lo que podrían recibir en un año de trabajo: el cheque en blanco para reponer lo invertido en años de estudio y horas de vuelo en prácticas.

En la supuesta nómina de estas organizaciones criminales, los pilotos son invitados a distintos puntos en zonas de la frontera entre Colombia, Venezuela, Panamá, Perú y Brasil, donde reciben una serie de indicaciones, el motivo real de hacer los vuelos y los montos que podrían percibir: entre 30 y 50 millones de pesos.
Los viajes se cumplen y, cuando llega el momento del pago, los pilotos desaparecen. Allí arranca la tragedia para las familias que, en algunos casos, fueron informadas por los mismos pilotos sobre algunos recorridos y la actividad a la que fueron invitados, obviamente ocultando detalles.

Óscar Mauricio Carvajal apenas estaba tomando las clases de aviación y terminó en esta red de delincuentes que, de acuerdo con informes de la Fiscalía y denuncias de otros familiares, tendría más de 40 pilotos desaparecidos, sin contar los que han encontrado muertos y envueltos en vinipel.
“No es extraño en esta zona del país, es más común de lo que se puede imaginar. Hace algunos meses, un piloto fue encontrado muerto y su cuerpo envuelto en vinipel. Luego llamaron a la familia para darle la ubicación”, aseguraron fuentes consultadas por SEMANA en el departamento del Vichada.
El caso del piloto asesinado y envuelto en vinipel, irónicamente, se convierte en un aliciente para las familias que llevan años sin saber qué pasó con sus seres queridos. En muy pocas ocasiones la red de trata de pilotos revela detalles de lo que pasó con los aviadores reclutados.

“Las familias apenas reciben algunas llamadas, incluso extorsiones, advirtiendo que tienen a sus hijos secuestrados y que los podrían liberar a cambio de pagos hasta de 15 millones de pesos. Todo resulta ser una farsa que incluye hasta fotomontajes”, revelaron investigadores de la Fiscalía.
La situación que advierten las autoridades la vivió la familia de Óscar Mauricio, sin siquiera haber cumplido un mes de desaparecido. Empezaron las llamadas asegurando que sabían dónde se encontraba el joven y cómo podrían recuperarlo a cambio de un millonario pago; incluso compartían fotos de cuerpos descompuestos a la orilla de un río.

La familia de Óscar Mauricio, que no ha tenido respuesta de la Fiscalía, la Cancillería ni de las autoridades del Vichada, recibió llamadas desde Venezuela, en las que advierten la aparición de los cuerpos e incluso les compartieron las imágenes para explicar la delicada situación que se vive en la zona de frontera, prácticamente un catálogo de cadáveres donde las víctimas tienen que elegir a su familiar desaparecido.
Los familiares de las víctimas de esta red de trata de pilotos terminaron en una especie de comunión; se convirtieron en un grupo con distintas tragedias, pero con aterradores hechos comunes en sus casos; por ejemplo, identificar que la persona encargada de reclutar a sus hijos resultó ser la misma con la que sus familiares posaban en diferentes espacios geográficos, como si se tratara de un amigo, pero que en realidad era el gancho que los llevaba a la tragedia.

“Llamé a la familia y me contaron de una persona que supuestamente era amigo de él, pero resultó ser el mismo delincuente que contactó a mi hijo y le hizo la invitación para trabajar en una supuesta empresa privada, que resultó ser la organización criminal que lo mantiene desaparecido”, dijo el padre de uno de los pilotos que está en esta situación hace dos años.
La trágica coincidencia entre las dos familias que buscaban a sus hijos desaparecidos está en ese reclutador que, en 2022, estaba en Santa Marta y, en 2026, en Bogotá, con el único objetivo de convencer a jóvenes pilotos de ponerse al servicio de organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico. Sin embargo, en el caso de Óscar Mauricio, algunos hechos no cuadran.
El joven estudiante de la Universidad de La Salle no era piloto, como las dos docenas de desaparecidos. Apenas estaba en clases de aviación, pero terminó víctima de esta red criminal. ¿Por qué?, se preguntan las familias de los otros pilotos que, sin saberlo, fueron testigos de cómo el reclutador prácticamente se metió en sus casas con la fachada de compañero de estudio.
La otra escena fuera del guion en el caso de Óscar Mauricio es que la víctima siempre tuvo comunicación con la familia. Incluso cuando completó algunos desplazamientos entre Colombia y Venezuela con la carga que, según las versiones preliminares, incluía coltán y cocaína.
La víctima logró dejar un registro gráfico de su recorrido, una crónica de su experiencia en la avioneta y los puntos que se marcaban en el GPS de la aeronave. Sin saberlo, estaba dejando las pistas para que su familia sumara elementos de prueba a la denuncia radicada en la Fiscalía a través de una plataforma virtual, pues en las sedes del ente acusador los rechazaron.

“Parezco niño estrenando juguete… como para ponerlo en la historia… sabes que estuve pensando, si así de delicioso se siente estar en un Cessna 310, qué tal será un G4 o un G550”, dicen los mensajes que compartía Óscar Mauricio con su familia, apenas unas horas antes de su desaparición.
Las familias advirtieron que la Fiscalía agrupó una serie de denuncias por la desaparición de pilotos en distintos puntos de la frontera y con circunstancias parecidas: un reclutador, un jugoso ofrecimiento de dinero y la desaparición de las víctimas. Un fiscal de la Dirección de Derechos Humanos está a cargo del proceso y aquí las familias advierten otra tragedia.
“Nos ha tocado radicar tutelas para que la Fiscalía responda qué ha pasado con las investigaciones y ahora nos encontramos con que cambian a los fiscales, que tenemos que esperar hasta que lean el expediente antes de tomar alguna decisión. Son años sin resultados”, advierten las víctimas.
Mientras la investigación salta de mano en mano en despachos de fiscales y las familias pasan años sin respuesta, más víctimas se siguen sumando al listado de pilotos reclutados y desaparecidos por esta red criminal que las familias lograron identificar, pero que la Fiscalía no ha podido desarticular.
