El mundo vive una de las fiestas del fútbol más importantes. Millones de aficionados esperan cuatro años para poder apoyar a su selección en el Mundial de Fútbol, que este año se realiza en México, Estados Unidos y Canadá.
La cita mundialista puede provocar un sinnúmero de sentimientos que, de acuerdo con Laura Marcela Ayala, Subdirectora Nacional del Campo Psicología del Deporte y del Ejercicio del Colegio Colombiano de Psicólogos - Colpsic, son propios del sentir colectivo. “El Mundial puede convertirse en una experiencia significativa para muchas personas, al reunir a millones de aficionados alrededor de un mismo acontecimiento. Compartir emociones, expectativas y momentos importantes de manera colectiva puede favorecer los vínculos sociales, generar un mayor sentido de pertenencia y brindar oportunidades para experimentar alegría, esperanza e ilusión junto a otros”, explica.
Estas vivencias, explica la Profesional en Psicología, pueden contribuir a mejorar el bienestar colectivo y el pensamiento de comunidad; por ello, son cada vez más comunes las conversaciones sobre fútbol en diferentes espacios sociales, sea la oficina, las reuniones familiares o de amigos.

“Al seguir acontecimientos comunes, aumentan las oportunidades de conversación e interacción en distintos espacios, como los hogares, los lugares de trabajo y las redes sociales. Además, la amplia cobertura mediática y la circulación constante de contenidos relacionados con el Mundial pueden amplificar esta dinámica y dar la sensación de que el evento está presente en gran parte de nuestra vida cotidiana durante varias semanas”, añade Ayala.
A esto también se suma la cantidad de publicidad, camisetas y otros aspectos que se ven diariamente por más de un mes. Los aficionados, sin importar si siguen a una u otra selección, portan las prendas en su cotidianidad, lo que hace que la conversación sea inevitable.
Pero además de los espacios colectivos y la exposición de los medios y redes sobre el tema está la pasión misma; el fútbol es quizás el deporte que tiene la capacidad de unir a millones de seres humanos, sin importar su raza o nacionalidad.
Apoyar al equipo de su nación se convierte entonces en una necesidad. De acuerdo con la experta, “Las personas pueden desarrollar un sentido de identificación y pertenencia con equipos, selecciones o deportistas. Cuando existe ese vínculo emocional, los resultados deportivos adquieren un significado personal y se viven como experiencias relevantes”.
Los sentimientos están a flor de piel; un triunfo o una derrota pueden definir el desarrollo del día a día de un aficionado. “Por ello, una victoria puede generar alegría y entusiasmo, mientras que una derrota puede provocar tristeza, frustración, miedo, rabia o ansiedad, aun cuando la persona no participe directamente en la competencia. Además, al tratarse de una experiencia compartida socialmente, las expectativas colectivas y la interacción con otros aficionados pueden intensificar la vivencia emocional asociada al resultado”, dice Ayala.
Esto no se limita únicamente a una persona que sigue a su selección, pues existen individuos que pueden seguir a equipos que no son de su país. Esto se explica, según la experta, por temas culturales, sociales o familiares. “También es frecuente que las personas se identifiquen con la historia o los logros de un equipo. En el deporte, los vínculos emocionales pueden trascender las fronteras geográficas y generar un sentido de pertenencia entre aficionados que comparten esa misma pasión”, añade.
