Pocos lugares en el mundo albergan una belleza tan única como Costa Rica. Este país, de un poco más de 5 millones de habitantes, es conocido por ser el más biodiverso del planeta, y por hacer de la sostenibilidad no solo su motor de desarrollo económico, sino también la base del crecimiento del turismo.
Allí, la hotelería brilla por el nivel de servicio, la infraestructura de alto nivel y la calidad del talento humano. Por eso, no sorprende que muchos de los hoteles sean, en sí mismos, el destino de los viajeros, especialmente porque también combinan atributos naturales insuperables.

Por ejemplo, en San José, la capital del país, el Costa Rica Marriott Hacienda Belén ofrece amplios espacios verdes cubiertos en buena parte por enormes árboles que otorgan un ambiente más fresco y son una muestra de la riqueza natural de ese país. Con los años, esos mismos árboles se han convertido en hogar y sala cuna de diferentes especies animales. En Hacienda Belén, a diario los huéspedes despiertan con el canto de las aves.
El hotel también atrae a los turistas por su amplia oferta de servicios complementarios. Campo de golf, piscinas, capilla, restaurantes, spa, centro de eventos y experiencias como catas de café y recorridos históricos por las instalaciones del hotel, son solo algunos de los plus que garantizan una estadía más allá de lo convencional.

Los visitantes también pueden aprovechar la cercanía con distintos sitios de interés para conocer parques naturales, volcanes, museos, cultivos de café y comer en restaurantes típicos.
Paraíso en la playa
Al norte de Costa Rica, sobre el pacífico, en la provincia de Guanacaste, se encuentra la península de Papagayo, un territorio de una belleza exuberante que combina cielos azules, mar cristalino de aguas tranquilas y reservas naturales que son el hábitat de monos, aves y felinos, entre otras especies nativas. Estos atributos convirtieron a esta zona del país en un refugio para los turistas que buscan conectar con la naturaleza, alejarse del bullicio de la ciudad y disfrutar del lujo apacible que ofrecen hoteles como el Nekajui Península Papagayo, a Ritz-Carlton Reserve.
El hotel, que abrió sus puertas hace menos de un año, es la combinación perfecta entre comodidad, exclusividad, servicio, infraestructura de alto nivel y belleza. Y aunque las habitaciones vienen equipadas con todo lo necesario para estancias inolvidables donde no hace falta nada y la tecnología facilita hasta la más mínima de las tareas, los huéspedes de Nekajui pueden pasar sus días solo disfrutando de la calidez del viento, el canto de los pájaros, el llamado de los monos, el romper de las olas…

Quienes tienen la oportunidad de visitar este hotel pueden llegar a comprender de primera mano que el lujo no siempre son bañeras doradas, pasillos con pisos de mármol o restaurantes a mantel. En Nekajui, el lujo evolucionó y convirtió a la sostenibilidad en su protagonista.
Y esta afirmación se comprueba una y otra vez mientras se recorren los diferentes espacios abiertos del hotel. Los monos, por ejemplo, son acompañantes habituales durante las caminatas o mientras se cruza el puente colgante que une ambas partes del hotel, y el picoteo de los pájaros carpinteros resuena por todas partes en una muestra clara de que la hotelería puede convivir en armonía con el entorno, protegiéndolo e incluso restaurándolo.
Esa filosofía se evidencia en otros aspectos como el servicio. El tico es, por naturaleza, cálido, amable y con disposición para ayudar, y esa vocación de servicio se evidencia en Nekajui, donde siempre hay una sonrisa amable.
Otro nivel de habitaciones
Decir que en Nekajui las habitaciones son cómodas y amplias es quedarse corto. Allí, los visitantes se encuentran con espacios de alto nivel que incluyen iluminación, calefacción y cortinas con domótica; todo tipo de amenidades; elementos de última generación en el cuarto de baño, y un servicio que, en definitiva, supera las expectativas. De la mano de los manzu, los anfitriones que hacen en parte la labor de mayordomo, procesos como el check in o check out pasan prácticamente desapercibidos. La atención al detalle es, sin lugar a dudas, uno de los grandes atributos de este hotel.

Y ni hablar de los restaurantes, el bar o el café, que sorprenden a los huéspedes con preparaciones innovadoras y cargadas de ingredientes locales que elevan cada una de las preparaciones.
De este hotel impactan las vistas hacia el azul profundo del Pacífico y su playa de arenas blancas, a la cual se accede a través de un funicular desde lo alto de la montaña. Durante algunos meses del año, los huéspedes que disfrutan de un desayuno o almuerzo en alguno de los restaurantes tienen la oportunidad de ver ballenas desde la comodidad de su silla, un espectáculo que no tiene precio.
En definitiva, Nekajui es más que un hotel, es un refugio para las personas que disfrutan de una nueva versión del lujo donde la conexión con la naturaleza rige el servicio y las experiencias.










