En una de las zonas más aisladas y frías del planeta, la NASA identificó una formación natural en la Antártida que llamó la atención por su parecido con una calavera gigante. La imagen muestra lo que parece ser un cráneo con una cavidad ocular oscura y una mandíbula alargada.

La fotografía, que fue difundida el 30 de octubre por el Observatorio de la Tierra de la NASA, fue captada por uno de los satélites encargados de monitorear la superficie terrestre. Aunque su aspecto parece sacado de una película, la agencia aclaró que no se trata de una imagen creada con IA ni de una composición artificial, sino de una combinación de hielo, rocas y sedimentos glaciares.
Más allá de su particular apariencia, la formación también deja en evidencia un fenómeno que preocupa a los investigadores. Las condiciones del invierno antártico dejaron extensas superficies de hielo expuestas, una circunstancia que podría favorecer un mayor derretimiento durante los meses siguientes y generar cambios en el paisaje de esta región del planeta.

¿Qué apareció entre los glaciares de la Antártida?
La formación fue localizada en la isla Vega, situada en el mar de Weddell, al este de la península antártica. Desde la perspectiva satelital, las características del terreno crean una figura similar al perfil de una calavera humana que parece estar orientada hacia otra zona cercana conocida como Devil Island o isla del Diablo.
Cada elemento de esta particular silueta tiene una explicación geológica. La cavidad que parece una cuenca ocular corresponde a un nunatak, una elevación rocosa que sobresale de la superficie congelada. Por su parte, la zona que simula una boca está formada por una morrena lateral, mientras que el glaciar Bahía del Diablo contribuye a delinear lo que parece ser la mandíbula.

Este fenómeno visual recibe el nombre de pareidolia, un proceso mediante el cual el cerebro identifica formas conocidas, como rostros y figuras humanas, en elementos naturales que no tienen esas características. Aunque la apariencia de la calavera despertó curiosidad, las imágenes también permitieron observar cambios importantes en las condiciones de la superficie antártica.
Para analizar estas variaciones, la NASA comparó dos fotografías captadas por el satélite Landsat 9, una del 22 de marzo de 2025 y otra del 10 de octubre de 2026. Mientras que en la primera una capa de nieve cubría gran parte del terreno, en la segunda se observaban amplias extensiones descubiertas, que dejaban expuestas zonas de hielo con tonalidades más oscuras.

Los cambios en el hielo que generan mayor preocupación
El glaciólogo Mauri Pelto, del Nichols College, explicó a la NASA que las temperaturas más altas de lo habitual registradas durante el invierno de 2026, especialmente en junio, favorecieron que grandes extensiones de hielo permanecieran descubiertas hasta octubre. A este comportamiento también contribuyeron la poca acumulación de nieve nueva, la sublimación y la acción del viento, factores que modificaron las condiciones de la superficie antártica.
Esta situación representa una preocupación debido a la manera en que el hielo y la nieve interactúan con la radiación solar. Mientras que las superficies blancas reflejan buena parte de la energía del Sol, el hielo oscuro absorbe más calor y puede calentarse con mayor facilidad, lo que favorece el derretimiento. Por esta razón, la falta de nieve podría acelerar la pérdida de hielo durante el verano austral.

Por otra parte, la NASA señaló que el glaciar Bahía del Diablo permanece bajo seguimiento desde hace varias décadas y que las investigaciones iniciadas a finales de los años noventa han registrado una disminución de su masa.
Otras áreas de la isla Vega también presentan retroceso glaciar y una mayor exposición de superficies rocosas. Además, esta región tiene un antecedente histórico: en 1903 fue escenario del reencuentro de exploradores suecos que habían quedado aislados durante el invierno antártico y cuyo rescate contó con la participación de una expedición argentina.
