¿Es posible observar una luz en un lugar donde no existe ninguna fuente que la produzca? Aunque parezca difícil de creer, esto fue lo que sucedió en Bretaña, Francia, donde desde 1937 varios habitantes aseguraban distinguir una iluminación que parecía salir de un faro ubicado mar adentro.
Lo desconcertante era que en aquella zona no había ninguna edificación de ese tipo: el resplandor provenía de un faro verdadero situado detrás de quienes lo observaban.

Este efecto visual, denominado ilusión del ‘faro fantasma’, no se limita a las costas francesas. También se ha registrado en otros rincones del mundo, como la isla Lady Elliot, en Australia, donde algunos turistas describen destellos que parecen aparecer en el horizonte desde 1995.
Ahora, casi nueve décadas después de los primeros testimonios, un grupo de investigadores logró plantear una explicación científica sobre el origen de esta peculiar percepción.
La investigación, titulada Un análisis bayesiano de la ilusión del faro fantasma y publicada en la revista Open Mind: Discoveries in Cognitive Science, explica por qué el cerebro puede hacer que una persona perciba un faro en un lugar donde no existe. El fenómeno se presenta cuando la luz de una estructura giratoria parece proceder de un punto diferente a su ubicación real.

Según los investigadores, esto ocurre porque el sistema visual subestima la distancia de las partes más lejanas del haz luminoso. Para interpretar lo que observa, el cerebro recurre a experiencias anteriores y a patrones que ha aprendido del entorno. Este mecanismo, conocido como inferencia bayesiana, puede llevarlo a calcular de manera equivocada la procedencia de la luz y hacer que parezca surgir de otro punto del horizonte.
El estudio también aborda una ilusión relacionada: la sensación de que los haces de luz de los faros, aunque suelen proyectarse casi paralelos al suelo, se curvan hacia abajo. Los científicos consideran que ambas percepciones tienen un origen similar, pues están relacionadas con la forma en que el cerebro interpreta las distancias.

Para poner a prueba su explicación, el equipo desarrolló un experimento de realidad virtual en el que participaron 30 personas. Los resultados respaldaron la hipótesis y permitieron establecer distancias aproximadas a partir de las cuales comienza a manifestarse la ilusión.
A través de modelos matemáticos y pruebas en entornos virtuales y reales, los investigadores buscan demostrar que estas percepciones no son simples errores de observación, sino el resultado de los mecanismos que utiliza el cerebro para darle sentido a la información visual.
Aunque los hallazgos ofrecen una explicación sobre cómo se produce el llamado faro fantasma, los autores advierten que todavía se necesitan más pruebas en condiciones reales para confirmar los resultados.
