Las estafas telefónicas se han convertido en una de las modalidades de fraude que ponen en riesgo a los usuarios. A través de llamadas, los ciberdelincuentes buscan engañar a las personas para obtener información personal, acceder a sus cuentas bancarias o conseguir que realicen acciones que puedan perjudicarlas. El anonimato que ofrecen los medios digitales también dificulta identificar quién está detrás de estos engaños.

Aunque existen filtros para detectar números sospechosos y herramientas que advierten sobre posibles fraudes, los ciberdelincuentes siguen recurriendo a estrategias de manipulación para ganarse la confianza de sus víctimas. En muchos casos, utilizan el miedo, la presión o la urgencia para conseguir que las personas actúen sin detenerse a comprobar si la información que reciben es verdadera.
Ante esta situación, las autoridades de distintos países alertan constantemente sobre las modalidades de estafa más frecuentes y las medidas que pueden ayudar a prevenirlas. Una de estas recomendaciones fue difundida por la Policía de España, según el diario El Economista, que señala un método sencillo para reducir el riesgo de caer en este tipo de engaños.
Se trata del método LAP, una estrategia que propone tres aspectos que conviene revisar antes de confiar en una llamada desconocida: Localización, Autor y Propósito.

El primer paso consiste en comprobar la procedencia de la llamada mediante el prefijo telefónico. Aunque este dato puede dar pistas sobre el origen de la comunicación, no garantiza que la llamada sea legítima, por lo que es importante prestar atención a las siguientes señales.
La segunda clave es identificar quién está llamando. Si la persona asegura ser un familiar, un conocido o un representante de una entidad, conviene verificar su identidad antes de continuar la conversación. Para ello, se puede hacer una pregunta cuya respuesta permita confirmar si realmente se trata de quien dice ser.
Por último, es necesario establecer cuál es el propósito de la llamada. Si el motivo resulta extraño, poco convincente o incluye solicitudes inesperadas de información personal o bancaria, lo más prudente es desconfiar. Ante cualquier sospecha, se recomienda finalizar la comunicación sin compartir datos ni realizar operaciones.

Esta precaución es especialmente importante porque las llamadas permiten a los estafadores interactuar directamente con sus posibles víctimas. A diferencia de un mensaje o un enlace, que puede revisarse con más calma, una conversación telefónica les da la oportunidad de adaptar su discurso según las respuestas que reciben, insistir ante las dudas y generar una sensación de urgencia.
Por eso, la recomendación principal es no dejarse presionar, verificar cualquier información por canales oficiales y evitar compartir datos personales o financieros durante una llamada sospechosa.
