El departamento de Cundinamarca, ubicado en el centro de Colombia, es un destino ideal tanto para escapadas cortas como para viajes de varios días en los que se puede disfrutar de múltiples atractivos naturales.
Uno de sus 116 municipios es Tibacuy, ubicado en la provincia de Sumapaz y aproximadamente a 74 kilómetros de Bogotá. Esta población es reconocida por su clima templado y su entorno natural, ideal para la agricultura y turismo ecológico.
Tibacuy, en lengua chibcha, quiere decir ‘jefe oficial’, según el escritor Joaquín Acosta Ortegón y fue fundado en febrero de 1592.
“Situado en la cordillera Oriental, Tibacuy tiene una altitud de aproximadamente 1,600 metros sobre el nivel del mar. El municipio está rodeado de montañas y cuenta con varios cuerpos de agua, como ríos y quebradas, que enriquecen su paisaje natural”, subraya la Gobernación de Cundinamarca.
Entre sus sitios de interés se encuentra el cerro Quininí, uno de los lugares más emblemáticos del territorio cundinamarqués. La palabra Quininí, de origen indígena, significa ‘montaña sagrada de la Luna’, según señala la Gobernación.

“Este sitio fue hogar ceremonial de la comunidad panche y sigue siendo un santuario natural y espiritual que cautiva a viajeros, caminantes y buscadores de paz”, subraya la entidad.
El cerro también es una reserva forestal protectora que tiene una extensión de 1.900 hectáreas. “Su territorio combina áreas de conservación con fincas agropecuarias, especialmente cafeteras y plataneras, que conviven de manera respetuosa con el entorno”, remarca la Gobernación.

Sus paisajes y los registros arqueológicos de la cultura panche “lo convierten en un lugar privilegiado para la observación de la naturaleza, la historia viva y las tradiciones culturales del centro del país. Sus senderos demarcados permiten al visitante sumergirse en un ecosistema único”.
Para ascender a la cima del Quininí se recorre por un sendero de 4,5 kilómetros en el que se encuentran robles, bromelias, musgos y lianas. También se aprecian pinturas rupestres y formaciones rocosas.

Este era un lugar en el que los indígenas celebraban rituales de fertilidad, ofrendas a la luna y ceremonias de conexión con el cosmos.
Desde sus miradores, como la Peña del Diablo o la Cueva de los Panches se puede apreciar el Valle del Magdalena Medio, la meseta de Chinauta. También municipios cercanos como Fusagasugá, Silvania, Viotá e, incluso, el Nevado del Tolima.
“Quininí es un punto de encuentro para quienes buscan retiros espirituales, meditación, fotografía de naturaleza o simplemente desconexión. La energía que emana del lugar, sumada al cuidado de las comunidades locales que lo protegen, hacen de este cerro un emblema del ecoturismo con sentido”, agrega la Gobernación.










