política

Iván Duque y Gustavo Petro: una transición caracterizada por la frialdad

Iván Duque fue el presidente de derecha que dio paso al primer gobierno de izquierda de la historia. La incomodidad mutua fue evidente.


Los mandatarios del mundo tienen una forma muy particular de saludar e Iván Duque no fue la excepción. El expresidente colombiano es efusivo y caluroso, pero a la vez firme. Saluda con un fuerte apretón de manos y con la otra mano estruja el tríceps de quien es objeto del gesto. Al tiempo, en acto de reconocimiento o cariño, los golpes en la espalda y los abrazos tampoco extrañan de parte del exmandatario.

Pero al hombre efusivo se le vio serio, frío, parco y corto de palabras en las últimas semanas de su gobierno, cuando tuvo que entregarle la Casa de Nariño al ahora presidente Gustavo Petro, su principal objeto de críticas implícitas durante buena parte de la campaña electoral. También le entregó la Presidencia de la República a quien representa la antítesis del Centro Democrático, su partido político, que en las elecciones legislativas resultó perjudicado por su baja popularidad.

Muchos críticos del expresidente aseguran que pudo haber participado en política durante la campaña por sus duras indirectas contra Petro, en las que explicaba cómo “los autócratas” podrían llevar a un país a regímenes autoritarios.

La derrota pudo ser aún más personal, ya que muchos compañeros del Centro Democrático rumoraban que Federico Gutiérrez era el candidato presidencial que Duque veía con buenos ojos. Finalmente, el exalcalde de Medellín fue derrotado por dos opciones alternativas, de las cuales ganó la que pertenece a la izquierda.

A pesar de esto, al momento de felicitar a Petro telefónicamente, prometió una transición ”armónica, institucional y transparente”.

Este ambiente duró poco. Frente a una supuesta intención de Iván Duque de “atornillar” a los miembros de la junta directiva de Ecopetrol por cuatro años, la respuesta de Petro fue agresiva.

“No nos reten. El voto popular es mandato. Quiero producir un consenso, pero no doblegar el voto popular que quiere energías limpias. El propietario público elige libremente sus miembros en las empresas que lo representen. Es la representación del pueblo”, trinó el entonces presidente electo.

Así pasó cuando circulaba el rumor de que el presidente saliente estaba “raspando la olla”, repartiendo contratos antes de dejar el poder. Esto preocupó al entonces futuro mandatario y a sus cercanos, quienes le dedicaron varios trinos al asunto.

Incluso, cuando la comisión de empalme de Petro dio sus conclusiones, planteó varias “alertas” sobre la gestión de los anteriores ministros e incluso anunció el retiro de tajo de varias de las banderas del Gobierno saliente.

En medio de ese clima de acusaciones hacia el Gobierno saliente, se vio el primer intercambio frío entre el mandatario y el presidente electo. Por protocolo, Duque tuvo que otorgarle tres condecoraciones a Petro, para que él las pueda imponer como presidente.

Mientras Petro sonrió y hasta le apretó el brazo a Duque en agradecimiento, el presidente saliente no soltó el semblante de visible incomodidad. Ni siquiera cuando se refirió a la primera dama, Verónica Alcocer, quien sí gesticuló amablemente.

De hecho, fuentes cercanas a Alcocer aseguran que el trato por parte de la entonces primera dama, María Juliana Ruiz, en el proceso de empalme, también fue parco. Incluso, se dice que no hubo tour guiado por la Casa de Nariño para la esposa de Petro.

A pesar de estos episodios, el verdadero problema estuvo en la planificación de la transmisión de mando y los eventos que traen consigo. Fuentes involucradas en la organización del evento le contaron a SEMANA que hubo varias barreras para la misma.

La primera fue el brunch que se intentó organizar en el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería. Este fue obstaculizado en al menos tres ocasiones, obligando a los organizadores a hacer y rehacer varias veces el montaje para la comida.

La más conocida fue la ausencia de la espada de Simón Bolívar durante el primer tramo de la posesión presidencial. El Gobierno saliente notificó al equipo organizador en la noche del sábado, argumentando falta de seguridad para el objeto. A pesar de esto, se comprobó que los colaboradores de Petro pagaron todas las pólizas y permisos necesarios para realizar el desplazamiento con altos estándares de seguridad.

Esto también pasó con La paloma de la paz del artista Fernando Botero, la cual fue autorizada para su desplazamiento hacia el lugar del juramento.

Finalmente, Petro, molesto porque se le negó uno de sus anhelos, ganó el pulso solicitándole a la Casa Militar traer la espada de Simón Bolívar al escenario.

Para concluir la difícil transición de poder, llamó la atención el rápido y poco amable saludo entre ambas familias presidenciales. Duque solo se demoró saludando a la familia de Petro, que es extensa, un poco más de 20 segundos. Todos con un breve beso en la mejilla o un rápido apretón de manos, sin su efusividad característica.

Dista mucho de lo que fue el saludo entre la familia Santos y la familia de Duque, la cual tuvo un par de minutos de conversación, abrazos y hasta besos para los hijos del expresidente que recién culminó su mandato. Al final, hubo foto entre ambas familias y muchas sonrisas, mostrando una transición más amigable.

De la prisa, María Juliana Ruiz no saludó a Nicolás Alcocer, hijo de Petro, y María Paula Correa, exjefe de gabinete, casi cae por las escaleras. Duque, serio, gesticuló poco caminando hacia la salida.

Seguramente, habrá un cambio extremo en términos de lineamientos gubernamentales. Lo más probable es que mucho de lo que hizo Iván Duque se replanteará en los próximos cuatro años. Por esto y otras razones, fue una transición de poder fría que demuestra el contraste entre dos visiones de país, una que se retira y otra que encuentra su primera oportunidad en el poder.