Aquel 25 de octubre de 2025, la historia de la llamada “doctora de la mafia” hacía eco. Ese día, Javier León Herrera, escritor y periodista español, hablaba con SEMANA de La caleta del jaguar, un libro de su autoría —para entonces recién publicado— que hablaba de una mujer que tuvo alcance a los narcotraficantes más recordados del país.

¿Mito o realidad? En aquel entonces, Herrera, autor de varios libros que fueron adaptados a películas, daba fe de la existencia de la mujer. En medio de un total escepticismo, pues la historia documentada no da cuenta de ella, él narró cómo conoció la historia de Sofía Otero, un seudónimo de su nombre real, el cual decidió conservar en privado.
“Esta mujer tiene más vidas que un gato, ha sido una vida constante en el hilo del alambre a la que milagrosamente ha sobrevivido”, dijo en aquel momento el escritor español al contar cómo, de acuerdo con el relato de Otero, escapó en múltiples ocasiones de la muerte.

“Ella dice que era el alma gemela de los Mellizos (Miguel Ángel y Víctor Manuel Mejía Múnera, narcotraficantes). Válgame el juego de palabras. Víctor, al que dieron de baja, se convierte en un alma gemela, un nivel alto de intimidad. Entonces, con Víctor la conexión fue muy estrecha. Estamos hablando de una persona con 14, 15 años, una persona extremadamente precoz para todo, que a los 18 años ya tenía consolidada esta íntima amistad con los Mellizos, que evidentemente eran los que financiaban buena parte de todo lo que ella generaba. Con ese ímpetu, con ese don de gentes y con esa berraquera, empezó con el tema de la moda en Nueva York; hubiera podido ser una Carolina Herrera, pero los caminos suyos fueron otros”, dijo en aquel momento.
“Ella, desde un primer momento, dijo que sí quería contar su historia porque cree que al leer la obra deja una enseñanza muy clara. Por otra parte, prefiere no exponerse, digamos, de manera explícita y manejar un nombre ficticio. Está sola. Está muy entregada a labores humanitarias en la India; está haciendo ese tipo de cosas y creo que está muy satisfecha de haber visto su historia reflejada en una obra”, agregó.
Siete meses después de que SEMANA contara esa historia, ella misma entró en contacto con esta casa editorial para hablar un poco más de lo que, sostiene, vivió.
SEMANA: Sofía, ¿por qué salir del anonimato?
Sofía Otero: Pienso que es una oportunidad de compartir con los medios esta maravillosa historia de experiencias, de aventuras, y este es un proyecto con mucha intención y propósito.
SEMANA: Esta historia da cuenta de cómo, supuestamente, usted tuvo relación cercana con el mundo del narcotráfico desde diferentes orillas. Se habla de los Mellizos, de Pablo Escobar... ¿De qué nos puede dar fe que fue real?
S.O.: Eso fue lo que yo tuve en mi vida siempre, gente del narcotráfico alrededor. Logré sacar su parte humana, logré atenderlos como su médico, a sus familias. Ahí en el libro está todo. Yo los invito para que lo lean, es muy entretenido, es muy enriquecedor, pero sí, esa fue la vida que me tocó desde muy joven y, pues, la intención, ante todo, es decirle a la juventud que por ahí no es. Y pues esos eran mis pacientes.
SEMANA: Se refiere a pacientes. ¿Cuál es su profesión?
S.O.: Yo abrí una clínica en Cali; en ese momento era la mejor clínica de medicina estética que había en la ciudad. Estamos hablando de los años noventa, pues esa era la clase de gente que podía pagar los tratamientos que nosotros manejábamos en la clínica, que eran tratamientos europeos, terapias celulares, de regeneración, de revitalización, y yo cobraba en dólares en ese entonces. Y la verdad es que teníamos tecnología de punta para todas estas personas y esa era la mayoría de pacientes que me llegaban. A veces yo atendía a gente que no sabía quién era, realmente, y después era que me enteraba de los personajes que estaba atendiendo.
SEMANA: ¿Y qué cirugías practicaba?
S.O.: No, cirugías como tal, no. Todo era invasivo, todo era vía intravenosa e inyectado.

SEMANA: ¿Y haciendo eso cómo sobrevivió al tratar a personas que, incluso, eran enemigas entre sí?
S.O.: Saqué la parte humana de ellos. Igual me vi involucrada en guerras, me vi involucrada en momentos de riesgo, mi vida estuvo en riesgo por estar rodeada de este tipo de personas, pero era lo que había en ese momento. Yo, igual, nunca he tenido nada que ver con ese tipo de negocios. Me lucraba por darles servicios, a veces les vendía joyas, arte, cosas, pero nada que ver con esos negocios. Siempre intentaba hablarles de manera positiva y ser luz en esa oscuridad.
SEMANA: ¿En ese entonces la llamaban “la doctora de la mafia” o la conocían con otro término?
S.O.: No, la doctora.
SEMANA: ¿Por qué en el registro de la historia del narcotráfico en Colombia no aparece registro suyo?
S.O.: He vivido mucho tiempo por fuera, prácticamente toda mi educación la hice en Brasil, en Europa, en Estados Unidos y, pues, la verdad, no sé, estuve bendecida, de buenas. Todas esas inquietudes están en el libro y el porqué terminé ahí, el porqué, aunque en cierto momento tuve riesgo de vida, de perder mi vida, pues no sé, entre la luz que daba siempre era bendecida por Dios y, bueno, estas personas también me ayudaron en ciertos momentos para librarme de problemas grandes.
SEMANA: Y a medida que estas personas eran capturadas o abatidas, ¿usted cómo sobrevivió?
S.O.: Llegó un momento en que yo, por estar en el lugar equivocado y tan involucrada con este tipo de personas, caí presa en México. Pude demostrar mi inocencia, pero esto se me puso como uno de los altos en el camino y me dije: “Yo no puedo seguir involucrada con este tipo de gente porque mira dónde vine a parar”.
Hay una demanda al Estado mexicano con la que se está limpiando mi buen nombre, y de ahí yo les escribí una carta a todos los que están presos en Estados Unidos y les dije: “Ya no puedo ser su médica, no puedo ser su amiga, yo quiero cambiar mi vida”.
Quiero, de todas maneras, decir que no todos mis pacientes eran narcos. También tenía, he tenido, siempre gente muy buena, gente del Gobierno, gente profesional, ministros, etcétera. Entonces fue en 2008 cuando definitivamente me di cuenta de que por ahí no era.
SEMANA: ¿Qué sucedió en México?
S.O.: Fui invitada por una paciente a la que le tratábamos la diabetes y que estaba celebrando su cumpleaños. Ya había una guerra entre estos grupos. Yo, definitivamente, ya había dicho: “Bueno, me voy a alejar de este tipo de gente porque no va a traer nada bueno”. Como que lo venía presintiendo. Lastimosamente, no escuché mi intuición. Entonces, en esa fiesta mandaron a una contraparte de esas personas a que nos mataran a todos los que estábamos ahí.
Y, lastimosamente, nos metieron en la cárcel. Como no tenía nada que esconder, desde el primer momento traté de limpiar mi buen nombre y, de hecho, todavía tengo una demanda en pie contra el Gobierno de México por todo el daño que me hicieron.
SEMANA: ¿Y en México también adelantó procedimientos estéticos a irregulares?
S.O.: Sí. Yo tenía una amiga que tenía una estética ahí y la mayoría de las novias de estos personajes iban a su estética. Entonces, por ahí comenzó todo. Yo, la verdad, no me adentraba mucho en preguntar quién era quién. Simplemente iba, daba mis servicios, cobraba y ya. Después me fui enterando de este fulano, de otro; los nombres están en el libro.
SEMANA: Usted iba y venía de la legalidad, ¿cómo funcionaba eso?
S.O.: Bueno, yo siempre he sido legal. Se cortó la parte económica porque a esas personas no les duele pagar un tratamiento y el dinero que uno les pida por él. Pero yo preferí mi tranquilidad. De hecho, siempre la he tenido como prioridad: mi libertad y mi tranquilidad, poder viajar por el mundo tranquila, pero definitivamente me di cuenta de que no debía estar rodeada así.
SEMANA: ¿A qué personas ayudó con sus intervenciones?
S.O.: Como le dije, llegaban pacientes a mi clínica que yo muchas veces no sabía quiénes eran. Por ejemplo, los Rodríguez (Orejuela), yo no sabía quiénes eran los hijos de ellos, porque como he vivido tanto tiempo por fuera... Entonces, cuando ellos cayeron presos, la mayoría quería continuar con sus tratamientos y se logró, por medio de los directores, que también eran pacientes míos, ingresar a los centros sin tener que pasar documentación. Yo entraba con mis aparatos, con mis productos, con mis técnicas, como si fuera mi casa. Además, era como una bola de nieve porque un paciente contento le decía al otro: “Mira, viene la doctora, ¿no te querés atender?”. Entonces yo iba por un paciente y terminaba atendiendo tres o cuatro.
SEMANA: ¿A cuántas personas llegó a intervenir?
S.O.: Se me escapa el número, pero bastantes.
SEMANA: Tal vez el procedimiento estético, si se quiere llamar así, más recordado por los colombianos en términos de personas que estaban inmersas en narcotráfico es el de alias Chupeta, Juan Carlos Ramírez. ¿Usted lo hizo?
S.O.: Ese procedimiento yo no lo hice.

SEMANA: ¿Es mito que usted lo atendió?
S.O.: Yo no fui la que le destrozó la cara.
SEMANA: ¿Pero usted sí sabía quién estaba detrás de los procedimientos de él?
S.O.: No. Él se fue de Colombia y yo me desconecté por completo.
SEMANA: ¿Es usted un caso excepcional o hay más personas que también viven para contarlo?
S.O.: Sinceramente, yo creería que sí, hay personas que han atendido pacientes como los que atendía yo y están en el anonimato.
SEMANA: ¿Y por qué decide volverse notoria a través de esta entrevista?
S.O.: Por decirle a la humanidad que, como seres humanos, a veces tomamos decisiones y caminos que no son, pero tenemos derecho a cambiar, a evolucionar, a crecer. En el tiempo que yo los atendí a ellos como pacientes, también hice muchas labores sociales, escuelitas, iglesias; ayudé mucho para que, cuando hubiera choques entre ellos, poder sentarlos por el cariño que me tenían y el respeto, y decirles: “Vengan, no se peleen, no le pongan más oscuridad y densidad a la situación”. Hacíamos almuerzos, nos sentábamos y se hablaban cosas bonitas y se trataba de construir y no destruir. Y al ser su médica y tan allegada, fui muy consentida por ellos.
SEMANA: El libro habla específicamente, por ejemplo, de su cercanía con los Mellizos, ¿qué nos puede contar?
S.O.: Yo tuve una relación con el mellizo que se murió, que mataron. Y una relación muy bonita con su hermano; para mí fue como un hermano mayor. Ya no tengo vínculos con él de ninguna clase porque corté por lo sano, pero fueron personas que me ayudaron muchísimo; a través de ellos conocí a muchos más como Don Berna (Diego Fernando Murillo Bejarano, paramilitar y narcotraficante extraditado en 2008 a Estados Unidos), como Mancuso (Salvatore Mancuso, paramilitar designado gestor de paz en 2025 por el Gobierno del presidente Gustavo Petro). Todas esas personas que estaban en el proceso de paz en ese entonces.
SEMANA: ¿Hoy en día su integridad está segura?
S.O.: Gracias a Dios, soy una mujer que vive muy tranquila. El anonimato es porque mi pasado lo honro, lo respeto, pero soy una nueva versión hoy en día. No me gusta tener nada que ver con este tipo de personas. La mayoría están muertos o presos porque eso es el narcotráfico. Ese es el fin de todos: o muertos o presos.
SEMANA: Sofía, ¿qué nos puede contar de su vida hoy?
S.O.: No vivo en Colombia. Me dedico a ser luz en el mundo, a aportarle; hago mucha labor social, soy embajadora de fundaciones en la India, con niñas que recogemos de las calles, las educamos. He aprovechado todos mis contactos para hacer el bien. Como siempre, así como cuando estaba rodeada de todos estos narcos. Aprovechaba toda esa fuerza, ese poder y todo ese dinero para ayudar a la humanidad. Ahora lo hago con personas importantes del Gobierno europeo, de Oriente Medio. Ahí en el libro está todo, las inquietudes y las dudas. Los invito a que lo lean porque vale la pena. Es un libro con intención y propósito.
SEMANA: A las personas que no le creen, ¿qué les diría?
S.O.: Que por eso estoy acá, hablando y dando esa entrevista.
