Una de las características que más llama la atención es la capacidad de algunas personas para realizar movimientos sorprendentes con la lengua que, a simple vista, parecen imposibles. Este tipo de habilidades suele asociarse con la genética; sin embargo, la ciencia y la psicología han demostrado que no dependen únicamente de ella.
Desde curvarla en forma de ‘U’ hasta darle formas más complejas, como un trébol o incluso girarla sobre sí misma en ángulos extremos, estas habilidades sorprenden tanto de quienes las ejecutan como de quienes no pueden hacerlo. Mientras para unos se trata de una curiosidad sin mayor relevancia, para otros resulta desconcertante.

Investigaciones indican que solo cerca del 1,5% de la población mundial puede llevar a cabo este tipo de movimientos, los cuales son considerablemente más complejos que el clásico “lengua de taco”. Durante mucho tiempo, esta habilidad se explicó como un rasgo puramente hereditario, que dependía exclusivamente de contar con un gen específico: quien lo tenía podía hacerlo y quien no, simplemente no.
No obstante, esta habilidad de girar la lengua hasta cerca de 180 grados no responde a un único factor genético, sino a la interacción de múltiples elementos. De acuerdo con lo citado por La Razón, se descarta la existencia de un supuesto “gen de la lengua”, evidenciando que incluso personas con el mismo ADN, como los gemelos idénticos, pueden presentar diferencias en esta destreza.

Estudios calculan que entre el 60% y el 80% de la población puede ejecutar movimientos relativamente complejos con la lengua. Sin embargo, al hablar de maniobras más avanzadas, entran en juego aspectos como la coordinación muscular, la práctica, la conciencia corporal e incluso factores ligados al lenguaje.
Según un estudio publicado en el Journal of Clinical & Diagnostic Research, el idioma que una persona habla puede influir en la movilidad de la lengua y en la habilidad para enrollarla. La investigación incluyó a 450 estudiantes de medicina de Malasia, de tres grupos étnicos distintos: malayos, chinos malayos e indios malayos, quienes hablaban diferentes lenguas nativas.

Los resultados indicaron que los indios malayos mostraban una mayor destreza en los movimientos de la lengua en comparación con los otros grupos. Los investigadores concluyeron que la capacidad de realizar ciertos movimientos está vinculada a las exigencias del idioma que se habla; quienes usan lenguas que requieren más movilidad lingual tienden a desarrollar más facilidad para ejecutar distintas formas.
Esto se asemeja a habilidades como silbar, levantar una ceja o pronunciar la “r” vibrante: existe un componente biológico, pero también es clave la práctica y el ensayo constante.
