A las 6:43 minutos de la mañana suena el segundo Tik Tak de este martes 8 de noviembre en SEMANA y suena por el lado de la inverosímil que resultó el final que vivió el violador de la Castellana, Juan Pablo González, cuando ya estaba sometido a la autoridad de la Policía e incluso internado en la celda cuatro de La Uribe, de Puente Aranda.

Recordemos, brevemente, que amenazándola con un cuchillo que sacó en una estación de TransMilenio y, luego de obligarla a desplazarse un lugar menos público, violó y robó a una niña de 17 años, Hillary Castro; a quien, como si fuera poco, no le recibieron su denuncia en ningún lugar y le tocó recurrir a las redes sociales. Ya debería haber un dictamen de Medicina Legal y una explicación entendible y satisfactoria de la Policía Metropolitana de qué fue lo que acabó con la vida de este individuo.
Porque, entre otras cosas, la violación a Hillary ocasionó una violenta reacción de unos colectivos femeninos que produjeron daños millonarios a la infraestructura de la ciudad; como si destruir una estación de TransMilenio le devolviera el honor y el dolor causado por toda esta humillación. Pues no, están muy equivocadas.
Pero no puede ser que hasta ahora nos tengan bailando al ritmo de versiones contradictorias de lo sucedido. Violador o no, está no solo bajo la autoridad, sino bajo la protección de la Policía y habría sido muy interesante averiguar qué fue lo que llevó en la vida de este hombre a hacer lo que hizo ¿Qué lo convirtió en un violador? Pero, ya no se puede.
La primera hipótesis fue el suicidio, pero al día siguiente se cambió por homicidio traumatismo, pero la sola existencia de morados en el cuerpo de González no explican ni lo primero, ni lo segundo. En el caso de un suicidio se pudieron causar los morados en sus maniobras o en los intentos de reanimación o incluso como ni siquiera se sabe a esta hora. ¿Cómo ocurrió el supuesto suicidio?
Pudo haber ocurrido que ingirió algún veneno y convulsionó, ocasionándose así los morados en su cuerpo, que también, claro, podrían indicar que fue golpeado y asesinado por otros reclusos entre las 11 y 12 del mediodía cuando González salió a una audiencia y las 2:21 falleció. Nada de esto debió haber ocurrido bajo la vigilancia de la Policía, que también ha dado versiones: como que el hombre estaba fuera de control y que después de tomar mucha agua falleció. Hasta se abre la teoría de que el hombre llegó a la URI con los morados en su cuerpo.
Todo habla muy mal de la autoridad y de la Secretaría de Seguridad de la Alcaldía, que lo único que hace es balbucear cada vez que ocurren casos como este. A esta hora no dan una explicación oficial de los hechos, sino que los tienen al vaivén de una total desinformación acerca de sus deberes con un recluso que estaba bajo la custodia policial y que ya para siempre nos quedaremos sin saber, por qué o qué lo condujo a eso, a morir como un violador.
