Durante décadas, los científicos han intentado entender cómo el planeta pasó de un clima cálido, casi tropical, a un mundo dominado por el hielo.
La explicación tradicional apuntaba al movimiento de los continentes y a cambios profundos en la dinámica de la Tierra; sin embargo, una reciente investigación plantea que la clave no estuvo solo bajo los pies, sino también en el agua que cubre gran parte del planeta.
El océano, silenciosamente, habría jugado un papel decisivo en uno de los enfriamientos más drásticos de la historia.
Un estudio internacional sugiere que, tras la desaparición de los dinosaurios, el equilibrio químico de los mares cambió de forma radical; esa transformación habría reducido la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera y empujado al planeta hacia un clima mucho más frío, marcando el inicio del mundo helado que hoy se conoce.
Cuando el océano cambió las reglas del clima
La investigación dirigida por la Universidad de Southampton y publicada en Proceeding of the National Academy of Sciences (PNAS) señala que, hace unos 66 millones de años, los mares contenían mucha más cantidad de calcio disuelto que en la actualidad. Con el paso de millones de años, esa presencia se redujo de manera drástica, hasta quedar por debajo de la mitad de sus niveles originales. Este cambio, aparentemente invisible, tuvo consecuencias enormes.
El autor principal, el Dr. David Evans, científico oceánico y terrestre de Southampton comentó que:
“Nuestros resultados muestran que los niveles de calcio disuelto eran dos veces más altos al comienzo de la Era Cenozoica, poco después de que los dinosaurios vagaran por el planeta, en comparación con la actualidad”.

Con altas concentraciones de calcio, los océanos retenían menos carbono y liberaban más dióxido de carbono al aire. Pero cuando ese elemento comenzó a escasear, el comportamiento del mar se transformó:
- Empezó a absorber grandes volúmenes de CO₂ de la atmósfera.
El resultado fue un enfriamiento global sostenido que, según los cálculos del equipo científico, pudo reducir la temperatura media del planeta entre 15 y 20 grados centígrados.
Lejos de descartar las teorías previas, este hallazgo suma una pieza nueva al rompecabezas. El enfriamiento del Cenozoico no habría tenido una sola causa, sino varios motores actuando al mismo tiempo, entre ellos la química del agua marina.

Fósiles diminutos y pistas gigantes del pasado
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron restos microscópicos de antiguos organismos marinos conservados en sedimentos del fondo del océano.
Estos fósiles, conocidos como foraminíferos, guardan en su composición una especie de registro químico del agua en la que vivieron; gracias a ellos, fue posible reconstruir con gran precisión cómo variaron los elementos del océano a lo largo del tiempo.
Los datos revelaron una relación directa entre la cantidad de calcio en el mar y los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera.
“Este cambio podría haber modificado la composición de la atmósfera, bajando así el termostato del planeta”, comenta Evans.

A medida que la química oceánica se modificaba, también lo hacía la forma en que la vida marina almacenaba el carbono en el fondo del océano, atrapándolo durante millones de años y evitando que regresara al aire.
El estudio también encontró coincidencias entre esta caída del calcio y la ralentización de la creación de nuevo suelo oceánico, un proceso ligado a la actividad volcánica submarina.
Al disminuir ese intercambio entre rocas y agua, el mar fue cambiando poco a poco su composición, con efectos que terminaron alterando el “termostato” del planeta.
“Es posible que los cambios en estos procesos profundos de la Tierra sean en última instancia responsables de gran parte de los grandes cambios climáticos que han tenido lugar a lo largo del tiempo geológico”, concluyó Evans.










