Un hallazgo paleontológico podría cambiar la comprensión sobre el origen de los mamíferos. El descubrimiento de un embrión fosilizado de Lystrosaurus, una especie que habitó la Tierra hace unos 250 millones de años, aporta la primera evidencia directa de que los ancestros de los mamíferos ponían huevos, una hipótesis que durante décadas había permanecido sin confirmación.
Un enigma científico que llevaba casi dos siglos
Durante más de 180 años, la comunidad científica sostuvo la teoría de que los terapsidos —grupo al que pertenecen los ancestros de los mamíferos— eran ovíparos. Sin embargo, no existía una prueba fósil concluyente.
El nuevo hallazgo, publicado en la revista PLOS One, cambia ese panorama. Según los autores, el descubrimiento “demuestra finalmente que los terapsidos eran, efectivamente, animales que ponían huevos. Este descubrimiento arroja nueva luz sobre la estrategia reproductiva y de supervivencia de ese grupo de animales”, escriben en una publicación de The Conversation.
Un superviviente de la mayor extinción de la Tierra
El Lystrosaurus vivió durante la llamada “Gran Mortandad”, la extinción masiva más devastadora registrada, en la que desapareció hasta el 90 % de las especies del planeta.

En un entorno extremo, marcado por ceniza, lava, lluvias ácidas y océanos contaminados, este herbívoro logró sobrevivir. Los investigadores plantean que su capacidad para poner huevos habría sido una ventaja evolutiva clave para resistir esas condiciones hostiles.
Un fósil hallado hace años que guardaba respuestas
Los restos fueron descubiertos en 2008 por el paleontólogo John Nyaphuli en la región del Karoo, en Sudáfrica. No obstante, solo ahora, gracias a nuevas tecnologías, se ha podido analizar en profundidad el ejemplar.
El estudio revisa un embrión que aparentemente murió dentro del huevo, junto a otros fósiles de crías de la misma especie, lo que permitió reconstruir aspectos cruciales de su desarrollo.
Tecnología moderna para revelar secretos antiguos
En el momento del hallazgo, los científicos no contaban con herramientas avanzadas para examinar el interior del fósil. En esta nueva investigación, utilizaron una “potente fuente de rayos X para obtener imágenes del interior de los huesos del embrión”.
Gracias a este procedimiento, “el fósil desveló todos los secretos que había guardado durante tanto tiempo; y lo más importante, su fase de desarrollo”, afirman.

La coautora Jennifer Botha, paleontóloga de la Universidad de Witwatersrand, señaló que desde el principio sospechó la naturaleza del hallazgo: “Que era una cría de Lystrosaurus perfectamente acurrucada. Sospeché incluso entonces que había muerto dentro del huevo, pero en aquel momento no teníamos la tecnología para confirmarlo”.
Evidencias que apuntan a un nacimiento desde el huevo
La posición encorvada del embrión y su forma ovoide sugieren que murió dentro del huevo. Además, su mandíbula inferior no estaba fusionada, como ocurre en aves y tortugas antes de nacer, y sus estructuras óseas eran demasiado débiles para sostener su cuerpo.
A diferencia de los huevos de dinosaurio, cuya cáscara dura se preserva con frecuencia, el Lystrosaurus habría tenido huevos con cubiertas blandas, lo que explicaría su ausencia en el registro fósil.
Crías autónomas y una estrategia de supervivencia eficaz
En su etapa adulta, este animal “parecía un cerdo, con la piel desnuda, un pico como el de una tortuga y dos colmillos que sobresalían y apuntaban hacia abajo”, describen los autores.
Los huevos eran relativamente grandes, lo que sugiere que las crías nacían desarrolladas y listas para sobrevivir por sí mismas. Podían alimentarse, huir de depredadores y adaptarse desde el primer momento.
“Crecer rápidamente, reproducirse a una edad temprana y proliferar fueron los secretos de la supervivencia del Lystrosaurus”, sugieren.

Una pista clave sobre el origen de la lactancia
El estudio también abre una nueva hipótesis sobre la evolución de la leche materna. A diferencia de los mamíferos actuales, estas crías no recibían alimento tras el nacimiento, ya que los nutrientes provenían del interior del huevo.
Los investigadores proponen que la lactancia pudo haber surgido inicialmente con otra función: “sino como secreciones cutáneas utilizadas para humectar los huevos, proporcionar nutrientes, protegerlos contra hongos e infecciones bacterianas, o para la señalización hormonal a través de la membrana del huevo”.
Finalmente, destacan que el hallazgo “nos ayuda a comprender mejor el origen de la biología reproductiva y la lactancia de los mamíferos, así como la estrategia de supervivencia del Lystrosaurus durante la crisis biológica más devastadora”, concluyen.
*Con información de DW.
