salud pública

Llegó la hora de dejar el tapabocas, entre la alegría y el miedo

Con el anuncio de la flexibilización en su uso, se ha desatado un debate en Colombia sobre si la medida es muy apresurada. Muchas personas aseguran que seguirán utilizándolo. Panorama.


Hace dos años, la pandemia de la covid-19 tomó al mundo por sorpresa. Naciones enteras cambiaron sus prácticas sociales. El encierro, el distanciamiento físico y el pánico colectivo se apoderaron de todo, y, a medida que avanzaron los primeros meses, la humanidad debió acostumbrarse de tajo a una vida diferente.

En las nuevas dinámicas sociales, apareció un acompañante poco usual –por no decir inexistente– antes de este coronavirus: el tapabocas, mascarilla, cubrebocas o como lo quiera llamar. Ese modesto elemento para algunos se convirtió en la más poderosa receta a fin de evitar la propagación a gran escala del virus, que deja casi 6 millones de fallecidos en el mundo, contando los subregistros de quienes nunca acudieron a un centro asistencial y murieron en sus casas.

El tapabocas se convirtió en una prenda más de vestir, en un requisito universal para acceder a aeropuertos, supermercados, estadios, discotecas, bares o cualquier sitio por fuera de la residencia. En dos años, logró consolidarse como uno de los productos más vendidos en el mundo y como parte de la nueva realidad.

Se dio vía libre a dejar el tapabocas en espacios públicos de muchos municipios, entre ellos, Bogotá.
Se dio vía libre a dejar el tapabocas en espacios públicos de muchos municipios, entre ellos, Bogotá. - Foto: juan carlos sierra-semana

No obstante, con la aparición de la variante ómicron y el descenso en los casos de hospitalización y muerte, la tendencia para el primer semestre de este 2022 en el mundo es la eliminación de su uso, al menos en espacios al aire libre. Y Colombia no fue la excepción: esta semana el ministro de Salud, Fernando Ruiz, sorprendió con el anuncio de la no obligatoriedad en sitios al aire libre de poca aglomeración.

Pero la medida solo podrá ser acogida por aquellos municipios donde haya una tasa de vacunación con al menos dos dosis por encima del 70 por ciento. Esa decisión ha provocado una oleada de comentarios de quienes están a favor y en contra. Los más jóvenes, cansados del tapabocas, celebraron la medida. Sin embargo, los de mayor edad aseguran que no se lo quitan.

Parece ser que este elemento llegó para quedarse en sus vidas, pues aún el fantasma de la covid los ronda. Y es que, a decir verdad, la positividad de contagios no ha disminuido, lo que sí ha bajado considerablemente es la ocupación hospitalaria y las muertes por cuenta del virus.

En un sondeo rápido, SEMANA consultó a diez personas del común para conocer su postura frente a esta medida: seis respondieron que lo seguirán usando y cuatro manifestaron lo contrario.

Carlos Mario Álvarez en Montebello, Antioquia, Carolina Benjumea en Cartagena, Patricia Castaño en Bucaramanga, Diego Salazar en Cali y Gregorio Benítez en Pasto señalaron que salir sin tapabocas es como sentirse desnudos, desprotegidos y vulnerables. La mascarilla es su fortín ahora, dos años después de su imposición por el Gobierno nacional.

SEMANA también consultó a la Asociación Colombiana de Salud Pública y allí no están tan contentos con las nuevas determinaciones del Ministerio. “La postura de nosotros sobre esta medida tiene dos consideraciones importantes: la primera es que, además de la población vacunada, analicen otros factores fundamentales, como el comportamiento epidemiológico y el grado de positividad de las pruebas (Colombia tiene un 20 por ciento en este ítem); no es conveniente porque eso nos dice que hay una circulación comunitaria. Eso me estaría indicando que todavía debo mantener unas medidas de precaución, en las cuales el uso del tapabocas es importante”, explicó Dionne Cruz, presidenta de la Asociación.

El miedo a quitarse el tapabocas no es solo de personas del común, también de los médicos que vieron lo peor de la pandemia y han atravesado –a veces solos– por el camino más espinoso durante estos dos años. “Dicho esto, personas mayores de 60 años, con comorbilidades y quienes, por su oficio, tienen mayor riesgo de contagio, entre ellos vendedores ambulantes o conductores de servicio público, deben seguir portando el tapabocas, porque son poblaciones que se deben seguir cuidando”, agregó Cruz.

No es lo mismo, dijo, caminar por un parque al aire libre que en una zona donde haya mucha aglomeración, como una ciclovía o un paradero de bus. Dos años después, la flexibilidad en el uso del tapabocas no es una noticia cien por ciento alentadora. Y, usted, ¿se lo quitaría?