Salud

Japón hace historia: aprueban el primer tratamiento con células iPS para frenar el Parkinson

Japón inicia tratamientos con células iPS, una tecnología que busca regenerar tejidos y cambiar la forma de tratar enfermedades.

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13 de abril de 2026 a las 10:18 a. m.
Investigadora analiza muestras en laboratorio mientras estudia el potencial de las células reprogramadas para regenerar tejidos y tratar enfermedades.
Investigadora analiza muestras en laboratorio mientras estudia el potencial de las células reprogramadas para regenerar tejidos y tratar enfermedades. Foto: Getty Images

Por primera vez, Japón aplica terapias con células reprogramadas en pacientes, abriendo una nueva etapa en la medicina regenerativa con potencial para tratar enfermedades hoy incurables.

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El avance llegó tras dos décadas de investigación y promete transformar la medicina moderna.

Japón autorizó por primera vez tratamientos basados en células reprogramadas, conocidas como iPS,, marcando un hito en la llamada medicina regenerativa, una disciplina que busca reparar tejidos dañados desde el interior del propio organismo.

La historia de esta tecnología se remonta a 2006, cuando el científico japonés Shinya Yamanaka logró reprogramar células adultas para devolverlas a un estado similar al embrionario.

Este hallazgo, que le valió el Premio Nobel en 2012, cambió la comprensión de la biología celular.

Se demostró que una célula especializada puede “reiniciarse” y recuperar la capacidad de transformarse en distintos tipos de tejido.

Desde entonces, instituciones científicas de alto nivel han respaldado el desarrollo de estas terapias.

El Centro RIKEN para Biología del Desarrollo ha liderado algunos de los ensayos más avanzados, particularmente en enfermedades oculares.

Resultados publicados en revistas como Nature y The Lancet han mostrado que las células derivadas de iPS pueden integrarse en el organismo sin generar rechazo inmediato, un paso clave para su aplicación clínica.

El principio detrás de estos tratamientos es altamente sofisticado. Las células se extraen del paciente o de un donante, se reprograman en laboratorio para recuperar su estado pluripotente y luego se transforman en el tipo celular necesario antes de ser implantadas.

En enfermedades como el párkinson, por ejemplo, los científicos buscan reemplazar neuronas dañadas por nuevas células capaces de producir dopamina, atacando la raíz del problema y no solo sus síntomas.

El impulso de Japón no es un hecho aislado. Desde la Universidad de Kioto, el equipo de Yamanaka trabaja en el desarrollo de bancos de células iPS compatibles con distintos perfiles genéticos.

Al mismo tiempo, entidades como la Administración de Alimentos y Medicamentos ya evalúan terapias similares en ensayos clínicos, señal de que la carrera por esta tecnología es global.

Incluso la Organización Mundial de la Salud ha reconocido el potencial de la medicina regenerativa como una de las áreas más prometedoras para enfrentar enfermedades crónicas y degenerativas.

No obstante, advierte que aún se requieren estudios a largo plazo para confirmar su seguridad y eficacia.

Representación del ADN y la biotecnología moderna, base de avances como las células reprogramadas que buscan revolucionar el tratamiento de enfermedades.
Representación del ADN y la biotecnología moderna, base de avances como las células reprogramadas que buscan revolucionar el tratamiento de enfermedades. Foto: Getty Images

El futuro de la salud con células capaces de regenerar órganos

El Ministerio de Salud japonés dio luz verde a dos terapias basadas en células iPS, dirigidas principalmente a enfermedades cardíacas y neurológicas.

Se trata de la primera autorización de este tipo en el mundo, lo que posiciona a Japón como líder en medicina regenerativa aplicada.

La aprobación es condicional y limitada en el tiempo, lo que implica que los tratamientos seguirán siendo evaluados en pacientes para confirmar su seguridad y eficacia a largo plazo.

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Uno de los mayores beneficios de las células iPS es que pueden generarse a partir del propio paciente, reduciendo el riesgo de rechazo inmunológico y evitando controversias éticas asociadas al uso de embriones.

Sin embargo, la comunidad científica mantiene cautela. Expertos advierten que aún se necesitan estudios más amplios para confirmar resultados y descartar riesgos como la formación de tumores o efectos secundarios a largo plazo.