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| 6/30/2020 10:09:00 AM

El fatal destino de las mujeres encerradas con sus agresores

Más de cien feminicidios se han cometido durante la cuarentena en Colombia. La institucionalidad , llamada a fortalecer sus canales de atención para proteger a las mujeres.

Feminicidios en la pandemia en Colombia Daniela Quiñones y Lili Johana Meneses fueron víctimas de sus agresores, tenían 23 y 26 años, respectivamente. Foto: Facebook Ana Erazo Ruiz

A Lili Johana Meneses, de 26 años, su expareja George Edward Quiñónez la asesinó el 11 de junio en el norte de Cali, cuando con su madre atendía un puesto de comidas rápidas apenas reabierto después de tres meses en cuarentena. Merodeó unos minutos y miró a Lili en varias oportunidades, ella ya le había dicho que no quería seguir con la relación, así que en ningún momento le sostuvo la mirada para no darle importancia. Entonces George Edward se acercó un par de metros más y sacó un arma de fuego. Le disparó a Lili en el pecho y la cara, huyó. Al día siguiente fue encontrado en el barrio La Campiña, también al norte de la ciudad, con un disparo en la cabeza, se había suicidado.

Pocos días después del feminicidio de Lili, las autoridades hallaron en una casa del sur de Cali el cuerpo de Mónica Escobar Moreno, de 48 años. Quien era su pareja la apuñaló tras un "ataque de celos", cerró la puerta y se marchó. Dejó el cadáver bañado en sangre y cubierto con una sábana. El agresor fue capturado horas después cuando pretendía regresar al lugar del crimen.

Daniela Quiñones, mujer de 23 años, estudiante de la Universidad Eafit, que el 13 de junio desapareció en Marmato, Caldas. Su cuerpo fue hallado tres días después a orillas del río Cauca, en el corregimiento Puente Iglesias, en Antioquia. Según la Fiscalía, el propio testimonio del homicida y la necropsia realizada por Medicina Legal, “los hechos se presentaron el domingo, entre las 4:00 a.m. y las 6:00 a.m. en Marmato, vía Cauyá – La Pintada, borde de la carretera entre la vía y el Río Cauca, en zona de pastos y maleza, cuando el señalado llegó a esta parte en compañía de Daniela Alexandra Quiñones Pineda y luego de sostener una discusión en la que ella al parecer se negó a tener relaciones sexuales, la sujetó por la fuerza. Ante la reacción de Daniela, la atacó en la cabeza con arma blanca, ocasionándole la muerte en el sitio (…) Posterior a ello, lanzó el cuerpo al río Cauca, alejándose del lugar”.

La pandemia se convirtió en un amenaza doble para las mujeres, pues protegerse del coronavirus en sus casas significó para muchas de ellas estar atrapadas junto a su agresor. El desenlace en un centenar de casos en Colombia fue fatal. No es ninguna sorpresa que la violencia basada en género haya aumentado durante la cuarentena y el aislamiento, lo advirtieron las organizaciones defensoras de derechos de las mujeres y organismos internacionales. Estaban confinadas con el enemigo.

No hay unanimidad en las cifras de feminicidios en Colombia durante la pandemia, la Fiscalía General tiene registrados 76, aseguran que el 96 por ciento de estos se han esclarecido, lo que no necesariamente quiere decir que exista condena, pues algunos procesos apenas están en investigación. Por su parte, el Observatorio de Feminicidios en Colombia ha contabilizado a corte del 22 de junio 113 mujeres asesinadas. Con el pasar de los días de pandemia, las cifras muestran que la violencia crece. En marzo, el Observatorio registró 18 casos, en abril fueron 27, en mayo 31 y en junio 37.

El primer caso de covid-19 en Colombia fue confirmado el 6 de marzo, solo dos días después, el 8 de marzo, paradójicamente el Día de la Mujer, se registró el primer feminicidio en el Valle de Aburrá: desapareció Sofía Córdoba, una menor de 13 años de edad. Días después, su cuerpo fue hallado en La Estrella. Según la Fiscalía, murió por sofocación. En este caso fue capturado Jesús Rendón Rodas, a quien le fue imputado el delito de feminicidio agravado. No aceptó cargos, aún cuando por procesos anteriores tiene siete sentencias por el delito de acceso carnal violento. Aquí aparece el círculo interminable de individuos peligrosos para las mujeres que nunca fueron sometidos a la justicia.

La violencia contra las mujeres funciona como una cadena perversa, la sufren niñas y adolescentes. Esto lo muestran las cifras del ICBF: de los 14.032 procesos administrativos que abrió en 2019 para restablecerle los derechos a niños, niñas y adolescentes relacionados con violencia sexual, la mayoría fueron contra niñas. Al discriminar las cifras por género, en los últimos años, el 85 % de los casos reportados corresponden a niñas y adolescentes. También lo muestran las cifras de Medicina Legal durante el periodo de la pandemia: en 2020 se han registrado 2.117 casos de violencia sexual contra mujeres y 388 contra hombres. En la violencia de pareja se repite lo atroz: se han reportado 4.191 casos de mujeres maltratadas y 690 de hombres.

“Más del 90 por ciento de los feminicidios que ocurren después de amenazas se pudieron haber evitado, si la institucionalidad hubiera actuado con la debida diligencia y con enfoque de derechos humanos. Muchas de esas mujeres fueron antes a comisarías, denunciaron ante la Fiscalía, pero no hubo acciones de protección contundentes”, dijo Adriana Benjumea, directora de la Corporación Humanas.

En Colombia, un decreto de la pandemia ordenó a las comisarías de familia brindar atención personalizada y presencial cuando exista riesgo de feminicidio, violencia y acoso sexual. Sin embargo, uno de los grandes problemas en los casos de violencia basada en género es el subregistro.

A nivel nacional, hay líneas de atención que funcionan las 24 horas del día, como la 123 de la Policía Nacional o la 15584 para asesoría psicojurídica. Pero no hay que olvidar que en muchos casos las mujeres están encerradas con sus agresores y no es tan sencillo denunciarlos. Primero hay que superar las barreras tecnológicas, que en la ruralidad son enormes. Una buena estrategia ha sido que las denuncias se puedan recibir en droguerías y supermercados que no tienen restricción para abrir. Así funciona en Bogotá.

En países de la región como Argentina, Ecuador y Chile se utilizan códigos para denunciar, por ejemplo ir a una droguero y pedir la “mascarilla 19”, lo cual quiere decir que el protocolo de ayuda se debe activar.

Se necesitan medidas urgentes. Las mujeres tienen que ser protegidas. Según el Observatorio Colombiano de las Mujeres, de la Vicepresidencia de la República, diariamente reciben 128 llamadas de denuncia. En 2020 han recibido 6.226 por violencia intrafamiliar, un crecimiento del 162 por ciento frente al mismo periodo de 2019 (de marzo a mayo), lo que muestra que las mujeres si están en riesgo mientras se protegen del coronavirus. Estas llamadas provienen en un 37,8 por ciento de Bogotá, un 12,5 % de Antioquia y un 9,7 % del Valle del Cauca.

Las regiones han sido un gran foco de feminicidios en esta cuarentena. Justo el asesinato de Lili Johana Meneses es el que más recuerda Nancy Faride Arias, subsecretaria de Equidad de Género de Cali, de los trece casos tipificados por la Fiscalía durante este año en la capital del Valle. “Esto es una clara muestra del resultado del machismo estructural, de ese que piensa que la mujer es propiedad del hombre y por ende su vida también le pertenece y pueda disponer de ella cuando así lo requiera”, explica. En todo el Valle del Cauca la cifra es de 19 feminicidios.

Para Consuelo Malatesta, consultora de temas de género y asesora de Despacho de la Secretaria de Mujer, Equidad de Género y Diversidad, de la Gobernación del Valle, las violencias de género son acciones aprendidas a raíz de una construcción social que ve en lo femenino una subvaloración. “En la mayoría de casos de agresión contra mujeres y niñas, el agresor es alguien de su línea familiar. En general las violencias de género se concretan en el espacio doméstico en un porcentaje muy alto. Es por eso que en esta temporada de cuarentena se dispararon las llamadas de auxilio, porque a muchas les tocó quedarse encerradas con sus agresores”.

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