A menudo, cuando el recibo de electricidad llega con aumentos inesperados, se suele señalar al uso de ventiladores o aires acondicionados por el calor. Sin embargo, el verdadero responsable podría ser el electrodoméstico que nunca descansa: el refrigerador.

Este electrodoméstico, al estar encendido las 24 horas, cualquier fallo mínimo o un ajuste inadecuado en su funcionamiento se traduce rápidamente en un gasto excesivo que pocos notan a tiempo.
El mito del frío extremo: ¿por qué bajar la temperatura sale tan caro?
Uno de los fallos más habituales en las casas es creer que, para que la comida dure más, el refrigerador debe estar al máximo nivel de frío. Los especialistas indican que este es un error costoso, ya que obliga al equipo a trabajar con una intensidad innecesaria.

“Este se sitúa en torno a 4 °C, aunque puede oscilar entre los 3 y los 5, en función de lo vacía o lo llena que esté; la del congelador, por su parte, es -17 °C o -18 °C”, recomienda la empresa de energía Iberdrola.
Si se baja de estos niveles, no solo se corre el riesgo de congelar y dañar alimentos como frutas y verduras, sino que el consumo de energía subirá sin ofrecer ningún beneficio real de conservación.
Fugas invisibles: el hule que drena su cartera
Existe un componente fundamental llamado empaque o sello, que es la tira de hule flexible alrededor de la puerta. Su misión es sellar herméticamente el aparato para que el aire frío no se escape y el calor del exterior no entre.

Cuando este hule se desgasta, se rompe o se ensucia, se crean pequeñas grietas por donde se fuga el frío. Esto provoca que el compresor (el motor encargado de enfriar) se mantenga encendido mucho más tiempo de lo debido para compensar la pérdida, lo que dispara el consumo eléctrico y acorta la vida de su nevera.
Ubicación estratégica y limpieza olvidada
El lugar donde coloca su refrigerador determina qué tan duro tiene que trabajar el motor. Si el aparato está junto a la estufa, le pega el sol directamente o está en un rincón sin ventilación, sufrirá para liberar el calor interno.
Es fundamental dejar un espacio de seguridad de varios centímetros entre la parte trasera del refrigerador y la pared. Asimismo, se recomienda limpiar el condensador, que son las rejillas o tubos de la parte posterior, ya que la acumulación de polvo actúa como una cobija que impide que el calor salga, haciendo que el aparato gaste más luz para enfriar.
