Las investigaciones científicas han permitido descubrir nuevas especies animales, identificar planetas y otros cuerpos celestes que podrían representar un riesgo para la Tierra, además de ampliar el conocimiento sobre el funcionamiento del universo. Sin embargo, estos avances no son los únicos que transforman la comprensión del pasado y del presente.

Los hallazgos arqueológicos también desempeñan un papel fundamental, dado que permiten reconstruir la historia a partir de evidencias concretas. Gracias a estos descubrimientos, los expertos pueden confirmar, corregir o incluso desmentir teorías sobre antiguas civilizaciones, grandes imperios y acontecimientos históricos.
Un ejemplo de ello es el descubrimiento realizado por investigadores de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (Iphes-Cerca), quienes encontraron los restos de dos rinocerontes completos con una antigüedad de 200.000 años en la Cova de les Teixoneres, ubicada en Moià (Barcelona).

Se trata de esqueletos completos de la especie Stephanorhinus hemitoechus, conocida comúnmente como rinoceronte estepario. Según informaron la URV y el Iphes en un comunicado, son los únicos ejemplares de este tipo documentados hasta ahora en la península ibérica y los primeros hallados en Europa después de otros tres casos registrados: dos en Alemania y uno en Italia.
Esta especie comenzó a ser abundante en los yacimientos europeos hace unos 500.000 años y desapareció aproximadamente hace 20.000 años, coincidiendo con las bajas temperaturas del último máximo glacial.
El investigador principal del proyecto, Jordi Rosell, explicó que todavía se desconoce cómo llegaron estos animales al interior de la cueva. “Son animales que podían superar la tonelada y media de peso. Por lo que hemos observado durante la excavación, algunos huesos permanecen en conexión anatómica, lo que indica que los cuerpos llegaron al lugar antes de descomponerse”, señaló.

Rosell añadió que el comportamiento natural de esta especie “no parece estar relacionado” con las visitas a cuevas, por lo que considera que algún factor habría favorecido su acumulación en el interior.
“Es posible que entraran atraídos por algún tipo de trampa natural, como un charco de agua, o que cayeran de forma accidental. Sin embargo, las investigaciones realizadas hasta el momento no permiten determinar con certeza qué ocurrió”, concluyó.
*Con información de Europa Press
