Los gatos han ganado un espacio muy importante en los hogares. se caracterizan por ser animales muy cariñosos con los humanos porque pueden desarrollar fuertes vínculos afectivos con quienes les brindan cuidado, seguridad y compañía.

Si bien tienen fama de ser independientes, diversos estudios han demostrado que muchos michis crean relaciones de confianza con sus dueños y disfrutan de su presencia.
Su afecto se manifiesta mediante el ronroneo, los roces con la cabeza o el cuerpo, los parpadeos lentos y el hecho de buscar dormir cerca de quienes consideran parte de su entorno seguro.
No obstante, el comportamiento cariñoso de un gato depende de su personalidad, de la socialización durante sus primeras semanas de vida y de las experiencias positivas que haya tenido con las personas.

Los felinos que han crecido en ambientes tranquilos y con contacto frecuente con los humanos suelen ser más sociables y afectuosos. De esta manera, cuando uno de estos peludos felinos busca la cercanía de una persona, no solo responde a la expectativa de recibir alimento, sino también a un vínculo de confianza y bienestar que ha construido con ella.
¿El afecto de los gatos puede considerarse amor?
Estudios sugieren que los humanos y los gatos comparten una conexión única, impulsada por la química cerebral. Esto se da por la oxitocina, conocida popularmente como la “hormona del amor” y la importancia que tiene en los vínculos sociales, la confianza y la reducción del estrés.

En los humanos, esta sustancia aumenta durante interacciones afectivas como los abrazos, las caricias o el acercamiento a alguien querido. En los gatos ocurre algo parecido, pero con un aspecto especial: la oxitocina fluye mejor cuando el felino inicia el contacto con la persona.
Una investigación titulada “Efectos de la interacción dueño-gato sobre la secreción de oxitocina en gatos domésticos con diferentes estilos de apego”, determinó que que los niveles de oxitocina aumentaban tanto en los dueños como en los gatos cuando compartían momentos de interacción afectuosa, como caricias, abrazos o cuando el animal era sostenido en brazos, siempre que el contacto se produjera de manera voluntaria y sin obligar al felino.

En el proceso investigativo, los científicos analizaron los niveles de la mencionada hormona de varios michis mientras pasaban 15 minutos jugando y recibiendo muestras de afecto en sus hogares junto a sus cuidadores.
Los resultados mostraron que los felinos que mantenían un vínculo más estrecho con sus dueños y que buscaban el contacto por iniciativa propia, por ejemplo, al sentarse sobre sus piernas o rozarlos suavemente con la cabeza, experimentaban un incremento significativo de esta hormona.
Además, se observó que cuanto mayor era el tiempo de interacción y cercanía con sus humanos, más elevados eran sus niveles de oxitocina.
Los expertos aseguran que, a diferencia de los perros, los gatos no dependen del contacto visual prolongado para crear vínculos y se caracterizan por utilizar señales más sutiles.
