La espera por fin ha terminado. Después de 20 años de estudio sobre algunos de los fenómenos más energéticos del universo, el telescopio espacial Swift de la NASA llegó al final de su misión este miércoles, 4 de noviembre. El observatorio abandonó su órbita y reingresó a la atmósfera terrestre sobre Indonesia, donde se desintegró debido a las altas temperaturas.

El satélite, conocido como Observatorio Neil Gehrels Swift, tenía un peso aproximado de 1.452 kilogramos. Su caída ocurrió aproximadamente tres meses después de que fracasara una operación de rescate que buscaba trasladarlo a una órbita más elevada para prolongar su funcionamiento en el espacio.
De acuerdo con la Fuerza Espacial de Estados Unidos, el reingreso se produjo en horas de la mañana del este, cuando el telescopio ingresó a la atmósfera superior a una velocidad cercana a 22 veces la del sonido. El acontecimiento tuvo lugar sobre Sumatra Septentrional, una provincia de Indonesia situada a unos 322 kilómetros al norte de la línea ecuatorial.

La NASA había previsto que el calor generado por la fricción durante el descenso destruyera la mayor parte de la estructura a gran altitud. Aunque existía la posibilidad de que algunos fragmentos resistieran el reingreso y alcanzaran la superficie, la agencia confirmó que no se reportaron personas heridas ni daños materiales relacionados con la caída.
Aunque no se precisó qué tan cerca ocurrió el reingreso del telescopio de Medan, la ciudad más grande de Sumatra Septentrional, las autoridades habían considerado que el riesgo para la población era mínimo. La Fuerza Espacial estimó que la probabilidad de que una persona resultara afectada por los restos era de una entre 2.100.

Por su parte, Dean Sladen, ingeniero aeroespacial de la compañía británica Accu Components, había señalado antes del descenso que solo se esperaba “un puñado de fragmentos pequeños y calcinados”. Según explicó, “nada que pudiera reconocerse como un telescopio”.
Además, el ingeniero aeroespacial británico explicó en detalle lo que se esperaba encontrar tras el reingreso: “A unos 78 kilómetros, la estructura principal se desintegra. Los paneles solares y antenas son los primeros en desprenderse. Todo se derrite y se vaporiza”.
El observatorio fue lanzado en 2004 con el propósito de estudiar los brotes de rayos gamma, considerados entre las explosiones más energéticas del universo.

Aunque inicialmente se proyectó que su misión científica duraría apenas dos años, el telescopio Swift superó ampliamente las expectativas y permaneció más de 20 años recopilando información del universo.
Durante ese periodo, se convirtió en un observatorio versátil, capaz de captar diferentes tipos de radiación, reaccionar rápidamente ante destellos cósmicos y enviar alertas a otros centros de investigación para facilitar el seguimiento de estos fenómenos.

Antes de finalizar la misión, la Nasa evaluó diferentes alternativas para elevar nuevamente la órbita del telescopio, entre ellas, la posibilidad de recuperarlo mediante otra nave espacial. Sin embargo, los intentos no prosperaron, por lo que el observatorio continuará perdiendo altura hasta su reingreso a la Tierra, sin que exista una maniobra de recuperación prevista.
Gracias a sus observaciones, la comunidad científica logró ampliar sus conocimientos sobre diversos acontecimientos y cuerpos celestes. Entre sus investigaciones se encuentran las galaxias activas impulsadas por agujeros negros supermasivos, las estrellas que producen intensas emisiones de rayos X, las explosiones de supernovas y otros objetos del sistema solar, como cometas y asteroides.
