Un grupo de investigadores australianos logró que neuronas humanas cultivadas en laboratorio y conectadas a un chip de silicio aprendieran a jugar Doom, un popular videojuego de disparos de los años 90, señalado como el “padre” de los videojuego de disparos y también viral porque podría ser jugado en muchos tipos de dispositivos además de consolas de videojuegos. El avance, desarrollado por Cortical Labs, representa un nuevo paso en el desarrollo de los llamados “ordenadores biológicos”.

De un juego simple a un mundo en 3D
Las células cerebrales ya habían demostrado capacidades de aprendizaje al dominar Pong, uno de los videojuegos más clásicos de la historia. Sin embargo, el nuevo reto fue mucho más complejo debido a los escenarios tridimensionales y la necesidad de reaccionar ante enemigos.
“Al nivel de un principiante que nunca ha jugado a un videojuego”, explicó a la AFP Alon Loeffler, científico principal de aplicaciones de Cortical Labs, sobre el desempeño inicial de las neuronas.

Con el tiempo, las células comenzaron a mejorar su comportamiento. “Chocaban mucho contra las paredes, disparaban a las paredes, se daban la vuelta, hacían cosas raras como esas”, relató Loeffler. “Y, finalmente, empezaron a apuntar a los enemigos con más regularidad y precisión”.
Cómo funciona el experimento
Los investigadores transformaron los elementos del videojuego en señales eléctricas que las neuronas podían interpretar. Cuando aparecía un enemigo, determinados electrodos estimulaban las células, generando respuestas como moverse o disparar.

Toda esta actividad se realiza mediante el chip CL1, una plataforma que contiene alrededor de 200.000 células cerebrales humanas obtenidas a partir de células madre derivadas de donaciones de sangre.
Más allá de los videojuegos
Según Cortical Labs, esta tecnología podría utilizarse en áreas como el desarrollo de medicamentos y sistemas de aprendizaje automático inspirados en el cerebro humano.
“Apenas estamos empezando a vislumbrar lo que estos cultivos neuronales pueden llegar a lograr cuando se integran en sistemas como nuestro CL1”, afirma Brett Kagan, director científico y de operaciones de la compañía.
Aunque las células tienen una vida útil limitada y todavía no producen resultados completamente consistentes, expertos consideran que su principal ventaja podría ser la eficiencia energética frente a los chips tradicionales.
“No se trata de ciencia descabellada ni de un grupo de estafadores. Es ciencia de verdad y está logrando avances reales”, aseguró William Keating, director ejecutivo de la firma de investigación de semiconductores Ingenuity.
*Con información de AFP.
