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¡Otra más! Una tercera mujer denuncia agresión del cirujano Antonio Figueredo

Al igual que los otros relatos, ella dice que el especialista la golpeaba y la maltrataba física y verbalmente.


Cuando vio las denuncias de María Paula Pizarro y Érika Plata, esta mujer se sintió identificada y asegura que en 2015 fue golpeada y maltratada por Antonio Figueredo, un famoso cirujano cardiovascular de Bucaramanga que por estos días ha estado en el ojo del huracán por las denuncias relacionadas con maltrato a la mujer.

En su caso, las agresiones habían ocurrido varias veces. Según cuenta, luego de cumplir su rutina en el gimnasio, Figueredo le pidió que llegara hasta el apartaestudio en el que vivía en ese entonces, pues este se había separado recientemente. Cuando la mujer llegó al lugar, afirma que fue agredida por el hombre. El reclamo del médico fue porque supuestamente ella no estaba haciendo ejercicio, sino coqueteando.

“Me cogió del cabello, me entró a rastras y me cogió a patadas. Yo gritaba y le decía que por favor no, que qué le pasaba. Él, con malas palabras, me decía que yo era lo peor, eran puras palabras groseras. Yo como pude me quedé en el cuarto con él hasta que se quedó dormido y me pude salir para mi casa”, cuenta la mujer, quien prefiere guardar su identidad por protección a sus hijos y familiares, pero que decide contarle esta historia a SEMANA luego de seis años de haberle sucedido.

Asegura que no quiso hablar ni denunciar en ese entonces por miedo a represalias del mismo Figueredo, quien la tendría amenazada, según su relato. Sin embargo, las historias de Pizarro y Plata la llevaron a tomar la decisión de contar su versión. Reconoce el valor que tuvieron ambas mujeres para hablar con nombre propio, pero dice que su caso es diferente y que esa fue la determinación que tomaron con su familia.

“Yo, la verdad, viví ese drama sola, no conté. Cuando veo esta historia, hubiese demandado también. Pero no lo hice por evitar problemas, por mis hijos, entonces admiro el caso de estas niñas que son más jóvenes, no tienen hijos”.

A pesar de esos detalles y su explicación, su historia tiene muchas similitudes con las de las demás mujeres que habrían sido víctimas de Figueredo. Por ejemplo, en una de las golpizas por parte del médico también tuvo una fractura de un diente –al igual que Pizarro–, que hasta el día de hoy no ha podido repararlo. “La operación vale 4 millones y la verdad no lo he hecho”, cuenta.

Ese día que llegó del gimnasio hasta el apartamento de Figueredo en Bucaramanga, el médico la golpeó en las costillas, el estómago y la cabeza, además de la lesión en su mandíbula. Su entonces pareja tenía acceso a sus redes sociales e, incluso, había logrado ver sus conversaciones de WhatsApp gracias a la herramienta web que tiene la aplicación para los computadores.

La razón por la que Figueredo habría golpeado a la mujer en varias ocasiones era debido a los celos que le generaban las conversaciones con otros hombres, según comenta, producto de la misma inseguridad que lo identifica. “Los celos son lo que llevan a eso con él. Es una persona muy insegura”, dice.

El problema con las redes sociales es que no solo le violó su derecho a la privacidad, sino que logró dañarle varias amistades. Por ejemplo, una vez le escribió a una amiga haciéndose pasar por ella y esa amistad la dañó por completo, al punto de que actualmente aún no se hablan. “Era la palabra mía contra lo que había pasado”, cuenta.

Cuando conoció las historias de Érika Plata y María Paula Pizarro, pudo corroborar que Figueredo ha tenido el mismo comportamiento que manifestó con ella. Asegura que manipula a las mujeres, es celoso, las golpea y las maltrata física, verbal y psicológicamente.

Dice que la historia de Plata fue antes de la de ella e, incluso, cuando ocurrió su agresión la intentó buscar, pero nunca la encontró. Tuvo que esconderse, borrar sus fotos y prácticamente buscar eliminar todos esos recuerdos de esa relación que había tenido con él. Sin embargo, este fin de semana, cuando escuchó los relatos de las mujeres, quiso hablar.

Es administradora de empresas (hotelera) y se conocieron por algunas amistades en común en 2014, aunque no fue hasta que coincidieron en el colegio de sus hijos que empezaron una relación formal, la cual duró 16 meses hasta el día de la brutal golpiza. Asegura que al comienzo la relación fue buena, pero poco a poco Figueredo empezó a manifestar esa actitud agresiva e insegura, hasta que ella no aguantó más.

“Es un monstruo, lo agrede a uno verbal y psicológicamente, es un manipulador. Eso no tiene que volver a suceder así con ninguna mujer”, dice. Ella decidió contarle a su círculo más cercano este episodio y su actual pareja lo sabe. Además, en ese momento le contó a su papá, quien le reclamó a Figueredo por las agresiones en contra de su hija.

Los celos y las conversaciones que el médico encontraba en las redes sociales de ella eran el detonante para sus agresiones. “Hubo un chat que un amigo me invitó a comer hamburguesa. Me dijo que yo era lo peor, terrible, malas palabras. Creo que a otra de las víctimas le pasó lo mismo. Cuando he escuchado las versiones de ellas me traslado a la mía. Maneja el mismo perfil, trata mal a las víctimas, a mí me pasó lo mismo, (un amigo) me invitó una hamburguesa, y ese fue el explosivo”, recuerda.

Otra similitud es la edad de las mujeres que, hasta ahora, han denunciado el episodio. Ella dice que Figueredo siempre busca mujeres menores a él, quien tiene alrededor de 60 años. Cuando ocurrió el episodio ella tenía 39, mientras que Pizarro y Plata tienen tienen 27 y 34 años, respectivamente.

“Yo por miedo por sus amenazas nunca hice nada. Pero ese día dije no más, ese tipo es un monstruo, es un loco”, dice, y afirma que le gustaría que se hiciera justicia y pagara por lo que ahora ha salido a la luz. Incluso, pide que le dé el dinero de la cirugía de su diente que hasta ahora no se ha podido realizar. Asegura tener las radiografías que le tomaron en ese entonces como prueba del ataque.

La mujer celebra, además, que la clínica en la que trabajaba Figueredo haya decidido apartarlo del cargo. “Me parece muy bien. Él no tiene cómo ejercer esa profesión donde él cuida la vida íntegra del paciente en un trasplante de corazón, donde él opera y dicen que es un eminente profesional, cardiovascular, y cómo si maltrata a la mujer y no repara en eso. Eso está bien que lo destituyan del cargo”, señala.

Dice que luego de los primeros ataques siguió saliendo con él, porque lo quería, pero en ese momento de la golpiza se dio cuenta que primero estaba su integridad y su amor propio y por eso finalmente lo dejó. Hoy está en su actual relación y tiene a su familia.

“Imagínese. Eso no es amor a una mujer, qué pena. Si tú amas a alguien, la respetas y no eres capaz de ponerle ni un dedo encima; pero eso no era amor, no sé, era como boba, ciega, no sé”, concluye.