En el marco del Foro Anual Innovación para el Desarrollo I+D /Humanamente: Salud mental, el activo para el desarrollo,celebrado en la Universidad EAN en Bogotá, el debate sobre el bienestar corporativo tomó un giro contundente en el panel ‘Productividad e individuo: bienestar en entornos laborales y de desempeño’.
Para profundizar en esta transformación del liderazgo, SEMANA conversó con Carlos Malatesta, empresario, mentor y conferencista internacional argentino-venezolano con más de 30 años de trayectoria. Malatesta, quien llevó a Apex Energies de una crisis financiera a facturar más de 140 millones de euros anuales antes de su venta en 2022, rediseñó por completo su filosofía de vida y negocios tras superar dos diagnósticos de cáncer. Creador del programa Success Sin Estrés y del podcast Superlatinos, comparte cómo es posible construir organizaciones prósperas y competitivas sin sacrificar la salud, el bienestar personal ni la felicidad en el camino.

SEMANA: Existe la creencia de que ser productivo exige vivir agotado. ¿Por qué considera que esto es una contradicción destructiva?
Carlos Malatesta: Es exactamente una contradicción. Yo lo tuve que aprender por las malas a través de un cáncer. Luego de ese diagnóstico, tuve que recuperar mi salud, pasar por 17 sesiones de radioterapia, estar con un nivel de energía muy bajo y, al mismo tiempo, tener una empresa que gestionar, la cual en ese momento estaba perdiendo dinero y contaba con casi 80 empleados. Me preguntaba cómo hacer. Al final le di prioridad a la vida, a sobrevivir; me dije: ‘Pues mira, mi empresa se hundirá, pero yo sobrevivo’. Tenía que empezar a trabajar de una manera diferente, pues no podía seguir matándome literalmente por la empresa. ¿Cómo hacía si ponía menos horas porque debía asistir a mis sesiones de radioterapia?
Lo que encontré es que, si tengo menos horas para dedicar a la empresa, tengo que ir a lo esencial. Muchas veces lo esencial es lo más difícil y ahí se requiere un acto de valentía, porque es muy fácil escudarse detrás de los correos, las llamadas y el WhatsApp. Empecé a concentrar toda mi energía y el tiempo disponible en aquello que sabía hacer mejor, en añadir más valor, y lo que sucedió honestamente no me lo esperaba: mi empresa creció como nunca, la relación con mis socios, que era un desastre, mejoró muchísimo y logré los resultados que tanto anhelaba sin tener que seguir sacrificando mi salud, mi felicidad y mi familia.

SEMANA: Tras superar el cáncer, ¿cómo cambió su noción del éxito y qué dejó de estar dispuesto a sacrificar?
Carlos Malatesta: Imagínate el fiasco que me llevé. En esa época mi empresa facturaba cinco millones, me había comprado un BMW precioso, estaba casado y tenía dos hijos. Tenía todo lo que había soñado alcanzar, según mi visión de éxito, y me estaba muriendo. Pensé: ‘No voy a poder ser el padre que no tuve para mis hijos; no voy a poder ayudar a mi familia, con la que viví situaciones financieras muy duras en la infancia; no voy a poder ayudar a mi mamá, que tanto sacrificó y dio por mí; no voy a poder ser el empresario que quiero ser’. Todo se estaba derrumbando. Me cuestioné qué es el éxito: ¿tener dinero, tener empresa, ganar, tener casa y auto? ¿Qué es verdaderamente?
Cuando uno siente que se está muriendo, piensa: ”Si yo pudiera tener 10 o 20 años más para disfrutar de mi familia, de la vida y hacer algo que me guste, quizás sea exitoso”. Eso fue lo que hice y nunca imaginé que todo lo demás vendría por añadidura. Cuando uno ama lo que hace, trabaja en respeto y equilibrio consigo mismo, sin sacrificar a la familia, las relaciones, la salud y la felicidad, los resultados son mucho más fáciles de conseguir.


SEMANA:¿Cómo convencer a los empresarios de que bajar el ritmo no significa perder competitividad ni resultados?
Carlos Malatesta: Es muy interesante. Si quieres resultados, tienes que presentarte con tu mejor versión; el mejor Carlos tiene que estar aquí. Es como si en cualquier empresa te quitan a ti y colocan a Bill Gates, a Elon Musk o a Carlos Slim: ¿le va a ir mejor o peor a la compañía? El problema no es la empresa, ni el mercado, ni el marketing; el factor determinante eres tú. Tienes que invertir en ti para crecer, porque mientras más aportes de tu verdadero potencial, mayor impacto generas.
¿Y cómo invierto en mí? Necesito llegar con mi mejor versión mental, bien descansado y bien alimentado, y traer mi mejor versión emocional. No puedo salir de esas reuniones donde llegas de mal genio, le gritas a todo el mundo y el equipo queda con la moral por el suelo pensando: ‘¿Sabes qué? Me voy a tomar un café y ya nada me importa’. Hay que ser astutos: dedicar menos horas a lo que no suma y enfocarse en lo que realmente funciona, lo que importa y hace crecer la organización, en vez de encarnar la imagen del superhéroe que llega a las siete de la mañana, se va a las nueve de la noche y duerme en la oficina. ¿Qué se hace en realidad con todas esas horas? ¿Se está añadiendo valor, teniendo ideas extraordinarias o motivando al equipo?
La invitación es a hacer menos cosas, pero enfocadas en lo verdaderamente relevante, con el fin de tener más energía y generar un impacto superior. Todos contamos con 24 horas al día, nadie tiene 25. Sin embargo, hay personas que en una hora producen un dólar, otras diez y otras generan millones. No se trata de cuántas horas trabajas, sino de cuánto impacto logras imprimir en cada una de ellas.

SEMANA: La expectativa de estar disponible 24/7 sigue asfixiando a los equipos. ¿Cómo romper con esa dinámica?
Carlos Malatesta: Un empleado cansado suele estar de mal humor, es más intolerante, atiende peor a los clientes, tiene roces con sus compañeros y le resta valor a la marca. En cambio, cuando cada miembro de la organización mantiene una energía alta, disfruta su trabajo y se apasiona por la empresa, la dinámica cambia por completo, aun si cumple menos horas. Por ejemplo, en el caso de una recepcionista, uno quiere que esté sonriente recibiendo a las personas para que quien entre sienta agrado y desee volver, en lugar de encontrar a alguien exhausto.
Se trata de encontrar el balance justo. No consiste en decir simplemente ‘me voy a la playa y eso ya es balance de vida’. El verdadero reto radica en hallar ese punto de equilibrio donde la gente sienta auténticos deseos de ir a trabajar. Si tus colaboradores tienen ganas de ir a trabajar, tu empresa indiscutiblemente va a crecer.

SEMANA: Si pudiera derribar un último mito sobre el éxito en los negocios, ¿cuál elegiría?
Carlos Malatesta: Insistiría en desmitificar el dinero como equivalente del éxito; esa noción de que ganar determinada cifra o ser millonario te hace automáticamente exitoso. He conocido a muchísima gente millonaria y multimillonaria que es profundamente infeliz y miserable, así como a muchas personas sin grandes fortunas que tienen vidas hermosas y extraordinarias. Es evidente que existe un piso mínimo: si no tienes para pagarle la atención médica a tu madre enferma, eso genera un gran sufrimiento; se requiere cubrir las necesidades básicas. No obstante, superado ese umbral, el dinero adicional no garantiza la felicidad ni constituye el éxito por sí mismo. Para mí, el verdadero éxito equivale a la felicidad. ¿De qué sirve acumular dinero, poder o influencia si estás solo y no puedes compartir con tus hijos ni con tus seres queridos?
Tengo muy presente una imagen personal que, aunque es dura, me resulta muy útil: el momento de mi muerte. Me imagino dando el último suspiro, alejándome mientras todo se apaga, y me pregunto cómo quiero despedirme de la vida. Quiero irme diciendo: ‘¡Qué gran aventura! Amé, asumí riesgos, disfruté, fui valiente, hice lo que me apasionaba, ayudé y estuve con las personas que amo’. No quiero partir con el remordimiento o la tristeza de pensar qué desperdicio haber pasado tantas horas encerrado en una oficina para conseguir un auto, una casa o saldo en el banco, para que al final todo termine. Como no sabemos cuándo llegará ese día, hay que empezar a ser felices ahora; la felicidad representa el verdadero éxito, y ese estado es el que genera recursos y abundancia.

SEMANA: En un entorno tan exigente, es realmente posible alcanzar el éxito sin estrés...
Carlos Malatesta: Sí es posible; esa ha sido mi propia experiencia de vida. Cuando dejé de estresarme, alcancé mayores logros. Conviene precisar el concepto: me refiero a erradicar el estrés dañino, pues cierta activación es natural en todos. Si participo en un partido de fútbol o realizo ejercicio físico, someto al cuerpo a una exigencia, pero el enemigo a evitar es el estrés crónico que desgasta y destruye. Un nivel puntual de activación es señal de que estamos ante algo significativo: el organismo libera adrenalina, cortisol y energía para responder al reto, y esa respuesta es útil. Lo perjudicial es permanecer instalado permanentemente en ese cóctel neuroquímico.

El éxito sin estrés se alcanza cuando amas lo que haces y disfrutas los desafíos, pero teniendo la lucidez de detectar cuándo estás cruzando la línea del exceso. En ese instante, con astucia, das un paso atrás, respiras, descansas y compartes tiempo con tus ”personas vitamina“ aquellas con las que una simple conversación te renueva el ánimo. Así recargas baterías por completo y, con esa vitalidad restaurada, regresas a tus actividades.
