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Predijeron que el fin del mundo sería el 13 de noviembre de 2026: ¿qué hay detrás de esta antigua teoría?

Tres investigadores desarrollaron un modelo que señalaba esa fecha como un momento crítico para la humanidad.

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6 de noviembre de 2026 a las 9:25 a. m.
Imagen de referencia sobre teoría del fin del mundo el 13 de noviembre.
Imagen de referencia sobre teoría del fin del mundo el 13 de noviembre. Foto: Getty Images

A lo largo de la historia han surgido numerosas teorías que intentan anticipar cuándo y cómo podría acabarse el mundo. Algunas de estas hipótesis han sido planteadas por científicos a partir de investigaciones, modelos matemáticos y análisis de fenómenos que podrían representar una amenaza para la humanidad.

Entre los escenarios más mencionados están el impacto de un asteroide capaz de provocar una catástrofe global, una guerra nuclear que desencadene una crisis climática e, incluso, los riesgos asociados al desarrollo de la inteligencia artificial.

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Sobre este último tema, existe preocupación por la posibilidad de que sistemas cada vez más avanzados lleguen a desarrollar capacidades difíciles de controlar y persigan objetivos contrarios a los intereses humanos.

En medio de estas especulaciones, una antigua hipótesis ha vuelto a llamar la atención, especialmente porque planteaba una fecha que está próxima a cumplirse: el 13 de noviembre de 2026. Según esta teoría, ese día marcaría un límite para el crecimiento de la población mundial, lo que algunos han relacionado con una supuesta predicción sobre el fin del mundo.

La propuesta fue desarrollada por tres investigadores, entre ellos el especialista en cibernética Heinz von Foerster, quienes elaboraron un modelo matemático que situaba esa fecha como un punto crítico para la humanidad. Sus conclusiones fueron publicadas en la revista científica Science.

Para llegar a ese resultado, los investigadores examinaron cerca de 24 estimaciones sobre la población humana a lo largo de los últimos 2.000 años. A partir de esos datos, identificaron cómo los avances tecnológicos, científicos y la cooperación entre las sociedades habían impulsado el crecimiento demográfico.

Imagen de referencia sobre exceso de población.
Imagen de referencia sobre exceso de población. Foto: Getty Images

El modelo advertía que, si esa tendencia continuaba, las futuras generaciones podrían enfrentarse a niveles extremos de sobrepoblación. De hecho, sus cálculos coincidieron con relativa precisión con las cifras registradas durante las décadas de 1960, 1970 y 1980.

No obstante, Von Foerster también reconocía que el desarrollo científico y tecnológico podía contribuir a enfrentar los desafíos derivados del aumento de habitantes. Más que anunciar una catástrofe inevitable, su planteamiento buscaba llamar la atención sobre la necesidad de debatir y adoptar medidas frente al crecimiento demográfico.

Con el paso de los años, sin embargo, el panorama tomó un rumbo diferente. Como explicó Popular Science, el pronóstico no se cumplió: aunque la población mundial ronda actualmente los 8.300 millones de personas, su ritmo de crecimiento se ha desacelerado y numerosos países registran una disminución de las tasas de natalidad.

Este cambio también modificó las preocupaciones de los expertos. El temor a una sobrepoblación descontrolada ha dado paso a otros desafíos, como el envejecimiento de la población y la reducción del número de habitantes en distintas regiones del mundo.

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Imagen de referencia sobre el fin del mundo. Foto: Getty Images

Uno de los principales desaciertos del modelo fue asumir que las tendencias demográficas del pasado continuarían indefinidamente, sin anticipar los cambios sociales y económicos que transformarían los patrones de natalidad. Aunque sus cálculos describían con cierta precisión el comportamiento poblacional de su época, no contemplaban las nuevas condiciones que terminarían modificándolo.

Por lo tanto, el 13 de noviembre de 2026 no representa una fecha confirmada para el fin del mundo. Se trata de una proyección matemática sobre el crecimiento demográfico, cuyo carácter llamativo y satírico ha contribuido a que, décadas después, vuelva a circular como una supuesta predicción apocalíptica.