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Rompió récord la mascota más longeva en la historia, vive en un tanque de laboratorio inadvertida para la ciencia

Durante más de dos décadas, un invertebrado marino vivió en un laboratorio sin que nadie midiera realmente su edad.

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23 de enero de 2026, 6:54 p. m.
Un análisis genético reveló que una mascota universitaria había superado por décadas el récord conocido de su especie.
Un análisis genético reveló que una mascota universitaria había superado por décadas el récord conocido de su especie. Foto: Stephen Salpukas/William & Mary

Durante años, pasó casi desapercibida en un tanque de laboratorio, observada más con curiosidad que con rigor científico. Sin embargo, una criatura escarlata, alargada y silenciosa terminó rompiendo un récord que obliga a replantear lo que se sabía sobre la longevidad de ciertos invertebrados marinos.

Se trata de Baseodiscus el Mayor, un gusano cinta que, sin proponérselo, se convirtió en la mascota más longeva documentada en la historia de su grupo.

Un invertebrado que desafió los límites conocidos de la longevidad

En los laboratorios de biología marina no es habitual que una mascota termine convertida en protagonista de un hallazgo científico. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurrió con Baseodiscus el Mayor, un alargado y escurridizo gusano cinta de casi un metro de longitud que ha acompañado durante más de dos décadas la carrera académica del biólogo Jon Allen.

Según un estudio publicado en la revista Journal of Experimental Zoology, “B”, como Allen la llama cariñosamente, tiene al menos 26 años, aunque probablemente se acerque más a los 30. Esto la convierte en el gusano cinta más longevo jamás documentado en la literatura científica, superando ampliamente el récord previo en laboratorio, que apenas alcanzaba los tres años.

La colaboración entre un profesor y su exalumna permitió revelar la edad real de un animal que parecía común.
Un estudio científico confirmó que un invertebrado casi ignorado superó por décadas el récord previo de su especie. Foto: Stephen Salpukas/William & Mary

La estimación fue posible gracias a una colaboración entre Allen, profesor en el College of William & Mary, y su exalumna Chloe Goodsell, quien impulsó el análisis genético del animal con el apoyo de Svetlana Maslakova, experta en genética de nemertinos del Instituto de Biología Marina de Oregón.

Una vida errante siguiendo la carrera de un científico

La historia de B es también un relato poco común de ciencia y afecto. Según el comunicado del College of William & Mary, fue adoptado por Allen en 2005, cuando este aún cursaba su doctorado. El gusano fue rescatado junto a otros invertebrados que quedaron sin cuidador tras una remodelación en la Universidad de Carolina del Norte.

Desde entonces, como recoge Science Alert, este invertebrado marino llevó una vida nómada inusual para su especie: de Washington a Carolina del Norte, luego a Maine y finalmente a Virginia, siempre acompañando los distintos pasos de la carrera académica de Allen.

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De curiosidad de aula a descubrimiento científico inesperado

Durante gran parte de ese tiempo, B no formó parte de ningún proyecto formal de investigación. Cada otoño aparecía en clases universitarias como un ejemplo vivo de los nemertinos, despertando fascinación inmediata por su tamaño y coloración. “Tiene un precioso color rojo, una piel suave y es muy flexible y ágil. Es encantador”, comentó Allen en una entrevista con Gizmodo.

El punto de inflexión llegó cuando Goodsell formuló una pregunta sencilla pero decisiva: ¿cuántos años tiene este gusano? La inquietud llevó a un análisis genético que no solo permitió estimar su edad, sino también confirmar que pertenece a la especie Baseodiscus punnetti, de la cual apenas existe otro ejemplar caracterizado genéticamente.

Un análisis reveló que aquel ejemplar usado en clases pertenecía a una especie casi inédita para la ciencia.
La curiosidad académica transformó a un llamativo gusano de laboratorio en objeto de estudio genético. Foto: Stephen Salpukas/William & Mary

La dificultad radica en que los gusanos cinta carecen de indicadores anatómicos de envejecimiento. No tienen anillos ni estructuras duras que permitan datarlos. Como explicó Popular Science, ante la ausencia de marcadores físicos, la única forma fiable de estimar su edad es convivir con ellos durante décadas.

Un hallazgo clave para entender los ecosistemas del fondo marino

Aunque B no ostenta el récord de longitud —que corresponde a un ejemplar escocés de 55 metros descrito en 1864—, su longevidad lo convierte en una referencia única para comprender el ciclo vital de estos invertebrados. Y el impacto va más allá de la anécdota.

Los gusanos cinta, también conocidos como nemertinos, son depredadores relevantes en los ecosistemas bentónicos. Como señaló Allen a Gizmodo, se trata de organismos “que viven durante décadas y, a menudo, depredadores de alto nivel en los ecosistemas bentónicos”, por lo que, según él, deberían estudiarse más.

*Con información de DW.


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