El cáncer de endometrio, que se origina en el revestimiento interno del útero, es el segundo cáncer ginecológico más frecuente después del de cuello uterino. De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, a nivel mundial, se registran 8,8 nuevos casos y 1,8 muertes por cada 100.000 habitantes.

Precisamente, una de las dificultades está en reconocer cuándo un cambio que podría parecer cotidiano merece una consulta médica. En este tipo de cáncer existe una señal particularmente frecuente: el sangrado vaginal anormal está presente entre el 75 % y el 90 % de los casos.
¿Cómo identificar la señal de alerta?
El sangrado puede aparecer después de la menopausia, entre periodos menstruales o manifestarse a través de menstruaciones más abundantes, prolongadas o irregulares de lo habitual.
A este síntoma pueden sumarse dolor o presión persistente en la zona pélvica y pérdida de peso sin una causa aparente. Sin embargo, presentar alguno de estos cambios no significa necesariamente que exista un tumor, pues pueden estar relacionados con otras condiciones. La recomendación es consultar para determinar su origen.
“Ante la presencia de un sangrado vaginal fuera de lo habitual, especialmente después de la menopausia, es importante hacer una evaluación médica que permita establecer su causa. Una valoración oportuna puede orientar la necesidad de estudios adicionales”, explicó Adriana Flórez, gerente médica de oncología para GSK Colombia.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
La enfermedad puede estar asociada con una combinación de factores genéticos, hormonales y de estilo de vida. La edad es uno de ellos: el promedio al momento del diagnóstico se acerca a los 60 años, aunque también puede presentarse antes de la menopausia.
La obesidad, no haber tenido embarazos, determinadas alteraciones hormonales y condiciones hereditarias como el síndrome de Lynch también se encuentran entre los factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar este tumor.
Detectarlo temprano puede cambiar el panorama
Ante una sospecha, los profesionales de la salud pueden recurrir a estudios como una ecografía pélvica transvaginal y una biopsia endometrial. En este último procedimiento se obtiene una muestra del revestimiento del útero para analizarla en laboratorio y determinar si existe la enfermedad.
El momento del diagnóstico resulta especialmente importante. Cuando el cáncer de endometrio es detectado en una etapa temprana, la supervivencia a cinco años alcanza el 90 %, según la Sociedad Americana de Cáncer.

La cirugía es el principal tratamiento para la mayoría de las pacientes, aunque no existe un único manejo para todos los casos. Las alternativas dependen del tipo de tumor, la etapa en la que se encuentre la enfermedad y otras características individuales de cada paciente.
Además, los avances científicos han permitido estudiar con mayor precisión las características moleculares de estos tumores, información que puede contribuir a definir tratamientos de manera más personalizada.
Por eso, uno de los principales llamados es a no restarle importancia a un sangrado vaginal que se salga de lo habitual, particularmente después de la menopausia. Consultar a tiempo permite establecer qué lo está provocando y, si se trata de cáncer, avanzar hacia un diagnóstico y tratamiento oportunos.
