La Gran Pirámide de Guiza continúa siendo la única de las siete maravillas del mundo antiguo que permanece en pie, pese a siglos de desgaste, saqueos y fuertes movimientos sísmicos. Aunque perdió gran parte de su recubrimiento original de piedra caliza blanca, la estructura atribuida al faraón Keops conserva una estabilidad sorprendente en medio del desierto de Egipto.

Según una investigación reciente publicada en la revista Nature, la resistencia de esta monumental obra estaría relacionada con el conocimiento geotécnico aplicado en su construcción y con la forma en que responde a las vibraciones del terreno. Los expertos señalan que la pirámide no solo destaca por su enorme tamaño, sino también por la manera en que logra disminuir el impacto de los terremotos al interactuar mínimamente con el suelo sobre el que fue edificada.
Durante un terremoto, las edificaciones pueden sufrir graves daños cuando su frecuencia natural de vibración coincide con la del movimiento del suelo. Este fenómeno provoca que las estructuras se balanceen con mayor intensidad, aumentando el riesgo de grietas o incluso de colapso.

Para analizar el comportamiento de la Gran Pirámide de Guiza, un grupo de investigadores encabezado por el sismólogo Asem Salama, del Instituto Nacional de Investigación de Astronomía y Geofísica de Egipto, instaló 37 sensores en distintas zonas del monumento.
Los dispositivos fueron ubicados en cámaras internas, corredores, bloques exteriores y en el terreno cercano, con el objetivo de registrar pequeñas vibraciones producidas por factores ambientales como el viento, el tráfico y las olas del mar a larga distancia.

Las mediciones revelaron una diferencia importante entre las vibraciones del suelo y las de la pirámide. Mientras el terreno cercano presenta una frecuencia dominante aproximada de 0,6 Hz, la estructura oscila entre 2,0 y 2,6 Hz, con un promedio de 2,3 Hz. Según los expertos, esta separación entre frecuencias impediría que la construcción entre en resonancia con el suelo durante un sismo, lo que ayudaría a explicar su extraordinaria resistencia a lo largo de miles de años.
Los investigadores explicaron que la diferencia entre la frecuencia de vibración del suelo y la de la Gran Pirámide de Guiza resulta fundamental para su estabilidad. Al no coincidir ambas frecuencias, la estructura evita entrar en resonancia durante los terremotos, lo que reduce considerablemente la transferencia de energía sísmica, resistiendo mejor a los movimientos del terreno y disminuyendo el riesgo de daños severos.

No obstante, las nuevas observaciones sugieren que estas cámaras también podrían cumplir un papel importante frente a los terremotos. Aunque están situadas a casi 61 metros de altura, en esa zona las vibraciones disminuyen de manera significativa.
Según los expertos, la presencia de espacios vacíos y cambios geométricos dentro de la estructura ayuda a interrumpir el paso de las ondas sísmicas y a disipar parte de la energía generada por los temblores.
De esta manera, las cámaras no solo servirían para soportar la presión del peso superior, sino también como una especie de amortiguador sísmico natural. Aun así, el sismólogo Asem Salama aclaró que todavía no existen pruebas concluyentes para afirmar que los antiguos constructores egipcios diseñaron la pirámide con una intención específica de protección antisísmica, por lo que esa posibilidad continúa siendo una hipótesis.
