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Qué es la criolipólisis, el tratamiento que desfiguró a la modelo Linda Evangelista

El tratamiento que desfiguró a la modelo Linda Evangelista es más común de lo que se cree. ¿Qué tan inocuo es?

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1 de octubre de 2021 a las 11:00 p. m.
Foto: gettyimages

En 2017, la diseñadora Donatella Versace invitó a las modelos más icónicas de los años noventa a presentar su nueva colección. A la cita asistieron Carla Bruni, Christy Turlington, Claudia Schiffer, Cindy Crawford y Naomi Campbell. Solo faltó una: Linda Evangelista, la versátil modelo que apareció en 700 portadas, y cuya famosa frase “no me levanto por menos de 10.000 dólares al día” daba cuenta de su éxito.

La razón de su ausencia vino a conocerse la semana pasada, cuando la propia Evangelista, en su cuenta de Instagram, contó a sus seguidores que un procedimiento cosmético realizado hace unos años para bajar la grasa rebelde le había ocasionado un raro efecto secundario que la desfiguró. Por esa razón presentó una demanda ante Zeltiq, filial de Allergen, que tiene patentada la marca CoolSculpting, el tratamiento en cuestión, por no haberle advertido sobre sus efectos secundarios.

De acuerdo con la demanda, en 2015 la modelo fue con un dermatólogo a hacerse siete tratamientos y así destruir las células adiposas de abdomen, espalda, muslos, flancos y quijada. Meses después, desarrolló hiperplasia adiposa paradójica, una condición que ocasiona la formación de masas firmes y abultadas en la zona tratada. Aunque no son dolorosas, ni suponen un riesgo de salud, son notablemente visibles y problemáticas desde el punto de vista estético.

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La hiperplasia adiposa paradójica solo se produce por este tratamiento, que usa la criolipólisis para quitar los ‘gordos’ difíciles de reducir por otras vías. El tratamiento se basa en el principio de congelar las células grasas que se encuentran bajo la piel.

Según el médico cirujano plástico Santiago Ruiz, hay dos tipos de candidatos para este procedimiento: aquellos que nunca se harían una liposucción y “la paciente flaca que hace ejercicio, pero tiene un rollito que no le gusta”, dice. Sin necesidad de agujas, y en apenas una hora, el procedimiento logra y destruir las células grasas sin dañar la piel. Luego el propio organismo se encarga de excretarlas.

En 2010, el procedimiento recibió aprobación de la FDA, la entidad que controla los medicamentos y alimentos en Estados Unidos. Hoy está disponible en 74 países, incluido Colombia. Se calcula que alrededor de ocho millones de estos tratamientos se han llevado a cabo desde entonces. Los estudios preliminares realizados en 2009 con CoolSculpting muestran que la eficacia de la criolipólisis es innegable, con un porcentaje de reducción de grasa de hasta 25 por ciento. Además, se realiza en cuestión de una hora y es mucho menos invasiva que una liposucción, por lo que su popularidad ha ido creciendo desde que fue aprobada por el organismo de salud estadounidense.

 Evangelista en sus años mozos y hoy, a los 56 años, cuando usa todo tipo de atuendos para ocultar su cara, que quedó hinchada como consecuencia del tratamiento.
Evangelista en sus años mozos y hoy, a los 56 años, cuando usa todo tipo de atuendos para ocultar su cara, que quedó hinchada como consecuencia del tratamiento. Foto: instagram

De hecho, desde entonces, a CoolSculpting, que fue la pionera, le ha salido mucha competencia, dice Ruiz, “pero no de la misma calidad y hoy las venden a todo el mundo”. Es por eso que el tratamiento lo ofrecen en centros de estética, pues los cirujanos plásticos lo consideran muy costoso por lo poco eficiente que es en la reducción de grasa. “Lo que el equipo hace en cinco sesiones lo puedo hacer en tres minutos de cirugía”, dice uno de ellos. Así, la facilidad con que se hace y se logran los resultados popularizó la práctica y creó así un número mayor de casos adversos.

Tratar cada zona cuesta alrededor de 2 millones de pesos, frente a una liposucción, que puede costar 15 millones y requiere de todos los cuidados y prevenciones de una cirugía con anestesia general. Personalidades de Hollywood la usan, como Sarah Michelle Gellar, quien el año pasado fue elegida embajadora de la marca CoolSculpting.

“Logré controlar áreas específicas con solo una hora de inversión de mi parte”, dijo en aquella ocasión. Pero en el caso de Evangelista, de 56 años, el procedimiento tuvo el efecto contrario: las células grasas no disminuyeron, sino que aumentaron. Eso no solo la hizo ver más rolliza, algo increíble después de haber tenido una figura esbelta, incluso durante el embarazo de su hijo único, Augustin, producto de su relación con el magnate francés François-Henri Pinault, hoy esposo de Salma Hayek. Su rostro, que hoy cubre con gorros, gafas oscuras y pañoletas, también se ve hinchado. Aunque sigue siendo bella, su fisonomía cambió y, sin duda, ya no luce como sus coetáneas que hoy siguen activas en el modelaje.

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En 2014, un estudio encontró que este efecto adverso tenía una incidencia de 0,0051 por ciento en 1,5 millones de procedimientos hechos. Pero otro más reciente, publicado en julio pasado en la revista Aesthetic Surgery Journal, el riesgo de esta condición fue de uno en 2.000 tratamientos.

Esta disparidad en las cifras hace pensar a algunos expertos que este efecto adverso sea más frecuente de lo que indica la literatura médica, que está subreportado o posiblemente mal diagnosticado. Troy Pittman, un cirujano plástico entrevistado por el diario The Washigton Post, señaló que no estaba sorprendido con la noticia de Evangelista. “En mi práctica lo veo a menudo”, dijo al diario estadounidense.

En 2016 y 2017, Evangelista se sometió a una liposucción luego del diagnóstico de la condición, pero según la demanda, los procedimientos no fueron exitosos y, además de eso, resultaron en cicatrices que se añaden hoy al problema. Ruiz explica que la solución a veces no es tan fácil porque ya hay tejido cicatrizado y en esas condiciones no se sabe qué tanto puede mejorar la liposucción el problema, “aunque algo ayuda”.

Con la denuncia de Evangelista, muchas otras mujeres han salido a contar su historia. Uno de los casos es el de una mujer de 32 años que vive en Nueva York y que en 2019 recurrió al procedimiento para bajar la grasa del bajo abdomen. Pero después del tratamiento notó que algo estaba mal porque en lugar de adelgazar, la zona afectada comenzó a crecer cada vez más.

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“En diciembre parecía como una barra de mantequilla. Era horrible y me sentía como si tuviera la misma bolsa que llevan los canguros en el abdomen”, dijo al Post. Eventualmente, solucionó el problema con una liposucción, que era la cirugía que estaba evitando cuando se decidió por la criolipólisis.

Las personas afectadas quedan con traumas psicológicos severos por el cambio de apariencia, algo que los psicólogos consideran un impacto emocional devastador. Así lo describe la modelo al decir que “el tratamiento me ha enviado a un ciclo de profunda depresión, profunda tristeza y a las más bajas profundidades de autodesprecio. En el proceso, me he convertido en una reclusa...”. Todo esto le ha impedido continuar con su carrera, con la que alcanzó a amasar una fortuna de 14 millones de dólares, según cifras de 2014. Ahora pide a Zeltiq 50 millones por los daños causados.

Aún no se sabe la razón por la cual se produce este efecto adverso, pero según Ruiz hay factores de riesgo: los hombres tienden a sufrir más de esta condición, así como los pacientes “en los que uno palpa el ‘gordo’ y está duro, lo que hace que no se logre bajar la temperatura tanto”.

El caso ha vuelto a poner el foco en procedimientos hechos en lugares sin los estándares de calidad necesarios y los médicos han aprovechado la oportunidad para repetir que todo procedimiento de este tipo, así sean los menos invasivos, deben hacerse por profesionales de la salud certificados para ello. Algo que buscaba mejorar puede generar un problema mayor. Como hoy sucede con Evangelista, quien no se levanta de su cama, pero ya no por el éxito, sino por la depresión que le ha generado haberse sometido a este procedimiento.