El terremoto que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto cambió para siempre la vida del periodista José Patiño. Lo que comenzó en Bogotá con una llamada que su padre nunca respondió terminó convirtiéndose en una carrera contra el tiempo hasta Cali y en una dolorosa búsqueda entre toneladas de concreto.
Su padre, Darío Patiño, de 78 años, murió tras quedar atrapado entre los escombros del edificio en el que se encontraba. Durante días, José Patiño concentró sus esfuerzos primero en encontrarlo, después en recuperar su cuerpo y, finalmente, en darle el último adiós junto a su familia.
Solo después de las exequias y de poder despedirse de su padre encontró el momento para sentarse y reconstruir con SEMANA, en exclusiva, lo ocurrido. Fueron días en los que, según reconoció, prácticamente no hubo espacio para detenerse a dimensionar su propia pérdida.
“Estos han sido días muy duros y hasta hoy logré despedir a mi padre del todo. Esta despedida para siempre que uno nunca quiere tener, la cita que resulta que es ineludible”, expresó Patiño antes de comenzar a relatar una de las experiencias más dolorosas de su vida.
El periodista aseguró que todavía intenta encontrar respuestas y significado en medio de lo ocurrido. “Dicen que uno elige en qué familia nacer y la manera en que el alma se va de este mundo. Nunca me imaginé que mi papá habría elegido esa”, afirmó.
Tras ese último adiós, Patiño se tomó el tiempo para hablar con SEMANA y revelar detalles de las horas de incertidumbre que atravesó, las versiones que durante algunos momentos le hicieron pensar que su padre podía haber sido rescatado con vida, el viaje desesperado desde Bogotá hasta Cali y el instante en el que terminó reconociéndolo entre los escombros.
También contó cómo una de las últimas conversaciones que tuvo con su padre terminó adquiriendo un significado especial después de su muerte, habló de los ciudadanos que se sumaron a la búsqueda y explicó por qué, incluso atravesando su propio duelo, siente ahora un llamado a servir a otras víctimas de la tragedia.
“Mi papá no contestaba”
SEMANA: José, ¿dónde estaba cuando ocurrió el terremoto y cómo vivió esos primeros minutos?
José Patiño(J.P.): Yo estaba en mi casa, en Bogotá, dormido. Fue ese movimiento tan fuerte, bajamos corriendo y, ya en un lugar seguro, empecé a llamar a mi familia. No entraban las llamadas. La primera que se comunicó conmigo, que devolvió la llamada, fue mi madre.
Mi madre también fue afectada. En su casa se derrumbó el techo y quedaron unas grietas tremendas. Todavía no ha ido un ingeniero estructural a revisar cómo está su casa. En medio de ese drama seguí llamando a mi papá, pero mi papá nunca me contestó.
SEMANA: ¿Cuándo fue la última vez que pudo compartir con él?
José Patiño: No fue la última vez, pero sí una de las que más tengo grabadas en mi memoria. Justo hace un mes, cuando veíamos los partidos del Mundial de Colombia. Él viajó a Bogotá y pudimos compartir y abrazarnos por última vez. Fue un momento espectacular.
Yo siempre había querido entrevistarlo para mi pódcast y nunca se había dado. Entonces decidí entrevistarlo en una banca mientras veíamos a mis hijos jugar fútbol en un entrenamiento. Empecé a preguntarle sobre su infancia, sobre lo que le dolió, sobre sus heridas.
Él me dijo: “Mi hijo, yo viví feliz desde que era niño. Yo no cargo con nada de ningún tipo”. Hablamos de su niñez, de su adolescencia, de su juventud, de las decisiones buenas y malas que tomó, y de cómo asumió la vida.
Me hubiera gustado haber grabado esa entrevista. Lamento mucho no haber tenido una cámara encendida. Pude conocer mucho más de ese ser humano maravilloso que me trajo al mundo.
De Bogotá a Cali: una carrera para encontrar a su padre
SEMANA: ¿Cómo fueron esas horas de búsqueda hasta conocer finalmente lo que había ocurrido con su papá?
J.P.: Habían pasado más o menos 20 minutos y mi papá no contestaba. Él siempre era el primero en llamarme o yo en llamarlo; era como el acuerdo que teníamos. Ya empezaban a entrar y salir llamadas, pero él no aparecía.
Llamé a mi familia que vive en Capri y les pedí que fueran hasta el edificio. Cuando una persona llegó, me llamó y me dijo: “José, el edificio de su papá está completamente en el piso”. Yo decía: ¿cómo así?, ¿cómo así?. Empezaron a llegarme las fotos y me desplomé en la calle a llorar.
Patiño decidió viajar inmediatamente a Cali. Preparó una maleta en cuestión de minutos y salió hacia el aeropuerto, pero el vuelo que acababa de comprar fue cancelado. Apareció entonces una última posibilidad: un avión que estaba próximo a despegar, aunque debía abordar sin equipaje.
“Abrí la maleta, cogí una bolsa, metí lo que pude y salí corriendo para la sala”, recordó.
Según contó a SEMANA, algunos pasajeros incluso aceptaron bajarse para permitir que cerca de cinco personas que necesitaban viajar de emergencia por el terremoto pudieran abordar.
Cuando ya estaba sentado en el avión, apareció una noticia que le devolvió momentáneamente la esperanza: “Nos escribieron que habían escuchado que alguien dentro de los escombros dijo: ‘Darío Patiño, Darío Patiño’. Nos alegramos muchísimo. Después llegó una información de que a mi papá lo habían trasladado a la Clínica Valle del Lili”.
Al aterrizar fueron directamente al centro médico. Sin embargo, allí no encontraron a Darío. La familia recorrió otras clínicas y hospitales sin obtener respuestas.
“Ahí perdimos un tiempo importante, más o menos una hora y media o dos horas”, aseguró.
Finalmente, regresó al lugar del derrumbe.
“Reconocí el talón de mi papá”
Patiño se ubicó aproximadamente en el punto donde sabía que estaba la habitación de su padre antes del colapso. Allí recibió una información que marcaría el rumbo de la búsqueda: entre los escombros se alcanzaban a observar las piernas de una persona.
“Me subí a la zona de los escombros y abrí como un triangulito que había quedado ahí. Estaban las piernas de una persona. Solamente se veía la parte de atrás y el talón, pero yo logré reconocer el talón de mi papá. Yo dije: ese es mi papá, esas son sus piernas. Pero, a la vez, tenía mucha incertidumbre porque realmente necesitaba verle la cara”, explicó.
Fue entonces cuando comenzó a pedir ayuda a vecinos y voluntarios para retirar material. Su padre, según relató, estaba atrapado entre grandes placas de concreto y sobre él había restos correspondientes a varios pisos del edificio.
En medio de la búsqueda apareció un objeto familiar: un pequeño recuerdo de una reunión de la familia Patiño en Estados Unidos que hablaba sobre la importancia de mantenerse unidos.
Después vino otra señal.
“Yo les dije que timbraran el celular de mi papá porque todavía sonaba. Todo el mundo hizo silencio. Había muchísimas personas ahí y se hizo silencio total.
“Se escuchó el celular.
“Siga timbrando, siga timbrando”, les decía.
“Hasta que sacaron el celular de mi padre”.
Un rescatista volvió a ingresar entre los escombros y le preguntó por una característica física: si su padre tenía una zona calva en la parte superior de la cabeza y algunos cabellos delgados. La descripción coincidía.
Patiño, sin embargo, necesitaba una última certeza.
“Todo indicaba que era mi padre, pero hasta no verlo de frente no podía creerlo”, relató.
Los rescatistas lograron abrir posteriormente un espacio cerca de su cabeza. Darío estaba boca abajo y con el rostro girado hacia un costado.
“Cuando pudieron abrir esa parte, me mostraron y yo le vi su oreja, pero no lo reconocí bien en la cara porque estaba muy inflamado. Yo quería verlo de frente. Todo indicaba que era mi padre, pero hasta no verlo de frente no podía creerlo”, relató.
La confirmación definitiva llegó esa noche. Su hermana acababa de llegar desde Estados Unidos y, aproximadamente diez minutos después, lograron retirar a Darío de los escombros.
“Lo ponen en disposición para poderlo reconocer y es cuando yo ya digo: es mi papá”, narró.
Terminaban así horas de incertidumbre en las que Patiño pasó de recibir versiones de que su padre podía estar con vida en una clínica a reconocer poco a poco las señales que lo condujeron hasta él: primero el talón, luego el celular, después su oreja y, finalmente, su rostro.
De contar tragedias a vivir una en primera persona
SEMANA: Usted está acostumbrado, como periodista, a contar el dolor de otras familias. ¿Qué cambió cuando esta vez la historia fue la suya?
J.P.: Yo ya había estado en la avalancha de Mocoa ayudando como periodista, comunicando, informando, acompañando a rescatar cuerpos sin vida. Recuerdo esa sensación de impotencia, pero cuando la sensación de impotencia te toca la casa es una frustración demasiado profunda.
Yo pensaba: “¿Qué voy a hacer?, ¿qué fuerza voy a tener para esto? Yo no tengo fuerza para esto”. Hoy pienso que la fuerza me la dio mi mismo padre para no dejarlo ahí. No sé de dónde saqué tanta fuerza, era como si tuviera superpoderes.
Mientras buscaba a su padre, aseguró, terminó coordinando espontáneamente a civiles que se sumaron a retirar escombros y organizar elementos recuperados.
“Me convertí como en el director de la orquesta, sin ser experto”, recordó.
La experiencia también transformó su manera de comprender a las personas que durante años entrevistó como periodista.
“Antes me sentía una persona empática entrevistando a quienes perdían a sus seres queridos, pero ahora estar ahí… Lo que tuve que hacer fue dejar de pensar en mí mismo. Dejé de tomar agua, de comer, dejé de dormir porque tenía una misión: rescatar a mi padre.
“Inicialmente, el fin era rescatarlo con vida, pero luego era no dejarlo ahí entre los escombros. Gracias a eso pudimos hacerle un homenaje y unas honras fúnebres muy bonitas”.
“Lo que le da superpoderes a la gente es la búsqueda de vida”
SEMANA: Después de su propia pérdida, ¿qué lo impulsó a seguir ayudando?
J.P.: En una tragedia se conoce lo más sublime de la vida, lo más importante y esencial, el ser humano. Cuando yo estuve ahí era: “Aquí está mi mamá”, “aquí está mi prima”, “aquí está mi tía”. Todos eran vecinos de mi papá.
Era muy difícil quedarse solamente con el rescate de papá, cuando al lado había otra persona y aparentemente tenía vida.
Patiño aseguró que durante las labores vivió una “montaña rusa” emocional, marcada por informaciones contradictorias sobre su padre y por la esperanza de encontrar sobrevivientes.
SEMANA: Usted vio de cerca a rescatistas, voluntarios y ciudadanos trabajando durante horas. ¿Qué cree que los impulsa a continuar?
J.P.: Lo que le da superpoderes a la gente es la necesidad de búsqueda de vida. Es la mayor satisfacción en medio de una tragedia lograr encontrar, escuchar a una niña, a un perrito, a un señor, a alguien con vida; lograr sentir sus signos vitales.
Es esa necesidad humana de preservar la vida. Pienso que eso es lo que impulsa incluso a personas que no tienen seres queridos ahí metidos.
El llamado por los recuerdos de las víctimas
SEMANA: Ahora que ha podido estar tan cerca de las comunidades afectadas, ¿qué es lo que más están necesitando y qué considera urgente en estos momentos?
J.P.: Hay algo muy importante y es el tema de las pertenencias que van sacando. Están apareciendo pertenencias que para muchas familias significan un tesoro, porque perdieron a su ser querido, perdieron todo.
He escuchado que van a cerrar muy pronto esos lugares. Los colaboradores y voluntarios han empezado a preservar ropa, fotografías, álbumes y recuerdos. Uno vive de recuerdos. Los recuerdos lo son todo para quienes fuimos víctimas de esto.
Patiño pidió que esos elementos no desaparezcan con el retiro de los escombros y propuso que puedan ser trasladados temporalmente a espacios comunitarios para que las familias tengan oportunidad de buscarlos.
“Pueden ponerlos en centros comunales, en un salón de la comunidad, con las juntas de acción comunal; puede ayudar también la misma Iglesia a preservar esas pertenencias.
“Yo apenas voy a tener tiempo de ir a ver qué puedo rescatar de mi padre que sea significativo, los álbumes de nuestra infancia. Hay personas que vienen de viaje, otras que todavía no han podido enterrar a sus seres queridos, otras tienen familiares en clínicas y hospitales.
“Es un tema de dignidad y humanidad. Los recuerdos lo son todo para quienes fuimos víctimas de esto. Algo tienen que hacer desde la Alcaldía. Es también un tema de salud mental y de salud emocional para tantas personas que estamos afuera, estamos vivos y necesitamos tener un recuerdo”.
Para el periodista, la emergencia también deja otra necesidad urgente: revisar las condiciones de las edificaciones antiguas de Cali y buscar alternativas para que las familias puedan realizar reforzamientos estructurales cuando sean necesarios.
“Hay muchos edificios en Cali de más de 50 años donde la gente está viviendo”, advirtió. A su juicio, deberían existir revisiones periódicas que permitan determinar qué construcciones necesitan intervención y mecanismos de financiación para que sus habitantes puedan asumir las obras.
“Ahí está la vida”, insistió.
“No están solos”: el mensaje de José Patiño al país
Después de reconstruir las horas más difíciles de la búsqueda, Patiño quiso dejar un mensaje a las familias que, como la suya, perdieron a alguien en el terremoto y a aquellas que todavía atraviesan la incertidumbre de no saber dónde están sus seres queridos.
“Los superpoderes se me terminaron una vez saqué a mi papá de allá”, reconoció. “Siempre mi principal miedo se cumplió, y era perder a mi padre. Ese era el principal miedo de mi vida y llegó ese momento”.
SEMANA: Finalmente, después de todo lo que ha vivido personalmente y de lo que ha visto estos días, ¿qué mensaje quisiera enviarle al país, especialmente a las familias que también perdieron a un ser querido y a quienes todavía esperan noticias de los suyos?
José Patiño: Lo que puedo decirles a todos es que en medio de este dolor no están solos. Somos muchos padeciendo lo mismo y es cuando más tenemos que unirnos.
Gracias, Cali, por estar a la altura de esta circunstancia. Siempre sacas lo mejor en cada tragedia; lo has demostrado cuando has tenido situaciones complejas. Hemos demostrado que estamos hechos de grandes seres humanos y eso es lo más importante.
Ahora nos toca unirnos, nos toca unirnos para lamernos las heridas, para abrazarnos entre todos, para ayudarnos y apoyarnos de todas las maneras posibles; aportar los talentos, las profesiones y los conocimientos técnicos para mirar cómo podemos sacar adelante a Cali de esta destrucción y cómo desde aquí podemos ayudar también a los diferentes municipios del Valle.
Patiño aseguró que la tragedia también debe servir para fortalecer la prevención y la capacidad de reacción frente a futuros desastres, particularmente en una ciudad donde existen edificaciones con varias décadas de antigüedad.
Tras despedir a su padre, reveló además la iniciativa con la que quiere mantener vivo su legado.
“Tenemos que hacer el 10 de agosto el Día de la Solidaridad por Cali, porque no solamente tenemos que ser solidarios cuando hay situaciones complejas. Tenemos que ser solidarios siempre.
“La donación no es solamente económica o en especie, que también es muy importante y significativa. También está la donación de tiempo y de talento para conseguir una mejor ciudad, y construir proyectos que beneficien a las personas más necesitadas.
“Hoy entiendo muchas cosas que poco a poco han ido ocurriendo. Entiendo el porqué del mensaje de mi padre, de mandarme ese cubo de primero: la importancia de la unión familiar, la importancia del servicio a la comunidad”, expresó.
Y esa, asegura, será ahora una manera de mantenerlo presente: “Me puso en esta situación para servir y eso seguiré haciendo, honrando a mi padre. Me llegan muchos mensajes de personas que dicen qué necesitan y, pues, quiero ofrecer mis redes sociales para poder ser puente de comunicación, para poder ayudar. Es un deber mío y un llamado que me hace mi padre por su ciudad y la mía”.