Salud

¿Palpitaciones, miedo y dificultad para respirar después de una emergencia? Estas son las señales de un ataque de pánico

Aunque el peligro haya terminado, el organismo puede permanecer en estado de alerta.

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10 de septiembre de 2026 a las 9:53 p. m.
La OMS advierte que las emergencias pueden generar diferentes manifestaciones de malestar psicológico.
La OMS advierte que las emergencias pueden generar diferentes manifestaciones de malestar psicológico. Foto: Getty Images

Una emergencia puede durar apenas unos minutos, pero sus efectos no necesariamente desaparecen cuando todo vuelve a la calma. Después de atravesar una situación de alto impacto, algunas personas pueden quedar especialmente sensibles a ruidos, movimientos o incluso a las propias sensaciones de su cuerpo.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las emergencias pueden generar diferentes manifestaciones de malestar psicológico, entre ellas ansiedad, tristeza, problemas para dormir, cansancio e irritabilidad. En la mayoría de los casos, estas reacciones disminuyen con el paso del tiempo.

Sin embargo, en determinadas circunstancias, la respuesta del organismo puede ser mucho más intensa y aparecer de forma repentina, incluso cuando ya no existe una amenaza inmediata.

¿Por qué el cuerpo sigue en alerta?

María Angélica Navia, psicóloga con maestría en Psicología Clínica y de la Salud, explica que ante una situación que interpreta como peligrosa, el organismo activa mecanismos destinados a reaccionar rápidamente.

“Después de una emergencia, nuestro cuerpo puede quedarse en ‘modo alerta’. Durante el peligro, el organismo libera sustancias como la adrenalina para ayudarnos a reaccionar y sobrevivir”, señala la especialista.

El problema es que esa especie de alarma interna no siempre se desactiva inmediatamente cuando termina la emergencia.

“Aunque la emergencia ya haya pasado, esa alarma puede tardar en apagarse. Podemos quedar más pendientes de ruidos, movimientos, sensaciones corporales o cualquier señal que nuestro cerebro interprete como una amenaza”, agrega Navia.

Como consecuencia, pueden aparecer irritabilidad, miedo, frustración, sobresaltos, sensación de impotencia, problemas para dormir o un cansancio mayor de lo habitual.

Estas son las señales de un ataque de pánico

Cuando la respuesta de alarma alcanza una intensidad elevada, puede desencadenarse un ataque de pánico. Según Navia, este puede sentirse como una oleada repentina de miedo o malestar pese a que no exista un peligro real en ese momento.

Entre las señales físicas pueden aparecer palpitaciones o aceleración del corazón, temblores, sudoración, dificultad para respirar, sensación de ahogo, mareo, hormigueo, náuseas y dolor en el pecho.

A estas manifestaciones pueden sumarse pensamientos especialmente angustiantes. “También pueden aparecer pensamientos como miedo a morir, a desmayarse, a perder el control o la sensación de que algo terrible está por suceder”, explica la psicóloga.

El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) también señala que estos episodios pueden producir una sensación repentina de miedo, malestar o pérdida de control, incluso sin un desencadenante evidente.

No obstante, hay una advertencia importante: síntomas como dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones o mareos no deben atribuirse automáticamente a la ansiedad, pues pueden parecerse a los de otras condiciones médicas. Cuando no se conoce su causa, es recomendable buscar valoración profesional.

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¿Cuándo buscar ayuda?

Una de las principales señales de alerta aparece cuando el malestar comienza a afectar la rutina de la persona.

“Hay que prestar atención cuando el malestar es muy intenso, persistente o empieza a interferir con nuestra vida: por ejemplo, cuando afecta el sueño, el trabajo, las relaciones o nos lleva a evitar actividades por miedo”, señala la experta.

Si los episodios persisten, se repiten o comienzan a limitar las actividades cotidianas, una valoración profesional puede ayudar a determinar qué está ocurriendo y qué acompañamiento puede ser necesario.

“Después de una experiencia extrema, pedir acompañamiento psicológico puede ser una forma de ayudarle al cuerpo y a la mente a recuperar sensación de seguridad”, concluye Navia.

La emergencia puede terminar en cuestión de segundos, pero recuperar por completo la sensación de seguridad puede tomar más tiempo. Identificar las señales y reconocer cuándo el miedo empieza a interferir con la vida cotidiana puede ser clave para buscar ayuda oportunamente.