Home

Nación

Artículo

Historia: Samuel, un pequeño con cáncer, pudo hacer real su sueño de volar en un helicóptero del Ejército.
Historia: Samuel, un pequeño con cáncer, pudo hacer real su sueño de volar en un helicóptero del Ejército. - Foto: Ejército

nación

Esta es la historia de Samuel, un pequeño con cáncer que pudo hacer real su sueño de volar en un helicóptero del Ejército

El pequeño de nueve años de edad padece cáncer infantil y se encuentra en tratamiento médico para superarlo.

Con tan solo nueve años de edad, Samuel David González, tiene claro que su futuro será el Ejército y, por ello, hizo un video que llegó a los altos mandos en donde les decía que quería ser soldado y viajar en helicóptero.

Y es que su condición de salud no fue impedimento para que Samuel desistiera de su sueño. El pequeño fue diagnosticado con un cáncer infantil llamado linfoma de Hodkin, que ha obligado a ser sometido a extensos tratamientos médicos.

La situación para Samuel y su familia no ha sido fácil. Desde hace un año, cuando fue diagnosticado, su vida dio un giro de 180 grados. A él, su mamá y su hermana les tocó trasladarse a Bogotá y dejar parte de sus vidas en La Guajira.

“A través de la Fundación Huellitas en el Alma y un video, Samuel pudo hacerle saber al comandante del Ejército Nacional su deseo de conocer a los soldados de Colombia, y, en especial, poder conocer un helicóptero y volar en él, pues él mismo dice que cuando sea grande quiere ser soldado”, señaló el Ejército.

Samuel conoció por primera vez un helicóptero del Ejército.
Samuel conoció por primera vez un helicóptero del Ejército. - Foto: Ejército

Al conocer la situación de Samuel y saber de su deseo, el pasado sábado 3 de diciembre Samuel llegó acompañado de su mamá y su hermana mayor a las instalaciones del Batallón de Aviación N.° 1 Aviones para abordar un avión rumbo al campo aéreo de Tolemaida.

Todo se imaginó Samuel, menos que ese gran sueño lo iba a conquistar precisamente el día de su cumpleaños. Antes de embarcar, Samuel quiso tener su uniforme propio, por lo que su mamá le ayudó a ponerse esas prendas únicas que distinguen a los militares colombianos.

“Al aterrizar en Tolemaida, una actividad de recreación lo recibió haciéndole amena la llegada, show de magia y caninos le dibujaron una sonrisa en la cara, sonrisa que lo acompañó durante las exposiciones que le hicieron para que conociera el mundo de la aviación y los helicópteros en los hangares de la Brigada de Aviación N.° 32″, señaló el Ejército.

Esta historia de militares ejerciendo una labor social se suma a la de las cabo Rocío y Andrea, quienes enseñan español a soldados wayú. Más de 20 soldados voluntarios han recibido las clases de las uniformadas en el Putumayo.

Entraron al Ejército sin saber leer ni escribir, pero su único sueño era formar parte de la institución. Así comienza la historia de más de 20 soldados voluntarios que se presentaron para prestar el servicio militar en la Brigada de Selva n.° 27 con sede en Putumayo.

Los nuevos uniformados, que son parte de la comunidad wayú de Riohacha, en La Guajira, tenían problemas para comunicarse con sus compañeros; al ver las dificultades, las cabo Rocío Reyes y Andrea Quesada se pusieron la 10, como se dice popularmente, y se dieron a la tarea de enseñarles a sus compañeros a leer y escribir en español.

“Estos soldados no sabían hablar ni escribir en español, las clases con mi curos (Andrea Reyes) las dictábamos tres días a la semana, lunes, miércoles y viernes, después de que terminábamos todas nuestras actividades, instalábamos un tablero y con la cartilla Nacho les enseñábamos las vocales”, dijo la cabo Reyes, quien sin pensarlo se convirtió en la profesa de los militares.

Agregó que “lo primero que les enseñamos fueron sus nombres, de esta manera les enseñamos a leer y escribir a cerca de 22 soldados que están prestando el servicio militar; esta experiencia es muy satisfactoria a nivel personal y personal porque les aportamos a estos soldados”, agregó la uniformada.

“El proyecto, que tuvo una duración de tres meses, inició con clases que se dictaban después de la jornada laboral, los días lunes, miércoles y viernes, mediante la tradicional cartilla Nacho y un tablero instalado en el comedor de los soldados”, dijo por su parte el Ejército.