El hallazgo de un tiburón poco conocido en las costas del norte de España sorprendió incluso a quienes llevan décadas estudiando la fauna marina.
El animal, que apareció sin vida en una playa asturiana, ofreció una oportunidad excepcional para conocer mejor a una especie que vive lejos de la mirada humana y cuya presencia en los océanos es cada vez más escasa.
Un visitante de las profundidades que llegó a la orilla
Durante la segunda semana de enero, vecinos de Luarca, en Asturias, se encontraron con una escena inusual: el mar había depositado en la costa el cuerpo de un tiburón foca, un tipo de escualo que habita en zonas extremadamente profundas del océano y que rara vez se deja ver cerca de la superficie.
Especialistas explicaron que este animal suele desplazarse a miles de metros bajo el nivel del mar, en áreas donde la presión y la oscuridad hacen casi imposible su observación directa. Por ese motivo, cada aparición resulta valiosa para la ciencia. El ejemplar hallado era una hembra y, para sorpresa de los investigadores, se encontraba en estado de gestación.

Así lo explicó Luis Laria, fundador y presidente de la asociación CEPESMA, quien participó en el estudio del ejemplar y señaló que esta especie ha sido registrada a profundidades superiores a los 3.500 metros.
El estudio del cuerpo permitió confirmar que se trataba de una especie que aunque hoy es poco frecuente, fue más habitual en décadas pasadas. Con el tiempo, la actividad humana y la explotación de ciertos recursos marinos redujeron de forma drástica su población.
“Estos tiburones eran mucho más comunes hace más de 50 años, pero debido al interés comercial por su hígado, que puede llegar a ocupar gran parte del animal, sus números disminuyeron”. señaló Luis para National Geographic.

Un hallazgo que reveló datos nunca antes observados
Al analizar el interior del animal, los científicos se encontraron con una situación inédita: en su interior había una docena de huevos completamente formados, cada uno de un tamaño similar al de una pelota de tenis.
Además, se identificaron otros huevos más pequeños que aún no habían completado su desarrollo. En conjunto, este material reproductivo representaba una parte significativa del peso total del tiburón.
Según relató Luis: “teníamos sospechas de que se trataba de una hembra embarazada, pero nunca nos habíamos encontrado con un ejemplar así”.

Los investigadores reconocieron que aunque existían indicios sobre cómo se reproducía esta especie, nunca antes habían tenido acceso a un caso tan claro y completo. El hallazgo permitió confirmar sospechas que hasta ahora solo se sostenían a partir de hipótesis.
El análisis también ayudó a esclarecer las causas de la muerte. No se encontraron señales visibles de golpes o ataques externos, pero sí una lesión interna grave.
Todo apunta a que el tiburón quedó atrapado de forma accidental por un anzuelo de pesca. Al intentar escapar, sufrió una herida que le provocó una hemorragia progresiva, debilitándolo hasta perder la orientación y terminar varado en la costa.










