Cada segundo domingo de mayo se celebra en muchos lugares del mundo el Día de la Madre. La conmemoración se remonta a Estados Unidos, cuando en 1907, Anna Jarvis le rindió homenaje a su progenitora, del mismo nombre y que había muerto, en una iglesia metodista. Siete años después, en 1914, el presidente de Norteamérica, Woodrow Wilson, firmó un proyecto de ley para hacer de ese día una fiesta nacional.
En Colombia, la fecha se oficializó cuando el presidente Pedro Nel Ospina ordenó que el segundo domingo de mayo se realizara la fiesta nacional de la madre en todo el territorio. Para ello, se creó la Ley 28 de 1925.
Ahora, más allá del impacto emocional y económico que implica una fecha como esta, varias voces de la sociedad piden dar una mirada profunda a otra de las realidades crudas que afrontan las madres colombianas.

“El Día de la Madre no debería celebrarse sin analizar cómo la calidad de vida de la madre afecta la vida de sus niñas y niños. La relación de la madre y su papel protagónico en la vida sana, el desarrollo, crianza, estado de nutrición de los niños es único e indiscutible. Pero, cuando se examina quiénes son madres en Colombia, se ve la necesidad inminente de protegerlas de manera reforzada, por ellas mimas y por su descendencia, es decir, por el capital humano que dejan para el progreso de Colombia”, advierte la Fundación Éxito.
Es que en cifras del Dane, se rompe cualquier romantización que se le dé a la vocación y responsabilidad de dar vida. A partir de datos de 2022, muestran que la mitad de las madres del país está en situación de pobreza extrema.

En cuanto a formación académica, el indicador es aún más sorprendente, pues se evidencia que el 68 % tiene como grado máximo de educación el bachillerato.
“Existen seis veces más posibilidades de que un niño, hijo de una mujer no educada, sufra desnutrición crónica. Así, la educación de la madre se convierte en un factor protector para la prevención de la desnutrición crónica o el retraso en la talla (DNC). Entre mayor sea la educación de la madre, esta tendrá mejores oportunidades para el acceso al mercado laboral, para su crecimiento, independencia y capacidad en la toma de decisiones alimentarias, nutricionales, educativas y de crianza para sus hijos”, insisten desde la organización.

En lo relacionado con la edad y la experiencia que se pueda tener para asumir la maternidad, se indica que el 45 % tuvo a su hijo antes de los 24 años. Es decir, de los 569.311 bebés que nacieron en 2022, más de 250.000 (256.189) fueron dados a luz por una mujer que no superaba esta edad. Y el 17 % (96.782) de los nuevos bebés nacieron de una menor de edad. “Niñas criando niños”, aseveran desde Pandi.
“La edad de la madre juega un papel determinante, pues se encontró que los niños de mayor riesgo de desnutrición son los hijos de mujeres entre los diez y 19 años, es decir que hay una relación importante entre el estado nutricional de los niños y el embarazo adolescente o temprano”, analizan desde la organización.

No son cifras alentadoras, pero sí ayudan a comprender la situación actual del país que hace imposible desligar la relación entre madre e hijos. Es decir, la situación de la madre, sí o sí, impacta a los menores de edad. Y con un contexto como el anterior, las consecuencias son preocupantes.
“Todo comienza en la primera infancia y las madres más maduras, fortalecidas y educadas, van a tener más recursos, a todo nivel, para guiar a sus niños en la primera infancia, lograr mejores niveles de lactancia materna y proveer mejores alimentos, de alto valor nutricional que les permita crecer adecuadamente y de manera integral: en talla, peso, en desarrollo y en coeficiente intelectual”, asegura la líder de Inversión Social y Generación del Conocimiento de la Fundación Éxito, Diana Pineda.

