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¿Qué es la Navidad negra en Colombia?

Mientras la mayoría del mundo celebra Navidad en total alegría, en Pasto (Nariño) es inevitable recordar el día en que cientos de personas murieron mientras preparaban la comida típica de la época.


En Pasto, la capital de Nariño, la calle 23, la misma que sirve de arteria en la ciudad y conecta al barrio Santiago con el centro histórico, vio correr ríos de sangre hace 199 años, el 24 de diciembre de 1822. Por eso esta vía es conocida como la Calle del Colorado.

Para lograr entender el horror que se vivió la víspera de la Navidad, es importante comprender lo que pasó seis meses antes. Según la presidenta de la Academia Nariñense de Historia, Lydia Inés Muñoz, en junio de 1822 se estaban firmado las capitulaciones que hacían las veces de un acuerdo de paz que le ponía fin a la guerra entre los realistas (el último reducto de la Nueva Granada estaba en Nariño).

Luego de fuertes golpes que dio el ejército de Simón Bolívar, se realizó una consulta al cabildo y a los oficiales que estaban de acuerdo con el fin del conflicto armado, al igual que la mayoría de los pobladores de la región. Pero no se tuvo en cuenta la opinión de algunos combatientes realistas, como Agustín Agualongo y Benito Boves, lo que levantó una disidencia.

A finales de octubre se produjo el levantamiento rebelde. Cuenta la historia que eran solo pocos hombres los que estaban en desacuerdo y que salieron a las calles a protestar, proclamando a Fernando VII. “Viva el rey”, se escuchaba. Tal gesto logró hacer que las capitulaciones de paz se rompieran y que Simón Bolívar de manera airada diera la orden de tomarse a Pasto “a sangre y fuego”. Designó a uno de sus hombres de confianza, Antonio José de Sucre –conocido como el Gran Mariscal de Ayacucho– para que liderara la expedición.

En noviembre hicieron un primer intento de atacar a Pasto. Pero se encontraron con una defensa robusta, con Ejército de caballería y 300 hombres en la defensa aproximadamente. Estaban ubicados en Yacuanquer, Nariño. Al ver los hombres de Bolívar que no podían pasar por el punto, decidieron moverse hasta Túquerres y pusieron en marcha una estrategia de espionaje.

El 23 de diciembre se empezó a escribir la macabra escena de Navidad. Ese día llegó un espía y le informó a Sucre que en Pasto ya habían bajado la guardia, que los hombres fueron a visitar a sus familias y que dejaron de lado las armas para ir a ver cómo su mujer preparaba los dulces de limón y los buñuelos, alimentos típicos de la época, que estaban listos para compartir con sus hijos.

Algunos historiadores relatan que, por tradición se pensaba que en esas fiestas religiosas, como el nacimiento de Jesús, no se iba a presentar ningún tipo de ataque, pero se equivocaron. Fue el 24 de diciembre, pasadas las 10 de la mañana, cuando se tomaron la zona de Santiago. Los realistas habían dejado más o menos a 60 hombres montando guardia, por si algo llegaba a pasar, pero fueron insuficientes para combatir contra cientos de militares al servicio de Bolívar.

La historiadora Lydia Muñoz relata que: “El asalto a Pasto del ejército estatal conformado por 2.000 hombres, se libró en condiciones desiguales porque la defensa estaba reducida en Tayndala primero, y luego en la propia ciudad a solo 500 hombres. Las compañías de los Batallones Rifles con el coronel Sanders al mando, el Batallón Bogotá con José María Córdoba y del resto de la tropa que en acción envolvente atacan con caballería e infantería al parapeto realista”.

Dos horas se calcula que duró el enfrentamiento, más de 250 cadáveres quedaron en el lugar y la sangre espesa rodaba por la hoy conocida Calle del Colorado. Ese fue solo el inicio de la pesadilla. Los hombres de Bolívar, cansados de la batalla, hicieron un receso de dos horas. Notaron que entre sus rivales abatidos no estaban Agustín Agualongo ni Benito Boves, así que recordaron la orden del general Simón Bolívar: tomar a Pasto a sangre y fuego.

Empezaron a buscar a Agualongo y a Boves, entraron casa por casa. A pesar de que sabían que la rebelión era de unos pocos, empezaron a asesinar sin piedad. Mujeres, niños y viejos murieron. Los relatos de la época cuentan que los preparativos para la noche de la Navidad quedaron servidos, nadie comió, el ataque empezó después del mediodía del 24 de diciembre y se prologó por dos días más.

“Benito Boves se refugiará en el Guamués, hacia el oriente; Agustín Agualongo y Merchancano tomarán camino por el Tablón de los Gómez hacia el norte. La ciudad queda desprotegida y empiezan los allanamientos y la compulsión de derechos por parte de la tropa republicana al pueblo pastuso desarmado e indefenso”, señaló Muñoz.

Un niño que luego vivió para contar la historia dejó escrito en sus relatos que estando en la iglesia de San Juan adonde llegó a refugiarse en medio de los ataques, observó una de las escenas más representativas de la noche de los rifles. El menor corrió al centro religioso con su criado, un hombre de aproximadamente 80 años. El anciano se sentó en una de las sillas. Luego entró un soldado evidentemente “cansado de matar”, con el fusil destrozado. Y al ver al hombre orando en la iglesia, el militar impacta el fusil en su cabeza, abriéndole el cráneo.

Este es uno de los tantos relatos que han impactado a la cultura nariñense, junto a los cientos de abusos sexuales a mujeres, mayores de 10 años. Mientras en el resto del mundo celebraban la Navidad, en Pasto pasaban una Navidad negra.

En Nariño recuerdan con dolor, pero con orgullo esa fecha. Es la muestra de que pese a las circunstancias y los abusos, no se dieron por vencidos. Por más que hubo desplazamientos masivos, ellos sacaron adelante sus tierras y cultivos. Relatan que meses después de la tragedia cosecharon trigo. Y esa es la historia que relatan los abuelos en las navidades actuales, en las que les enseñan a las nuevas generaciones el valor de la familia y sus raíces. Dejando el legado de un pueblo que quiere estar libre de represiones.

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