Seis dientes hallados en China, con unos 400.000 años de antigüedad, aportan una pista inesperada sobre quiénes son los humanos. El estudio, liderado por Qiaomei Fu, de la Academia China de Ciencias, fue publicado en la revista Nature.

Cuando el ADN ya no alcanza
Los restos pertenecen a Homo erectus, una especie humana antigua, y proceden de tres yacimientos, entre ellos Zhoukoudian, donde se encontró al célebre “Hombre de Pekín”.
Como el material genético se degrada con el tiempo, el equipo analizó las proteínas del esmalte, el tejido más duro del cuerpo, que resisten mucho más.
Una pista que llega recientemente
Entre esas proteínas apareció un rasgo que también tienen los denisovanos, otro grupo humano antiguo conocido sobre todo por una cueva en Siberia. Hoy ese mismo rasgo está presente en un 21 % de las personas en Filipinas y en cerca de un 1 % en India.
De acuerdo con la investigación, los grupos de Homo erectus que habitaron el este de Asia habrían transmitido esta variante genética a los denisovanos mediante cruces entre ambas poblaciones. Posteriormente, ese rasgo habría llegado a los antepasados de los habitantes actuales del sudeste asiático y Oceanía, estableciendo una conexión entre los antiguos humanos y parte de la población que vive hoy en esa región.

Durante décadas se consideró que otras especies humanas habían desaparecido sin dejar descendientes. Según señalan, los neandertales, el Homo erectus y otros parientes antiguos eran vistos como ramas evolutivas que no tuvieron continuidad. Sin embargo, los nuevos hallazgos han cambiado esa interpretación y cuestionan la idea de que los humanos modernos reemplazaron por completo a las poblaciones anteriores.
Mezclas por todas partes
De acuerdo con la investigación, los cruces entre distintas especies humanas antiguas fueron más frecuentes de lo que se pensaba. Una muestra de ello es que las personas que viven fuera de África conservan cerca de un 2 % de ADN neandertal.
Esto significa que la composición genética de los humanos actuales no proviene exclusivamente de una sola población, sino que reúne aportes de diferentes grupos que se mezclaron a lo largo de la evolución.
Preguntas abiertas
Todavía se desconoce qué efecto tiene la variante hallada. En otros casos, rasgos heredados de los denisovanos parecen influir en el sistema inmunitario, lo que sugiere que estas herencias pudieron ayudar a adaptarse a nuevos entornos.
Quedan también grupos de los que no hay datos moleculares, como el diminuto Homo floresiensis, apodado “hobbit”, o Homo luzonensis, de Filipinas. Aplicar el mismo método a sus restos podría revelar si también dejaron huella.
El Homo floresiensis fue una especie del género Homo, extraordinaria por el pequeño tamaño de su cuerpo, de apenas un metro #CuartoMilenioOdisea pic.twitter.com/sPQHa2SFds
— Iker Jiménez (@navedelmisterio) November 24, 2019
Para explicar este proceso, se plantea que la evolución humana no debería representarse como un árbol con ramas separadas, sino como un río trenzado en el que diferentes poblaciones se encontraron y mezclaron. El estudio demuestra que, aunque algunos grupos humanos antiguos desaparecieron, parte de su herencia permaneció en las generaciones posteriores y todavía está presente en las personas que viven hoy.
